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Las diferentes formas de oración
Es importante considerar cómo oramos, pero también el contenido de nuestras oraciones. Una vida de oración equilibrada comporta diferentes facetas. En primer lugar:
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Las reuniones
Una misma y preciosa exhortación domina por entero la vida práctica de la asamblea: “Todas vuestras cosas sean hechas con amor” (1 Corintios 16:14). Este amor, inseparable de la verdad (2 Juan 3), ciñe su “vínculo”, el de la “perfección” (Colosenses 3:14), alrededor de los creyentes, particularmente en las ocasiones en que la iglesia se halla reunida.
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Lo que los hombres han hecho de la Iglesia
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Pensamientos sobre la oración
Orar es hablar con Dios, con la libertad de un hijo ante su padre y el santo temor de un mortal delante de Dios. A. Monod La oración es un privilegio muy grande. “He tenido el atrevimiento de hablar al Señor, yo que soy polvo y ceniza” (Génesis 18:27, V. M.). Abraham Todo es más fácil cuando uno ora. Palabras de un niño
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Práctica de la oración
Tratemos ahora de identificar algunos de los obstáculos a la oración y los recursos para superarlos.
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Principios de la congregación de los cristianos
Las instrucciones y exhortaciones del Nuevo Testamento raramente consideran al cristiano en un estado aislado, sino como formando parte de un conjunto, el de los “santos” (Romanos 1:7; 1 Corintios 1:2; 14:33; 16:1; Judas 4; etc.). Esta cualidad de “santos” no es el resultado de algún mérito en ellos; son santos por la vocación de Dios, en virtud de la perfecta obra de Cristo.
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¿Qué hacer en el presente estado de cosas?
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1. Iglesias de afirmación católica
La iglesia romana afirma ser “la Iglesia”, la única, y monopoliza el título de católica, es decir universal. Pero, en diversos grados, reivindican el mismo título las grandes iglesias orientales que no reconocen al papa romano.
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2. Iglesias parciales
Las otras iglesias son organizaciones religiosas que se han separado de las precedentes, principalmente desde la Reforma, para constituir iglesias independientes, expresamente parciales y distintas dentro de la cristiandad. Sean o no nacionales, nada cambia con referencia a sus fundamentos.
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3. Fuera del campamento (o del campo religioso)
La tercera categoría se halla constituida por los agrupamientos, mucho menos numerosos, de cristianos salidos de las dos primeras para reunirse de acuerdo con las enseñanzas de la Palabra, sin clero ni reglamentos particulares, pero sí en el nombre del Señor Jesús.
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¿A quién debemos orar?
Cuando oramos es importante saber a quién nos dirigimos. Cristo descendió del cielo para darnos a conocer a Dios como nuestro Padre (Lucas 11:2; Mateo 11:27; Juan 17:26). Desde entonces podemos dirigirnos a Dios como un hijo habla a su padre, en una comunión íntima y feliz.
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Características permanentes de una asamblea
En lo que concierne a la congregación de los creyentes, se nos prescribe no dejarla, “y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:25).
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Con amor y fe
La oración tiene su origen en un llamamiento de Dios. No somos nosotros los que tomamos la iniciativa para orar, es Dios quien nos llama a orar. Orar es, pues, una gracia que Dios nos concede. Dios no cesa de dirigirse hacia nosotros y nos invita a ir a él y amarlo.
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Con el corazón y el entendimiento
Cuando oramos, debemos hacerlo con el corazón (Marcos 7:6). No se trata de caer en el sentimentalismo, sino de expresar las necesidades reales y sentidas. Las palabras no siempre expresan lo más profundo de nosotros mismos, incluso pueden encubrir una negativa de abrirse a Dios. Uno no ora con las ideas, sino con su persona. No con lo que uno sabe, sino con lo que vive.
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Conclusión
No sin tristeza llegamos a hablar de las divisiones, asunto que consume de dolor nuestros corazones, mientras que el ocuparnos de la Iglesia o Asamblea de Dios solo debería producir en nuestro ánimo sentimientos de amor, dulzura, y gozo.
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Condiciones favorables para la oración
La sobriedad y el ayuno: privarse para estar más disponible para Dios Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto (Mateo 6:6).
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Conscientes de nuestra necesidad
Una de las primeras condiciones para orar es ser conscientes de nuestra necesidad. Aquel que dice: “Yo soy rico… y de ninguna cosa tengo necesidad” (Apocalipsis 3:17), no siente la urgencia de invocar a Dios. En cambio, el creyente que se da cuenta de su pobreza espiritual se acerca voluntariamente al Padre.
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Cristiandad e Iglesia
Cualquiera que sea la confusión actual, una certidumbre nos conforta: Dios tiene en la tierra, hoy como antiguamente, gran número de hijos Suyos, redimidos de Cristo; hoy como antes constituyen todos juntos lo que es y sigue siendo la Iglesia o Asamblea de Dios.
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Desde los apóstoles hasta nuestros días
Desde entonces, en los casi veinte siglos transcurridos, desgraciadamente, se ha comprobado de todas las formas posibles que el hombre corrompe todo lo que Dios le confía.
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Diferentes categorías de agrupaciones cristianas
Las agrupaciones de la cristiandad actual pueden considerarse divididas en tres categorías. Las dos primeras comprenden todo lo que se denomina oficialmente «iglesias». Estas son sociedades organizadas, con leyes y reglamentos, cada una con su clero, diferenciado de los feligreses. Estas sociedades son efectivamente de dos clases.
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Diversos aspectos de esta unidad
El Nuevo Testamento emplea diferentes figuras para presentarnos la Asamblea. Todas ellas expresan –aunque desde diferentes puntos de vista– la unidad de todos los «nacidos de nuevo».
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El clero y el ministerio oficial
Lo que más llama la atención en las congregaciones de creyentes constituidas fuera de las diversas organizaciones eclesiásticas es, sin duda alguna, la ausencia de todo «clero».
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El culto
Si la casa de Dios es una “casa de oración”, también es una casa de “sacrificios espirituales” (1 Pedro 2:5). Adorar es, indiscutiblemente, la más alta función de la Iglesia. Es el culto en el propio sentido de la palabra.
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El ministerio de las mujeres
En el Nuevo Testamento, se lo tiene por un ministerio preciosísimo en su lugar, sea para la enseñanza en la familia –en pláticas privadas, como vemos a Priscila al lado de Aquila para enseñar a Apolos (Hechos 18:26), o a las cuatro hijas de Felipe profetizando (Hechos 21:9)–, sea en todos los “servicios” –como el de Febe, “diaconisa de la iglesia en Cencrea” (Romanos 16:1)–, en los cuales la mu
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