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Si he muerto con Cristo, ¿qué significa esto en la práctica, en mi vida diaria?

Cuando el pecado quiere ejercer su poder sobre nosotros, tenemos derecho –y estamos obligados– a considerarnos a nosotros mismos como muertos (ver 6.15). Por la fe comprendemos que ya no tenemos ninguna obligación de ceder ante el pecado (Romanos 6:10-14).

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Si la Biblia contiene un elemento humano, ¿cómo puede ser a la vez la Palabra de Dios?

Pensemos en un escultor. Para hacer una estatua, por ejemplo, empleará diferentes herramientas e instrumentos. Al contemplar la obra terminada, podremos observar las marcas que dejaron dichas herramientas. Pero estas marcas están allí como resultado de la habilidad del escultor, quien seleccionó hábilmente los instrumentos adecuados a fin de obtener los resultados esperados.

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Si nuestra salvación es tan completa, ¿por qué muchos creyentes todavía sufren en sus cuerpos y mueren? ¿No son nuestros cuerpos beneficiarios de la salvación?

Los creyentes todavía sufren porque forman parte de la creación. Pablo explica esto en el pasaje de Romanos 8:18-29. Por medio del hombre, el pecado entró en el mundo y, como consecuencia, “la creación gime”. Pero, este problema también será resuelto. Esperamos “la redención de nuestro cuerpo” (v. 23). Cuando Cristo venga, recibiremos nuevos cuerpos.

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Siervos

Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios.

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La Iglesia del Dios viviente

Siete cosas divinas en Mateo 18:20

Ya hemos hablado del maravilloso versículo de Mateo 18:20. Mientras está nuevamente ante nosotros en relación con el tema de este capítulo, deseamos señalar algo más de la plenitud de este versículo lleno de promesas. Tomándolo palabra por palabra veamos las siete cosas divinas que ellas señalan:

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¿Significa esto que los creyentes pueden hacer cosas que estaban prohibidas por la ley? Si no, ¿por qué? (Romanos 8:4)

No. La Palabra de Dios declara que la ley es cumplida en el creyente, pero no porque él trate de guardar la ley, sino porque anda por el Espíritu. Esto implica que ande según la voluntad de Dios, aborreciendo el mal.

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La Iglesia del Dios viviente

Solo un cuerpo

La Iglesia de Cristo es un solo cuerpo aunque sus miembros sean muchos, –cada uno diferente del otro– y estén esparcidos por todo el mundo. “Nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros”, escribió Pablo a los romanos (Romanos 12:5). Así también escribió a los corintios:

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¿Somos «nosotros» una denominación?

Si usted es de una denominación (una organización con un nombre), por favor, tenga en cuenta lo siguiente: Los primeros cristianos no tenían un nombre particular. Ellos sencillamente eran reconocidos como “cristianos”, puesto que se sabía que pertenecían a Cristo, que se habían convertido a él, y defendían Sus intereses.

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¿Son culpables todas las personas? ¿No hay excepciones?

Todos los hombres son culpables. Los que pertenecen al primer grupo (quienes no se sujetan a ninguna regla de comportamiento, ver 5.5) son culpables, aun cuando nunca hayan escuchado el Evangelio, porque tendrían que reconocer a su Creador simplemente al observar la creación que los rodea. Sin embargo lo rechazan.

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La Iglesia del Dios viviente

Su lugar bajo la ley

En conexión con lo anterior, deseamos hacer una breve referencia al lugar de la mujer bajo la ley. Cuando el apóstol Pablo escribió a la asamblea de Corinto para instruirla en cuanto al lugar de las mujeres en la Asamblea, dijo que debían estar “sujetas, como también la ley lo dice” (1 Corintios 14:34).

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La Iglesia del Dios viviente

Su lugar en la Asamblea

1 Corintios 14:34-38 nos da instrucciones claras en cuanto al lugar de la mujer en la Asamblea.

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Su lugar en la caída

Hemos visto a través de la creación que el lugar o posición de la mujer es de sujeción a su cabeza y de compañerismo con su esposo. Ahora consideraremos qué parte tuvo ella en la caída de la humanidad en el huerto del Edén y qué posición fue la que se le dio como resultado de este hecho.

