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La Iglesia del Dios viviente
Recordar lo que somos
Alguien ha dicho que «deberíamos acordarnos de lo que somos cuando hablamos de ejercer la disciplina». Esto es algo asombrosamente solemne. Lo veo así especialmente cuando reflexiono en que soy un pobre pecador, salvado por pura misericordia, aceptado sólo a través de Cristo, pero en mí mismo no hay nada bueno. Por lo tanto, eso de tomar la disciplina por mis propias manos es algo espantoso.
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Reflejar al Padre celestial
El Padre de padres es nuestro Dios y Padre celestial, y de Él cada padre terrenal debe aprender cómo ser un verdadero padre de familia. Por gracia prodigiosa todo creyente en Cristo entra en la más íntima y preciosa relación con Dios y le conoce como su propio Padre. Tenemos al Espíritu de adopción dentro de nosotros que clama: “Abba Padre”.
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La Iglesia del Dios viviente
Resumen
Al concluir nuestro primer fascículo sobre lo que es la Iglesia del Dios viviente, volvemos a exponer algunos de los pensamientos principales que hemos tenido presentes durante el desarrollo de este tema.
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La Iglesia del Dios viviente
Reuniones para el ministerio de la Palabra
Si nos basamos en 1 Corintios 14, vemos que es evidente el hecho de que la Iglesia apostólica tenía lo que podemos llamar «reuniones abiertas» para edificación, exhortación y consolación. Es decir, tenían reuniones en las cuales todos, a menos que hubiera alguna limitación en las Escrituras, tenían la libertad de edificar según les guiara el Espíritu de Dios.
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La Iglesia del Dios viviente
Romanos 16
En los muchos saludos de este capítulo vemos estrechos lazos entre los obreros de Grecia y los santos de Roma. En el versículo 16 tenemos la expresión: “Os saludan todas las iglesias de Cristo”, lo cual revela el mismo aspecto colectivo de las asambleas como se ve en Corintios y en Gálatas.
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Salgamos a Él
Deseamos poner de relieve que el acto de salir a Cristo es el lado positivo de esta separación del campamento. Este aspecto debe ser el verdadero motivo y el fin de nuestra separación del campamento. Sólo esto le sostendrá a uno en la senda negativa de separación con sus pruebas y angustias. Cristo, en todas sus bellezas, glorias y suficiencia debe ser la meta del corazón.
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Seguirle a Él
Cuando Jesús deseó llamar a doce apóstoles como sus siervos para llevar a cabo su gran obra, fue al mar de Galilea y allí sacó de sus labores de pesca a Simón, Andrés, Santiago y Juan. Les dijo: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres (Marcos 1:17).
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Segundo paso
Si el primer paso (el de ir a él y reprenderle estando los dos solos) es ineficaz, es decir, no le restaura ni le gana, ¿qué se debe hacer? No se debe abandonar la tentativa ni dar por sentado que el ofensor no tiene recuperación. Siempre existe la posibilidad de que los esfuerzos de quien procura ayudar hayan sido insuficientes.
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Separarse de manifestaciones idólatras
El apóstol habla luego de los altares de los idólatras y dice: “Lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios”. Detrás del ídolo pagano estaba un demonio, y los paganos, sin darse cuenta de ello, traían sus ofrendas a estos demonios. Por consiguiente, era una mesa de demonios.
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La Iglesia del Dios viviente
Serie de estudios seguidos
Es muy provechoso dedicarse regularmente al estudio de los diferentes libros de la Biblia, especialmente los del Nuevo Testamento y dentro de ellos las epístolas. En éstas se encuentra la plena luz de la verdad para esta dispensación de la Iglesia.
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Siervos
Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios.
