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El alfarero y el vaso
«¿Por qué me has hecho así?». Un hombre, al hacerle esta pregunta a Dios, en realidad no dice más que esto: Dios no tiene ningún derecho a juzgar el mal, y si él no quiere acordar su gracia a todos y salvarlos, al menos no debe castigar a nadie.
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El Antiguo Testamento ya hablaba de que la gracia llegaría a los no-judíos
El apóstol cita dos pasajes del profeta Oseas (cap. 1:10; 2:23) para mostrar que Dios ya había hablado en otro tiempo de estas cosas por su Espíritu. Pedro, quien escribe exclusivamente a los creyentes judíos, solo cita el segundo pasaje (1 Pedro 2:10). El apóstol de los gentiles, pensando en la introducción de estos, cita los dos.
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El apóstol Pablo
El saludo con que el apóstol introduce su epístola es largo e instructivo. Pablo se llama primeramente siervo de Jesucristo. Conocía mejor que nadie la libertad cristiana, pero consideraba un honor especial ser un siervo de Cristo, de manera que en muchas ocasiones se llama así, lo que nosotros también deberíamos hacer con gozo.
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El arrepentimiento
No obstante, hoy es aún el tiempo de la gracia, y Dios, en su bondad, impulsa a los hombres al arrepentimiento (v. 4). ¿Al arrepentimiento? ¿Qué es el arrepentimiento?
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El bautismo cristiano según Mateo
El bautismo cristiano tiene su fundamento en la muerte del Señor y su resurrección. Por eso solo se instituyó después de su muerte y resurrección. Vemos que se habla por primera vez de él durante el último encuentro del Señor resucitado con sus discípulos en el monte de Galilea, donde les había dado cita (Mateo 26:32; 28:16-20).
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El bautismo: un mandamiento divino
Este bautismo se celebra, expresamente por orden de Jesucristo, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Él dio esta orden después de su resurrección de los muertos, cuando estaba a punto de subir al cielo, para ser glorificado allí. Los discípulos la ejecutaron después que el Espíritu Santo descendió sobre ellos.
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El campamento alrededor del Tabernáculo de reunión (Libro de los Números)
El Tabernáculo terrenal, llamado ya, como acabamos de verlo, “tabernáculo de reunión” en las instrucciones recibidas por Moisés en el monte, antes del becerro de oro, toma pues su lugar en el interior del vasto campamento del pueblo de Israel, así este acampe o se desplace por el desierto.
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El Cordero de Dios
Pero este libro de vida, en el cual haría falta estar inscrito para escapar a la condenación, en otro pasaje del Apocalipsis (13:8) lleva este nombre significativo: “El libro de la vida del Cordero que fue inmolado”.
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El creyente es liberado de su antiguo amo
Insistamos una vez más en el hecho de que el cristiano no tiene que morir al pecado, sino que ya está muerto a él, pues está crucificado con Cristo. No está libre de cometer ciertos pecados o de corresponder a malas inclinaciones, sino que todo el viejo hombre ha sido puesto a un lado y juzgado en la cruz.
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El cristiano no es de este mundo
Es posible que esta sumisión cause al cristiano disgustos de diversa índole y que tal vez experimente incluso pérdidas sensibles y sufrimientos; pero, sin embargo, eso no debe cambiar en nada su manera de actuar. Por otra parte, ¿se puede esperar otra cosa en un mundo de injusticia?
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El deseo de Pablo
Pablo daba gracias de ello a su Dios y, cuanto más lo hacía, cuanto más llevaba en su corazón, con ardiente amor y continuas oraciones, a los creyentes de Roma, más profundo era su deseo de verlos a fin de hacerles partícipes de algún don de gracia espiritual y de afirmarlos en la fe (v. 9-11).
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El Dios de esperanza
A ello se refiere el deseo o la oración del fiel siervo en favor de los santos de Roma: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (v. 13).
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El Dios de paciencia y consolación
Respecto de esta declaración en cuanto a que las Escrituras han sido escritas para nuestra instrucción, etc., el apóstol menciona en el versículo 5 a Dios, El Dios de la paciencia y la consolación.
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El ejemplo perfecto
Aquí termina esta parte de las exhortaciones. La continuación dirige muy especialmente nuestras miradas hacia la forma en que el propio Cristo obró aquí abajo. “Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran” (v. 14-15). ¡Qué perfecto ejemplo tenemos en nuestro amado Salvador!
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El endurecimiento de Faraón
Cuando Dios quiere hacer uso de su gracia, qué grave es el pecado de un hombre que se opone a esta voluntad y procura contrariar los designios de Dios. Él debe ser conocido en toda la tierra como el Dios que no permite que uno se burle de él impunemente.
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El Espíritu de adopción
Esta gloriosa posición de hijo de Dios tiene como consecuencia la recepción del Espíritu Santo: Por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo (Gálatas 4:6).
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El Espíritu nos ayuda
“De igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (v. 26).
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El estado de los judíos (cap. 2:17-29)
El apóstol, después de describir en el primer capítulo el estado de culpabilidad de los paganos y referirse en los primeros dieciséis versículos del segundo capítulo a la responsabilidad del hombre en general (judío o pagano) frente a Dios, se dirige seguidamente a los judíos en particular.
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El Evangelio del reino predicado por los judíos
¿El apóstol se había equivocado, como lo decían los judíos, al anunciar a todo el mundo el dichoso mensaje de Jesús? No, pues ya las Escrituras del Antiguo Testamento, como lo hemos visto, justificaban su servicio, y ¡cuánto más entonces el testimonio del Señor mismo! Es hermoso encontrar aquí la misma expresión que en el capítulo 3: “No hay diferencia”.
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El Evangelio, poder de Dios
El Evangelio es poder de Dios y no una simple doctrina o una regla de conducta para el hombre, como lo había sido la ley. Por eso es también para “todo aquel que cree”. Él no exige nada del hombre, sino que le otorga una salvación, cumplida en santidad y justicia, proveniente de Dios en forma directa y que manifiesta el poder de Dios.
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El Hijo de Dios tuvo que morir
Como lo hemos dicho frecuentemente, el fundamento de todo ello es la muerte y la resurrección de Jesucristo. Esta gloriosa obra de la redención es una vez más contrastada con la completa impotencia de la ley del Sinaí.
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El juicio de Dios será justo en cada caso
El apóstol habla seguidamente de las diferentes responsabilidades de los hombres. Todos ellos son responsables, pero el juicio de Dios será justo en cada caso, determinando la medida de la culpabilidad de cada uno según la magnitud de su responsabilidad. Había hombres sin ley (los paganos) y otros bajo la ley (los judíos).
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El misterio de Cristo y su Iglesia
El corazón del apóstol estaba lleno de lo que él llama “su evangelio” (ese misterio estaba sin cesar con todo su frescor en su alma) y ahora no puede hacer otra cosa que referirse a él aunque más no fuese brevemente.
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El nuevo hombre desea el bien, el viejo hace el mal
“Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago” (v. 15). La decepción es grande, ya que, en lugar de encontrar, después de su conversión, el alivio, la paz y el gozo, el pobre hombre debe descubrir que hay en él un poder del que no puede liberarse y que le impide cumplir el bien que querría hacer.
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