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Junto al mar
El monte nos habla íntimamente de la comunión con el Señor. El mar presenta, sobre todo, las circunstancias exteriores, el ruido de la muchedumbre, los altibajos de la vida y también el ministerio público que tuvo un amplio lugar en la senda de Jesús.
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La persona y la obra de Cristo: Betania
Vayamos a los capítulos 11 y 12 de Juan y, si no nos equivocamos, hallará usted allí un exquisito manjar espiritual. En el capítulo 11, vemos lo que el Señor Jesús fue para la familia de Betania; y en el capítulo 12, lo que la familia de Betania fue para él. Toda esta porción está llena de la más preciosa instrucción.
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La persona y la obra de Cristo: El ministerio de Cristo en el pasado, el presente y el futuro
El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10:45).
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La persona y la obra de Cristo: Introducción
Siempre hallamos frescura en cada porción de la Palabra de Dios, pero más especialmente en aquellas partes que nos presentan a la bendita Persona del Señor Jesús; que nos dicen lo que era, lo que hacía, lo que decía, cómo lo hacía y cómo lo decía; que lo presentan a nuestros corazones en sus idas y venidas y en sus inmaculados caminos; en su espíritu, tono y manera, en su mirada y en su gesto.
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La persona y la obra de Cristo: La plena suficiencia de Cristo
Una vez que el alma ha sido llevada a sentir la realidad de su condición delante de Dios –la profundidad de su ruina, de su culpa y de su miseria– su completa e irremediable bancarrota, no puede haber reposo hasta que el Espíritu Santo revele al corazón la plena y total suficiencia de Cristo. La única respuesta posible a nuestra ruina total es el remedio perfecto de Dios.
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La persona y la obra de Cristo: Las tres apariciones de Cristo
Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena.
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La Trinidad
1. Dios había declarado claramente a Israel por conducto de Moisés: “Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Deuteronomio 6:4). Por eso el primer mandamiento de la ley precisaba: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”.
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Las figuras de Cristo en el Antiguo Testamento
En Lucas 24, en camino a Emaús, Jesús, “comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas”, explicaba a los dos discípulos, “en todas las Escrituras lo que de él decían” (v. 27). Por la noche, reunido con los once, les dice: “Era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.
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Los principales nombres de Dios en el Antiguo Testamento
En esta revelación progresiva, Dios toma nombres relacionados con ella. En toda la Palabra, el nombre es la persona (comp. Mateo 18:20; 1 Juan 5:13). Sus nombres, pues, forman parte integrante de su revelación. Vale la pena considerar al menos los más esenciales con los cuales él se dio a conocer.En esta revelación progresiva, Dios toma nombres relacionados con ella.
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Prefacio
Hace aproximadamente un siglo y medio J. G. Bellet (1795-1864) atrajo el interés de los creyentes con sus dos folletos, siempre actuales: «La gloria moral del Señor Jesucristo» y «El Hijo de Dios». Puso ante sus ojos la vida inmaculada del Señor Jesucristo.
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Prefacio
¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes? (Proverbios 30:4) Cuando Jesús preguntó: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:15-16). Se lo había revelado el Padre, y por esta razón es llamado “bienaventurado”.
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A la edad de doce años
No nos es dicho nada acerca de su vida en Nazaret. Es llamado “el hijo del carpintero” (Mateo 13:55), e incluso “el carpintero” (Marcos 6:3), precisando así cuál era su ocupación.
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Adonai
El Señor, el Amo, se encuentra cuatrocientas veintisiete veces en el Antiguo Testamento, algunas de ellas en forma compuesta: Señor Jehová (Génesis 15:2, 8; Daniel 9; etc.)
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Cabeza sobre todas las cosas a la iglesia (Efesios 1:22)
El salmista pudo decir, y podemos aplicárnoslo a nosotros mismos: “Oye, hija, y mira, e inclina tu oído; olvida tu pueblo, y la casa de tu padre; y deseará el rey tu hermosura; e inclínate a él, porque él es tu señor” (Salmo 45:10-11). Rendirle culto ¿no es la primera invitación dirigida a la que él ama?
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Completa liberación del poder actual del pecado
Este es un punto muy importante para todo el que ama de veras la santidad. Conforme a la gloriosa economía de la gracia, la misma obra que garantiza la plena remisión de los pecados, ha quebrantado para siempre el poder del pecado. No solo han sido borrados los pecados de la vida, sino que ha sido condenado también el pecado de la naturaleza.
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Consideraciones finales sobre nuestra seguridad en Cristo
De lo que hemos visto hasta ahora, podemos aprender que el gran resultado de la obra de Cristo en el pasado es otorgarnos una posición divinamente perfecta delante de Dios. Hizo perfectos para siempre a los santificados (Hebreos 10:14).
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Cristo como objeto del corazón
Hasta aquí, hemos procurado desarrollar las grandes verdades fundamentales que conciernen a la obra de Cristo por nosotros: su obra en el pasado –su expiación– y su obra en el presente– su intercesión–. Ahora procuraremos presentarle al lector, con la ayuda del Espíritu de Dios, algo de lo que nos enseñan las Escrituras en cuanto a la segunda parte de nuestro tema, a saber, Cr
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Cristo en la profecía
Sin nombrarle expresamente, Proverbios 8:23 nos dice acerca de la Sabiduría: “Eternamente tuve el principado, desde el principio, antes de la tierra”. El concepto tener “el principado” significa literalmente en hebreo «ser ungido», lo cual implica a Cristo. a) La “simiente”
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Cristo, siervo de las necesidades del alma
a) La necesidad de la salvación
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Dios se reveló progresivamente
1 Corintios 1:21 nos dice que “el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría”. Pero Dios quiso, por propia iniciativa, revelarse progresivamente.
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El amor manifestado
Este amor del Padre por el Hijo es la medida del amor del Padre por los redimidos y del amor del Hijo hacia aquellos por los que tanto sufrió. Antes de dejarles, Jesús se dirige a los suyos: “Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado” (Juan 15:9). Este amor puro, insondable, que ha recibido él mismo, es el que él tiene por los suyos.
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El Cristo - el Ungido - el Mesías
Él no vino a ser el Cristo en su bautismo, como algunos lo pretenden. Proverbios 8:23 es claro al respecto, cuando la Sabiduría dice: “Desde la eternidad fui yo ungida, desde el principio, antes que existiera la tierra” (V.M.) Y Romanos 9:5 precisa: “Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos”.
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El Cristo histórico
a) Su nacimiento La genealogía de Mateo 1 termina diciendo que, “de María… nació Jesús, llamado el Cristo”. El ángel dijo a los pastores: “Os ha nacido hoy… un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:11). Simeón estaba seguro de que vería al Ungido del Señor. Los magos vinieron para adorar al rey.
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El Cristo vivo
El Cristo que vivió en este mundo murió, pero también resucitó. Es el testimonio que los apóstoles dan repetidas veces –Pedro especialmente– en el libro de los Hechos. Esta es la seguridad de que habla Pablo, guiado por el Espíritu de Dios, en 1 Corintios 15:14: “Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe”.
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