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Siete cosas divinas en Mateo 18:20
Ya hemos hablado del maravilloso versículo de Mateo 18:20. Mientras está nuevamente ante nosotros en relación con el tema de este capítulo, deseamos señalar algo más de la plenitud de este versículo lleno de promesas. Tomándolo palabra por palabra veamos las siete cosas divinas que ellas señalan:
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Solo un cuerpo
La Iglesia de Cristo es un solo cuerpo aunque sus miembros sean muchos, –cada uno diferente del otro– y estén esparcidos por todo el mundo. “Nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros”, escribió Pablo a los romanos (Romanos 12:5). Así también escribió a los corintios:
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Su lugar bajo la ley
En conexión con lo anterior, deseamos hacer una breve referencia al lugar de la mujer bajo la ley. Cuando el apóstol Pablo escribió a la asamblea de Corinto para instruirla en cuanto al lugar de las mujeres en la Asamblea, dijo que debían estar “sujetas, como también la ley lo dice” (1 Corintios 14:34).
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Su lugar en la Asamblea
1 Corintios 14:34-38 nos da instrucciones claras en cuanto al lugar de la mujer en la Asamblea.
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Su lugar en la caída
Hemos visto a través de la creación que el lugar o posición de la mujer es de sujeción a su cabeza y de compañerismo con su esposo. Ahora consideraremos qué parte tuvo ella en la caída de la humanidad en el huerto del Edén y qué posición fue la que se le dio como resultado de este hecho.
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Su lugar en la casa
Ya hemos mencionado el hogar por ser uno de los círculos dentro del cual es importante discernir la posición dada por Dios. El hogar viene naturalmente antes que la Iglesia en el orden moral y en el orden cronológico al ser el fundamento de toda la sociedad. Por eso, nos corresponde considerar primero el lugar especial que la Escritura da a la mujer en esta esfera tan bendita.
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Su lugar en la creación
En Génesis 2 podemos ver que el hombre fue creado primero y que, de la costilla de Adán, Dios hizo una mujer y la trajo al hombre para que fuera su ayuda idónea. En 1 Corintios 11:8-12 el Espíritu de Dios hace el siguiente comentario sobre esto:
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Su lugar en la dispensación de la gracia
Hasta ahora hemos considerado el lugar de la mujer en la creación, en la caída de la humanidad y bajo la ley. Habremos notado que la Escritura menciona su posición en cada una de estas esferas en conexión con instrucciones en cuanto a su lugar en la Iglesia.
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Su universalidad
Este acto gubernamental de atar o de desatar pecados por parte de los que se reúnen en el nombre del Señor Jesucristo, es algo que ata en la tierra y en el cielo. Esto concuerda con las palabras del Señor. Nótese que el Señor no dijo: «Todo lo que atéis en la iglesia (o en la asamblea), será atado en el cielo».
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Sumisión como al Señor
Esta sumisión de la esposa a su esposo ha de ser “como al Señor”. El Señor es introducido como Aquel de quien se deriva la autoridad de su esposo. Ella ha de reconocer, detrás de su esposo, al Señor como la autoridad directiva y gobernante en la vida familiar, y recordar que, como “Cristo es la cabeza de todo varón, el varón es la cabeza de la mujer” (1 Corintios 11:3).
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Sumiso a Dios el Padre
Pero si un Padre no conoce el amor de Dios el Padre en su propio corazón por estar fuera de comunión con Él, y si contrista el Espíritu por ser un hijo rebelde, ¿cómo puede ser un verdadero padre y difundir la luz y el calor de un amor celestial en su familia puesto que no recibe ninguna luz ni amor celestial del Padre, quien es tanto luz como amor?
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La Iglesia del Dios viviente
Tercer paso
Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia (v. 17).
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Timoteo, un caso especial
Antes de terminar este tema debemos tratar el caso especial de Timoteo; la imposición de las manos por el apóstol había tenido un efecto muy particular para él. Citamos aquí las palabras del comentarista W. Kelly: «Timoteo fue designado de antemano por profecías para la obra a la cual el Señor le había llamado.
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