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La Iglesia del Dios viviente

Su lugar en la casa

Ya hemos mencionado el hogar por ser uno de los círculos dentro del cual es importante discernir la posición dada por Dios. El hogar viene naturalmente antes que la Iglesia en el orden moral y en el orden cronológico al ser el fundamento de toda la sociedad. Por eso, nos corresponde considerar primero el lugar especial que la Escritura da a la mujer en esta esfera tan bendita.

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La Iglesia del Dios viviente

Su lugar en la creación

En Génesis 2 podemos ver que el hombre fue creado primero y que, de la costilla de Adán, Dios hizo una mujer y la trajo al hombre para que fuera su ayuda idónea. En 1 Corintios 11:8-12 el Espíritu de Dios hace el siguiente comentario sobre esto:

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Su lugar en la dispensación de la gracia

Hasta ahora hemos considerado el lugar de la mujer en la creación, en la caída de la humanidad y bajo la ley. Habremos notado que la Escritura menciona su posición en cada una de estas esferas en conexión con instrucciones en cuanto a su lugar en la Iglesia.

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Su simpatía en las dificultades y en la aflicción

Cuando perdemos un ser querido, ¿quién comprende nuestro sufrimiento como él, quien lloró al lado de la tumba de un amigo? (Juan 11:35). Cuando la soledad nos abruma, ¿quién hubo más solitario que él, quien se lamentó: “Velo, y soy como el pájaro solitario sobre el tejado”? (Salmo 102:7).

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Su universalidad

Este acto gubernamental de atar o de desatar pecados por parte de los que se reúnen en el nombre del Señor Jesucristo, es algo que ata en la tierra y en el cielo. Esto concuerda con las palabras del Señor. Nótese que el Señor no dijo: «Todo lo que atéis en la iglesia (o en la asamblea), será atado en el cielo».

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Sumisión como al Señor

Esta sumisión de la esposa a su esposo ha de ser “como al Señor”. El Señor es introducido como Aquel de quien se deriva la autoridad de su esposo. Ella ha de reconocer, detrás de su esposo, al Señor como la autoridad directiva y gobernante en la vida familiar, y recordar que, como “Cristo es la cabeza de todo varón, el varón es la cabeza de la mujer” (1 Corintios 11:3).

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Sumiso a Dios el Padre

Pero si un Padre no conoce el amor de Dios el Padre en su propio corazón por estar fuera de comunión con Él, y si contrista el Espíritu por ser un hijo rebelde, ¿cómo puede ser un verdadero padre y difundir la luz y el calor de un amor celestial en su familia puesto que no recibe ninguna luz ni amor celestial del Padre, quien es tanto luz como amor?

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Tenemos paz para con Dios

Aunque Dios sabía perfectamente quién eras, entregó al Señor Jesús para que, creyendo en él, tuvieras la vida eterna. Él dice que serás justificado gratuitamente si con fe en la sangre del Señor Jesús acudes a Dios (Romanos 3:23-25). Te absolverá de toda culpabilidad si te acercas a él de esta manera, porque él es justo.

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¿Tenía Cristo un espíritu humano, un alma humana y un cuerpo humano?

Sí. Era un verdadero hombre, y el hombre está compuesto de espíritu, alma y cuerpo (1 Tesalonicenses 5:23).

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La Iglesia del Dios viviente

Tercer paso

Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia (v. 17).

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Tiatira

Aquí tenemos el sistema malo, del cual ha nacido el papado. Vemos a Jezabel que caracteriza a la Iglesia. Se dice profetisa, enseña exigiendo que se reconozca autoridad absoluta a su doctrina, autoridad infalible. Sabemos que, según la Palabra de Dios, una mujer no tiene facultad para enseñar (1 Timoteo 2:12).

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¿Tiene María un lugar especial por ser la madre de Jesús? Y si es así, ¿cuál es?

Sí, claro que María tiene un lugar especial. Gabriel le había dicho: “Bendita tú entre las mujeres” (Lucas 1:28), y Elisabet, poco tiempo después, llena del Espíritu Santo, le repite las mismas palabras (v. 42). Verdaderamente era un inmenso privilegio ser la madre natural de Jesucristo hombre.

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