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El deseo de la carne

Bajo este título se describen específicamente los deseos desordenados o desviaciones de la naturaleza humana, no la “carne” en general, la mala naturaleza tal como se la halla en los escritos de Pablo.

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El deseo de los ojos

Después de haber dicho de un modo general: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo”, el apóstol Juan prosigue: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Juan 2:15-16).

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El enebro

Después de la tensión del Carmelo, Elías tendría que haberse apresurado a retirarse. El cansancio, tanto físico como psíquico, requería un descanso.

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El fruto de la disciplina

Señalaremos seis, entre muchos: 1. “No desmayamos” (2 Corintios 4:16). Formado en la escuela de Dios, el apóstol perseveraba. Renovado día tras día en su hombre interior, ¡permanecía a disposición de su Señor y de las asambleas! (Filipenses 1:23-25). “Cansados, mas todavía persiguiendo” (Jueces 8:4).

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El oportuno socorro

El socorro divino está constantemente a nuestra disposición. No es intermitente ni parcial.

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El orgullo de la vida

El deseo de los ojos nos conduce a atraer a nosotros el objeto codiciado. El deseo de la carne nos impulsa a satisfacer los deseos inmorales de nuestra mala naturaleza. El orgullo, en cambio, nos conduce a elevarnos por encima de los demás.  

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El orgullo de lo que uno es

Es “la condenación del diablo” (1 Timoteo 3:6) tal como nos la describe Isaías 14:13-14. “Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono… seré semejante al Altísimo”.

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El orgullo de lo que uno ha hecho

Cuán fácilmente puede uno envanecerse de lo que ha hecho. El rey Uzías había manifestado notables cualidades. Todo lo había previsto para el desarrollo económico y la protección de su pueblo. “Su fama se extendió lejos, porque fue ayudado maravillosamente, hasta hacerse poderoso. Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina” (2 Crónicas 26:15-16).

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El orgullo de lo que uno posee

El orgullo se desliza también en lo que uno posee. Tal fue el caso del rico en Lucas 12, quien llenó sus graneros y aseguró a su alma que tenía muchos bienes para muchos años (v. 13-21).

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El orgullo quiere tener el primer lugar

El orgullo quiere también colocarse por encima de los demás. El apóstol advierte que no tenga uno “más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Romanos 12:3).

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El padre

El llamamiento de Dios no se dirigía a Taré. Sin duda era duro dejar solo a su anciano padre en Ur. Pero la fe habría podido contar con Dios para ocuparse de él, posiblemente por medio de Nacor su segundo hijo; así lo ha hecho Dios desde entonces con tantos otros que ha llamado lejos a su servicio.

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El Padre

Es esencialmente en el evangelio de Juan donde el Señor Jesús revela al Padre: El unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer (Juan 1:18).

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El socorro fraternal

Para guardarnos o levantarnos, Dios puede servirse del socorro fraternal. Gálatas 6:1 lo ilustra: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”.

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El tribunal de Cristo

El Señor Jesús había dicho muy claramente: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24). Y Romanos 8:1 afirma: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”.

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Elí, el sacerdote

¡Historia poco atrayente, sin embargo tan indispensable en un tiempo en que los padres ya no se atreven a reprender ni a corregir a sus hijos!

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Elías

La historia pública de Elías comienza abruptamente en 1 Reyes 17, mediante el anuncio de la sequía: “Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra”. Elías había precisado al rey Acab que él estaba en la presencia de Dios. Santiago 5:17 nos muestra el secreto de esta vida interior: “Oró fervientemente”.

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Elías

Todo el ministerio del profeta Elías está marcado por las palabras: Vive Jehová de los ejércitos, en cuya presencia estoy,

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Elimelec y Noemí

Un hambre sobrevino en la tierra de Canaán, prueba permitida por Dios con un propósito conocido por él. ¡La actitud de la fe sería buscar la razón de esta disciplina, arrepentirse, someterse! (1 Reyes 8:35). Pero Elimelec y los suyos no lo entendían así. Querían evadir la prueba que Dios permitía y se fueron a los campos de Moab, más allá de las fronteras fijadas por Dios, para “morar” allí.

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Eliú

Durante las largas conversaciones de Job y sus amigos, Eliú, mucho más joven, escuchaba (cap. 32:11-12). Sus rasgos característicos eran la paciencia, la modestia, la humildad; no discutía; no halagaba; no se parcializaba, mas estaba movido por un espíritu de rectitud. No dio prueba de suficiencia, sino que supo ponerse al nivel del pobre que sufría (cap.

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En Cristo

Antes de dejar a sus discípulos, el Señor Jesús, al anunciarles la próxima venida del Espíritu Santo, les dijo: “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (Juan 14:20; comp. la primera parte de este versículo con el v. 10).

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En las tentaciones exteriores

En primer lugar nos son presentadas la simpatía del Señor y su intercesión. Hebreos 2:17-18 nos dice: “Debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere… Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados”.

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En las tentaciones interiores

Como ya fue subrayado, lo esencial es huir de las pasiones juveniles, de la fornicación y la idolatría. Cuando malos ejemplos pudieran arrastrarnos, “a estos evita” (2 Timoteo 3:5). En este ámbito es necesario cuidarnos particularmente de las relaciones que pudieran degenerar y ponernos en peligro de caer, deshonrando así al Señor.

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Entregados

No presentéis (o entreguéis) vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos (entregaos) vosotros mismos a Dios como (hechos) vivos de entre los muertos (Romanos 6:13).

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Examinarse a sí mismo

1 Corintios 11:31-32 nos enseña un principio de mucha importancia. En relación con la cena del Señor, se nos dice: Pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan (v. 28).

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