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La dependencia del Señor

Hemos visto que los siervos del Señor son llamados por él mismo según su propia voluntad y que solamente él los envía. ¡Pero eso no es lo único! El servicio mismo tiene que ser desempeñado en dependencia del Señor.

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La distinción entre la Iglesia e Israel

En las páginas anteriores hemos indicado ya la diferencia que existe entre Israel y la Iglesia en sus relaciones con Dios, quien se reveló al pueblo israelita bajo el nombre de Jehová, mientras que la Iglesia o Asamblea lo conoce como Padre.

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La experiencia práctica

Entonces, ¿cómo es posible que tantos creyentes giman bajo el poder del pecado, como lo escribí al principio de esta carta? Todo creyente conoce o ha conocido por experiencia propia este estado y la lucha asociada con él. Eso no quiere decir que esta lucha deba alargarse a través de toda la vida del creyente, como a menudo se dice. Gracias a Dios no es así.

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La gracia, no solo para los judíos

En los primeros ocho capítulos de la epístola a los Romanos encontramos descrita la condición del hombre y la respuesta de Dios. El hombre está perdido y sin ninguna esperanza:

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La historia de la Iglesia

En los capítulos 2 y 3 del libro del Apocalipsis tenemos una descripción profética de la historia de la Iglesia. No como los hombres la ven y la juzgan, sino como la ve el que tiene “sus ojos como llama de fuego”. El mismo Señor Jesús. Más tarde hablaremos de esto con más detenimiento.

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La historia profética del Imperio romano

Aunque aquel que conoce la historia de los primeros reinos contempla admirado la precisión de las profecías de Dios al leer capítulos como Daniel 8-10 y 11, ahora no queremos tratar esto, sino solamente averiguar la historia del cuarto reino.

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La Iglesia en la eternidad

Entonces la Iglesia hará ya mucho tiempo que mora en la casa del Padre, en la gloria eterna. En Apocalipsis 19 encontramos las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y aunque ello haya tenido lugar más de mil años antes, su belleza y su devoción no habrán cambiado, sino que permanecerá

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La institución de la Cena del Señor

Mateo 26, Marcos 14 y Lucas 22 nos describen la Cena del Señor. Las dos primeras citas nos muestran que fue establecida inmediatamente después de que el Señor hablara de la traición de Judas y después de que este saliera.

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La justicia de Dios

Dios no es ningún juez terrenal con corazón blando, de quien se puede ganar la simpatía para recibir un castigo menos riguroso, pues el amor y la gracia de Dios jamás pueden actuar en contradicción con su justicia.

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La justicia reinará

¡Qué alivio habrá para los hombres que entren en este reino! Abundancia será la parte de cada uno. Entonces no será necesario decir a los patronos: “He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos”.

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La justicia y la paz se besaron (Salmo 85:10)

Ciertamente, habrá un tiempo glorioso aquí en la tierra. Y cuando oímos, ahora, el gemir de la creación; cuando vemos el dolor y la miseria enseñoreándose de la tierra; cuando percibimos cómo reina la iniquidad; cuando experimentamos el poco conocimiento que hay de Dios; cuando oímos blasfemar su santo Nombre, entonces anhelamos el momento que dará principio a este glorioso reino de paz.

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La justificación

El hecho es que Dios solo puede obrar justamente en consonancia con su justicia. El hombre estaría perdido, sin posibilidad de salvación, si el Señor Jesús no hubiera cumplido la obra de redención en el Gólgota. El amor de Dios quería salvar de la condenación eterna al pecador, pero esto no era posible porque la justicia requería el castigo del pecador.

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La liberación

¡Soy salvo de este cuerpo de muerte! Mi pecado ha sido juzgado en la cruz, en Cristo (Romanos 8:3). Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí (Gálatas 2:20).

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La maldición de la tierra es quitada

Cuando Adán pecó, la tierra fue maldita por causa de él. En lo sucesivo, la tierra produjo espinos y cardos, y con el sudor de su rostro el hombre debió comer su pan. También los animales fueron colocados bajo esta maldición (Génesis 3:14-19).

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La Mesa del Señor

En Malaquías 1:7, como también en Ezequiel 41:22, el altar donde se colocaba el sacrificio de acción de gracias se llamaba la “Mesa de Jehová”. Por ambas citas vemos que “mesa” y “altar” indican la misma cosa. La expresión “altar” alude más bien a la ofrenda que se colocaba en él, mientras que la palabra “mesa” se relaciona con la comida y con la comunión ligada a ella.

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La muerte del Señor

¿Quién puede entender el significado de estas palabras? Él, el Señor, entraba en la muerte. ¡Qué amor, qué gracia y misericordia, qué designios de Dios! ¡El Príncipe de la vida, la Fuente de la vida, murió y fue enterrado! ¡Qué prueba más grande de que él tomó perfectamente nuestro lugar! No solamente llevó nuestros pecados en su cuerpo, sino que fue hecho pecado.

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La naturaleza del hombre

En Juan 2:23-25 encontramos el juicio del Señor sobre el hombre. No tenía que vérselas con unos impíos que le rechazaban en abierta enemistad. Lo reconocían, pues a través de sus milagros quedaban convencidos de que él era el Mesías. Ellos creían en su nombre.

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La nueva Jerusalén

No obstante, la participación en la gloria de Cristo no es nuestra posición y gloria verdaderas. Sí, vendremos con Cristo a la tierra, pero nuestra morada verdadera está en el cielo. Entonces somos “el pueblo de los santos del Altísimo” (Daniel 7:27). El sueño de Jacob (Génesis 28:12; Juan 1:51) se ha cumplido. Hay una comunicación continua entre cielo y tierra.

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La oración es señal del nuevo nacimiento

“Orar” no es lo mismo que rezar. Diariamente se dicen miles de rezos. El Señor Jesús dijo: “No uséis vanas repeticiones” (Mateo 6:7); además advierte a los fariseos sobre la actitud de los escribas que “por pretexto hacen largas oraciones” (Marcos 12:40).

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La Palabra como medio de purificación

La Palabra de Dios también es el único medio por el cual podemos ser limpiados y santificados. “Así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (Efesios 5:25-27). “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17).

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La Palabra de Dios es nuestra guía

¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. (Salmo 119:9). “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”. “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:11, 105).

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La Palabra de Dios no predestina para condenación

En las Escrituras no hay ni una sola evidencia a favor de la idea de que Dios haya decretado previamente la condenación de alguna persona, de que haya designado a determinadas personas para que se pierdan eternamente. Al contrario, eso contradice lo que Dios ha revelado de sí mismo en su Palabra.

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La Palabra es nuestra arma

La espada del Espíritu, que es la palabra de Dios (Efesios 6:17).

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La parte de la Iglesia

Hemos visto, en uno de los capítulos anteriores, que entonces la Iglesia no estará ya en la tierra. Antes de que sobrevengan los juicios de Dios sobre el mundo seremos arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el aire para estar siempre con él (1 Tesalonicenses 4). Pero eso no significa que no tengamos parte en la gloria del milenio.

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