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Otro ángel fuerte que desciende del cielo
Cristo, bajo forma angélica, no manifestado aúna, viniendo, por su potestad, a revindicar sus derechos al reinado universal.
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Otro ángel que subía de donde sale el sol
Otro
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Pablo
El apóstol Pablo tuvo el privilegio de exponer las verdades acerca de la Iglesia. Antes del día de Pentecostés, la Iglesia no existía. Israel era el pueblo que Dios tenía en la tierra. A ellos les pertenecía todo el sistema de leyes y sacrificios, así como el templo.
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Pablo defiende su apostolado
Si el capítulo que precede trata de la libertad en cuanto a los ídolos, éste se refiere a la libertad en cuanto al ministerio o servicio. Notemos de paso que la palabra derecho o potestad en este capítulo y libertad en el capítulo precedente, son una sola y misma palabra (cap. 8:9; 9:4). Aquí tenemos la respuesta a la última pregunta dirigida por los corintios al apóstol.
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Pablo predica “la palabra de la cruz”
Tal predicación tiene por efecto que los hombres inteligentes se aparten, pues para ellos es locura; pero, para nosotros, es poder de Dios. Solamente es comprendida por aquellos cuya conciencia fue alcanzada. Llegado a este punto, el apóstol exclama: ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? (cap. 1:20).
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Pablo, siervo y apóstol
El apóstol Pablo es el instrumento de esta revelación. Se llama a sí mismo siervo de Dios. Este título sólo lo hallamos dos veces en las epístolas (aquí y en Santiago 1:1) y algunas veces en el Apocalipsis, mientras que el de siervo de Cristo es más frecuente.
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Palabras inefables
No hay un cuarto cielo, de modo que el paraíso es el lugar más alto, es el cielo de Dios, “el paraíso de Dios” (Apocalipsis 2:7). Allí fue arrebatado el apóstol Pablo. ¿Cómo? Sólo Dios lo sabe; pero Pablo estaba seguro de que podía estar allí tanto como alma separada del cuerpo como en el cuerpo.
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¿Para qué y para quién ofrendar?
Preguntemos al Señor cuándo, a quién y cuánto debemos dar. ¿Consideramos como un privilegio el compartir con otros las riquezas que el Señor nos ha prestado? En la Biblia vemos que en los primeros tiempos de la Iglesia, los creyentes daban a los siervos del Señor, a los necesitados, a las viudas, y para otros aspectos de la obra del Señor, según las necesidades.
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Paraíso y gloria
Notemos además que el paraíso no es la gloria. No cabe la menor duda de que la gloria está allí donde Cristo se encuentre; pero nosotros sólo podremos entrar en la gloria como seres completos; tendremos cuerpo y alma reunidos, y no nos hallaremos en un estado intermedio. Generalmente nos hacemos una falsa idea de la gloria al considerarla como un lugar. La gloria es una manifestación.
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Paréntesis - El librito o la última media semana de Daniel
Tenemos aquí un nuevo paréntesis intercalado entre la segunda y la tercera trompeta de “ayes”, el cual tiene un lugar determinado entre esos dos períodos. La duración de los sucesos relatados aquí, la única que es mencionada en el Apocalipsis, corresponde a la última media semana de Daniel (cap. 9:27): tres años y medio, ó 1.260 días, o un tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo (cap. 12:14).
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Paréntesis - Los 144.000 sellados y la gran multitud
Este capítulo es un paréntesis intercalado en el curso del relato. Nos presenta dos clases de personas preservadas durante el período que estamos considerando. En primer lugar, 144.000 sellados (número simbólico) de entre las doce tribus de Israel.
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Pelearán contra el Cordero
Pelearán contra el Cordero – cap. 19:19.
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Perdón, disciplina y restauración, capítulo 12
Cierto tiempo había transcurrido desde la falta cometida por David. La guerra contra Amón –comenzada en el capítulo precedente que, por sí solo, abarca acontecimientos de casi un año– continuaba todavía. El sitio de Rabá no había acabado, y sabemos que en esa época el sitio de una ciudad podía durar años.
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Pertenecemos al Señor
¿Ignoráis… que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:19-20).
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“Piensan en su nombre”
Dos cosas describen aquí al remanente: teme a Jehová y es de los que “piensan en su nombre”. Se piensa en el nombre de una persona que está ausente. Tal era la posición del remanente de Israel antes de la primera venida del Mesías; tal es también la nuestra, la de quienes esperamos su segunda venida.
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Poner a Dios a prueba
Entonces Dios les pone a prueba, o más bien les invita a que le prueben a él. Traed –les dice– los diezmos prescritos por la ley, a fin de que haya alimento en mi casa, y probadme así.
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Primer derramamiento del Espíritu, el día de Pentecostés
A continuación de esta victoria, Cristo, resucitado de entre los muertos y subido a lo alto, habiendo llevado “cautiva la cautividad”, se sentó a la diestra de Dios. Entonces pudo bautizar con el Espíritu Santo a los que creían en Él. Este gran hecho tuvo lugar en Pentecostés.
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Primer rasgo de un remanente: oponerse a toda mezcla con el mundo
Encontramos aquí el primer rasgo que debe caracterizar a un remanente. En un tiempo normal, no se tenía que presentar la genealogía, pues era evidente para todos que un sacerdote no podía pretender un lugar que no le pertenecía.
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Primera división (cap. 4 al 11:18)
Acontecimientos proféticos hasta el establecimiento del reinado de Cristo
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Primera sección - Los seis primeros sellos
Los cuatro primeros sellos son juicios providenciales cuyas causas pueden parecer naturales a los hombres, pues ellas no superan los límites de acontecimientos terrenales del pasado: guerras de conquista, luchas y matanzas mutuas, hambre, en fin, los terribles cuatro juicios de Jehová (Ezequiel 14:21).
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Primera subdivisión - Actores principales de la escena final (cap. 11:19 al 14:5)
Estos capítulos nos presentan los actores principales de la escena final, la cual se desarrolla en el terreno judío y corresponde al paréntesis de la última media semana citada en el pasaje que incluye todo el capítulo 10 y la porción del capítulo 11 que se extiende hasta el versículo 13 inclusive.
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Primera subdivisión - La escena celestial: el trono y el Cordero
La Iglesia responsable ha llegado al final de su historia en la tierra. Los que vencieron fueron trasladados al cielo, según la promesa hecha a Filadelfia. La voz del Hijo del hombre revelado en el capítulo 1 invita al profeta a asistir a la escena celestial. Contempla ahora (cap. 4) el trono del gobierno divino en el cielo, puesto que ya no está en la tierra.
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Profanación y deslealtad
La segunda parte del capítulo 2 aborda un nuevo tema. Ya no se trata aquí del sacerdocio, sino del pueblo.
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¿Puede la nueva naturaleza mejorar a la vieja?
Sólo existe una respuesta: Nada puede mejorar a la carne. Se ha intentado hacerlo de todas las maneras posibles, desde la caída de Adán en el Edén hasta la cruz de Cristo en el Calvario. Pero, ¿cuál ha sido el resultado? El hombre desobedeció voluntariamente la santa ley de Dios, cuando Dios, por ser justo, le pedía que le obedeciese.
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