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Aceptado para expiación suya
Aquel que se acercaba a la puerta del tabernáculo de reunión, consciente de no estar limpio en sí mismo para la presencia de Dios, estaba provisto de una ofrenda perfecta. En virtud de ella, se atrevía a acercarse para ser aceptado “delante de Jehová” (Levítico 1:3-4). Aquí no se trata de perdón de pecados ni de purificación.
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Adonai
El Señor, el Amo, se encuentra cuatrocientas veintisiete veces en el Antiguo Testamento, algunas de ellas en forma compuesta: Señor Jehová (Génesis 15:2, 8; Daniel 9; etc.)
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Bajo la acción del fuego
“Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento” (Isaías 53:10). ¿Qué significan esas palabras? ¿Por qué Dios quiso quebrantarlo? Éstas son las profundidades inescrutables del misterio divino: Dios ha dado a su Hijo unigénito. Pero, además, Cristo debía ser manifestado perfecto en el sufrimiento.
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Cabeza sobre todas las cosas a la iglesia (Efesios 1:22)
El salmista pudo decir, y podemos aplicárnoslo a nosotros mismos: “Oye, hija, y mira, e inclina tu oído; olvida tu pueblo, y la casa de tu padre; y deseará el rey tu hermosura; e inclínate a él, porque él es tu señor” (Salmo 45:10-11). Rendirle culto ¿no es la primera invitación dirigida a la que él ama?
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Cristo, el único sin pecado
En efecto, los panes sin levadura nos hablan de Cristo, de su humanidad y de su vida perfecta. El apóstol Pablo dice: “No conoció pecado” (2 Corintios 5:21); Pedro afirma: “El cual no hizo pecado” (1 Pedro 2:22); y Juan subraya: “No hay pecado en él” (1 Juan 3:5).
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Cristo en la profecía
Sin nombrarle expresamente, Proverbios 8:23 nos dice acerca de la Sabiduría: “Eternamente tuve el principado, desde el principio, antes de la tierra”. El concepto tener “el principado” significa literalmente en hebreo «ser ungido», lo cual implica a Cristo. a) La “simiente”
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Cristo para Dios
Ya para la pascua, hacía falta un cordero “sin defecto, macho de un año” (Éxodo 12:5).
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Cristo resucitado
Esta gavilla, primer fruto de la siega, es figura de Cristo resucitado, primicias de los que durmieron (1 Corintios 15:20). La gavilla era mecida delante de Dios para presentar así todos los aspectos de la resurrección. En efecto, qué momento glorioso cuando Cristo resucitado, alzado al cielo, entró en la presencia de Dios habiendo obtenido eterna redención.
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¿Cuál era la ordenanza de la fiesta para los israelitas?
El primer día ellos debían tomar “ramas con fruto de árbol hermoso, ramas de palmeras, ramas de árboles frondosos, y sauces de los arroyos” (Levítico 23:40).
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Dios se reveló progresivamente
1 Corintios 1:21 nos dice que “el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría”. Pero Dios quiso, por propia iniciativa, revelarse progresivamente.
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El amor manifestado
Este amor del Padre por el Hijo es la medida del amor del Padre por los redimidos y del amor del Hijo hacia aquellos por los que tanto sufrió. Antes de dejarles, Jesús se dirige a los suyos: “Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado” (Juan 15:9). Este amor puro, insondable, que ha recibido él mismo, es el que él tiene por los suyos.
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El andar de separación del rescatado
En Cristo, el creyente no tiene levadura (1 Corintios 5:7). Se trata de manifestarlo en la práctica, de andar no para volvernos santos, sino “como conviene a santos”, demostrar que realmente hemos “salido de Egipto”.
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El costo del sacrificio
En 1 Crónicas 21:24, David indica que no quiere ofrecer a Dios “holocausto que nada me cueste”. Los “sacrificios espirituales” que hoy ofrecemos ¿nos cuestan algo?
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El Cristo - el Ungido - el Mesías
Él no vino a ser el Cristo en su bautismo, como algunos lo pretenden. Proverbios 8:23 es claro al respecto, cuando la Sabiduría dice: “Desde la eternidad fui yo ungida, desde el principio, antes que existiera la tierra” (V.M.) Y Romanos 9:5 precisa: “Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos”.
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El Cristo histórico
a) Su nacimiento La genealogía de Mateo 1 termina diciendo que, “de María… nació Jesús, llamado el Cristo”. El ángel dijo a los pastores: “Os ha nacido hoy… un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:11). Simeón estaba seguro de que vería al Ungido del Señor. Los magos vinieron para adorar al rey.
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El Cristo vivo
El Cristo que vivió en este mundo murió, pero también resucitó. Es el testimonio que los apóstoles dan repetidas veces –Pedro especialmente– en el libro de los Hechos. Esta es la seguridad de que habla Pablo, guiado por el Espíritu de Dios, en 1 Corintios 15:14: “Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe”.
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El huerto de la aurora
El día de la crucifixión, después de que todas las clases del pueblo desfilaron ante el Calvario, con sus burlas y sus injurias, y cuando Jesús hubo entregado su espíritu, se hizo un gran silencio. Cuando llegó la noche, dos hombres, Nicodemo y José de Arimatea, se encontraron al pie de la cruz para ocuparse del cuerpo de la Víctima santa y sepultarlo.
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El lado de Dios
Desde la caída, el pecado impide todo reposo al hombre, como lo dice el Señor Jesús: “Mi Padre… trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17). No hay reposo sin la redención, sin la Pascua, figura de la obra perfectamente cumplida en la cruz.
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El lado del rescatado
Si bien es cierto que Dios hizo todo, que dio el cordero, también es cierto que, para ser salvo, todo hombre debe apropiarse personalmente de la obra de Cristo: “Tómese cada uno un cordero”. Tomar el cordero, guardarlo, inmolarlo, poner su sangre en la puerta y luego permanecer dentro de la casa era responsabilidad de la familia.
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El misterio de la Trinidad
Esta se halla implícita ya en el primer versículo de la Biblia: “Creó Dios”; en hebreo, Dios está en plural (Elohim), ¡pero el verbo crear está en singular! Y un poco más adelante: “Dijo Dios: Hagamos (plural) al hombre a nuestra imagen…; Y creó (singular) Dios al hombre” (Génesis 1:26-27). Habrá que esperar hasta el bautismo de Juan para que la Trinidad se revele.
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El misterio de su Persona
Todos estos nombres le revelan a nuestros corazones y le hacen más precioso a nuestros afectos; él lleva muchos otros aún; no obstante, sigue siendo en su persona ese insondable misterio: solo el Padre conoce a fondo al Hijo (Mateo 11:27).
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El Nazareo
Es el nombre menospreciado. Como lo dijo Natanael: “¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” (Juan 1:46). La cruz tenía un rótulo: “Jesús nazareno, Rey de los judíos”, apelativo elegido para hacerlo objeto de burla y para contradecir a los judíos, quienes habían proclamado no tener más rey que César.
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El octavo día, anticipo del cielo
Mientras espera esos gloriosos tiempos anunciados por los profetas a Israel, la Iglesia, pueblo celestial, ya posee por la fe un anticipo de ese gozo futuro.
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El octavo día, el gran día de la fiesta
Una vez cumplidos los siete días, parecía que la fiesta había concluido y que debía reanudarse la vida normal. Pero llegado el día después del sábado del séptimo día, una asamblea solemne debía ser convocada y nuevos sacrificios debían ser ofrecidos: era el día de la gran fiesta.
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