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El carácter exclusivo de la Cena del Señor
Hemos visto que solo los verdaderos creyentes pueden participar en la Cena del Señor. En otras citas, como en 1 Corintios 5 y en la segunda epístola de Juan, se mencionan algunas cosas por las cuales ciertas personas, reconocidas como verdaderos creyentes, están impedidas para tomar parte en dicho acto.
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El cristianismo lleva un carácter eterno
Estos versículos todavía queda una importante conclusión que sacar: Dios nos escogió en Cristo “antes de la fundación del mundo”. Esta elección es fuera del tiempo, se remonta aun desde antes de que el tiempo haya empezado; es para la eternidad y no para esta tierra.
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El cuerpo de Cristo, la Iglesia
Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan (1 Corintios 10:17).
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El Hijo del Hombre que está en el cielo
En los versículos 11 y 13 del capítulo 3, el Señor muestra el maravilloso secreto de su persona: es el Hijo del Hombre que está en el cielo. Juan 1:1 nos dice que él es Dios mismo, el Eterno. Pero en el versículo 14 está escrito: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros”. “Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). Dios y hombre en una persona, ¡qué misterio!
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El Hijo del Hombre tuvo que ser levantado
A partir del versículo 12, el Señor empieza a hablar sobre cosas celestiales, adelantando otra necesidad a un primer plano. El Hijo del Hombre que está en el cielo conoce la gloria del cielo, la morada de Aquel que “es luz, y no hay ningunas tinieblas en él” (1 Juan 1:5). Y si los hombres han de entrar en la gloria, primero debe resolverse la cuestión del pecado.
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El hombre es pecador
Esta es una horrible verdad. Muchas personas no piensan en ella, y aun hay quienes la niegan. Pero, ¿estarán convencidos de lo que afirman? Un hombre sincero debe reconocer que con frecuencia comete errores.
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El lavamiento de los pies
La noche en que el Señor “fue entregado”, presentó este servicio por medio de un acto simbólico. Su deseo era instituir la Cena, el símbolo de la comunión del Salvador muerto con todos los miembros del cuerpo de Cristo (Mateo 26:26-29; 1 Corintios 10:16-17). Pero, ¿cómo podía haber comunión entre los discípulos manchados prácticamente y el Señor que moría precisamente para aniquilar el pecado?
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Él llama a quien quiere
“Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar” (Marcos 3:13-14). En estos versículos se trata del llamamiento de los doce apóstoles. La misión que ellos recibieron no puede compararse con la que el Señor da ahora a sus siervos.
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El mundo entero está bajo el maligno
Dios creó a Adán en inocencia y pureza, pero Adán no lo escuchó y le desobedeció, haciéndose pecador. Sus descendientes se unieron para hacerse grandes, para tener poder frente a Dios y anular los efectos de la maldición que pesa sobre esta tierra. Caín edificó la primera ciudad. Sus descendientes fueron inventores e hicieron la vida más cómoda.
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El nuevo nacimiento
Si, por ejemplo, leemos el Salmo 119, vemos cómo cada fase en la vida espiritual del salmista está vinculada a la Palabra de Dios. En primer lugar notamos que la nueva vida, el nuevo nacimiento, se produce por la Palabra de Dios (v. 93): “Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado”.
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El Padre busca adoradores
“Adorarán al Padre”. Eso tiene que haber llamado la atención de la mujer; debió ser algo completamente nuevo para ella. El pueblo de Israel era hijo de Dios, era su primogénito (Éxodo 4:22); los israelitas eran hijos de Jehová su Dios (Deuteronomio 14:1). Dios era el Padre de Israel y Efraín era su primogénito (Jeremías 31:9).
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El pecado de un creyente
Cuando pecamos siendo creyentes, ¿qué sucede? ¿Cambia nuestra posición como hijos de Dios? ¿Somos alejados inmediatamente de la presencia de Dios?
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El postrer Adán
Pero el poder de Dios le levantó de entre los muertos (Efesios 1:20) para testimoniar que su justicia queda perfectamente satisfecha, tanto con respecto a nuestros pecados como en lo concerniente a nuestra mala naturaleza. El Señor Jesús resucitó luego de haber pasado por el juicio.
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El significado de la Cena del Señor
“Haced esto en memoria de mí”. La Cena es, pues, un memorial del Señor; pero no de su gloria antes de que llegase a ser hombre, ni de su marcha en la tierra, ni siquiera de su crucifixión y de todo lo que tuvo que sufrir en aquellos momentos.
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El verdadero lugar de adoración
La mujer samaritana dijo al Señor: “Señor, me parece que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar”.
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Enviado por él
En Marcos 6:7 el Señor envía a los discípulos. Los ha enseñado y por eso son aptos para el servicio que les confía. Según el juicio de los hombres, eso no era lógico, pues sabían que los apóstoles eran gente “sin letras y del vulgo” (Hechos 4:13). Y según las normas humanas, de hecho lo eran. No habían estudiado la Teología de esa época.
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Estar con él
¿Para qué nos llama el Señor? ¿Acaso nos llama inmediatamente después de la conversión para hacer una gran obra? No, Él nos llama para que estemos “con él”. Una condición importante para prestar un verdadero servicio es primeramente haber estado con él a fin de ser instruido por él.
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Impedimentos para ser oído
¿Por qué, entonces, tantas oraciones no son escuchadas? Las Escrituras señalan varias causas. Daniel 10 nos muestra que algunas oraciones, buenas en sí mismas, a veces no tienen respuesta porque Satanás, con todas sus fuerzas, intenta impedirla. Al final no puede hacerlo; pero logra, si Dios se lo permite, aplazar momentáneamente la respuesta.
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Juzgarse a sí mismo
En relación con esto las Escrituras nos llaman al juicio de nosotros mismos, no para averiguar si merecemos ocupar este lugar, pues todo cristiano como tal es digno de ello. Vacilar al respecto significaría dudar del valor de la obra del Señor Jesús.
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Juzgarse a sí mismo es el único medio para restablecer la comunión
Este es un principio que encontramos en todas las Escrituras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Consideremos unos ejemplos típicos del Antiguo Testamento. En Levítico 4 y 5, y en parte también en los capítulos 6 y 7, encontramos las prescripciones para un israelita que hubiera pecado.
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La adopción de hijos para sí mismo
Esto no es todo. Hubiésemos podido obtener todo lo mencionado y solo ser colocados como siervos ante Dios. Los ángeles, como siervos, también tienen que corresponder a la gloria y a la santidad de Dios. Pero, respecto a nosotros, se dice: “… habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos” (Efesios 1:5).
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La Cena del Señor es la expresión de la unidad del cuerpo de Cristo
Hemos visto que la unidad del cuerpo de Cristo se forma mediante el bautismo del Espíritu Santo (1 Corintios 12:13), así que no es por la participación en la Cena del Señor. Si así fuera, la Asamblea solo estaría formada por los que participan en la Cena del Señor, lo cual estaría en total contradicción con la enseñanza general de la Palabra.
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La comunión de la sangre y del cuerpo de Cristo
Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? (1 Corintios 10:15-16).
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La conciencia
Dios ha dado a cada hombre una conciencia (Romanos 2:15) que le acusa de cosas malas que comete. La conciencia no destaca todo lo malo debido a que se ve influenciada y formada por el ambiente, pero siempre habla cuando alguien hace algo que se considera malo en el entorno en el cual él ha sido criado.
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