La casa de oro
La casa de oro

J. Rouw - 2012

¿De qué servía la descripción detallada del Tabernáculo con todas esas medidas, pesos y materiales?, ¿valía la pena dedicar a este asunto tantos capítulos de la Biblia? Esta casa refleja los pensamientos de Dios; trata sobre la gloria del cielo, la ciudad de oro, la nueva Jerusalén. El Nuevo Testamento, en Hebreos 9:23 y 24, dice cosas del Tabernáculo, la Casa de oro, son figuras de las cosas celestiales. Y ¿cuál es el centro del cielo? Toda la riqueza y gloria están reunidas en una maravillosa Persona: El Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo.

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El sumo sacerdote

El que ha visto al sumo sacerdote, o mejor dicho, el que ha visto sus vestiduras y comprende lo que esa ropa nos dice acerca del Sumo Sacerdote celestial, siente un profundo agradecimiento, ya que puede vivir una vida feliz y con una firme confianza.

El efod

Primero estaba el efod, el manto exterior del sumo sacerdote, que también estaba bordado en los cuatro colores que ya sabemos. Pero fíjense que hay hilos de oro entretejidos (Éxodo 39:3).
Hemos visto que el oro habla de la gloria celestial. En efecto, el Señor Jesús ahora es Sumo Sacerdote en el cielo. Él estuvo en la tierra, así que sabe qué significa vivir aquí. Él conoce las dificultades y la tristeza como ningún otro. Ahora puede compadecerse de nosotros, y así lo hace. Él comprende todo acerca de usted y de mí. Ayuda a los suyos, pues es el Sumo Sacerdote compasivo (Hebreos 4:15).

Las piedras sobre los hombros

¿Qué son esas dos piedras colocadas a la derecha y a la izquierda, sobre los hombros del sumo sacerdote?
Son piedras preciosas; seis nombres están grabados en cada piedra, doce en total, el número de las tribus de Israel. Todo el pueblo era llevado sobre los hombros del sumo sacerdote. Así lleva ahora el Señor Jesús a todos los que le pertenecen, todo el pueblo de Dios, sobre sus fuertes hombros, como el buen pastor pone la oveja sobre sus hombros para llevarla a casa.

El pectoral

El pectoral era cuadrado, también entretejido con oro, y sobre él había doce centelleantes piedras preciosas engastadas en oro, todas diferentes. En ellas estaban grabados los nombres de las doce tribus.
Las piedras preciosas son lo más hermoso que produce la tierra, y a veces tienen un valor incalculable.
En el pectoral, cada nombre estaba grabado en una piedra distinta.
Las piedras que estaban sobre los hombros eran dos piedras iguales, pero en el pectoral eran doce diferentes.
En las de los hombros, el pueblo estaba representado como conjunto, pero en el pectoral cada nombre en una piedra aparte.
Podemos alegrarnos por dos razones:
El Señor Jesús lleva la Iglesia como conjunto (en sus hombros), y Él conoce el nombre de cada uno de los suyos en particular (el pectoral).
Si usted es salvo, entonces su nombre es conocido y está escrito en el cielo, y el Señor Jesús lo valora como una piedra preciosa. Este valor no lo tenemos por nosotros mismos, sino que lo recibimos de Él. Entonces Él lo lleva sobre su amante corazón.
Esto no se refiere a los incrédulos, pues las Escrituras nos enseñan que sus nombres son desconocidos para Dios y no están escritos en el Libro de la Vida.
Recuerde la historia del hombre rico (Lucas 16).
Su nombre no se menciona, en cambio el de Lázaro sí. Este nombre significa: “Dios es mi amparo”.
Era desconocido en la tierra, pero bien conocido en el cielo.
Los nombres de los creyentes han sido grabados, y nunca más podrán ser borrados.
Brillan a la luz del cielo, y cuanto más luz, más resplandor.
Todo es pura gracia; todo es por el Sumo Sacerdote.

Todos juntos en sus hombros somos
         – llevados por su poder.

Y cada uno en su corazón es 
         – llevado por su amor.

Y llevará Aarón los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del juicio sobre su corazón, cuando entre en el santuario, por memorial delante de Jehová continuamente
(Éxodo 28:29).

Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús…
(Hebreos 3:1).

Viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal sumo sacerdote nos convenía…
(Hebreos 7:25-26).

Urim y Tumin

Ese pectoral era doble. ¿Por qué?
Porque en él se escondía algo: los Urim y los Tumim. Posiblemente éstas también eran piedras preciosas.
Los nombres significan: Luces y Perfecciones. Cuando alguien tenía que tomar una decisión importante y no veía claramente lo que Dios quería que hiciera, iba al sumo sacerdote. Éste, por medio de los Urim y Tumim, siempre podía decir exactamente cuál era el camino y la voluntad de Dios. Así Dios contestaba a la pregunta y se recibía luz perfecta sobre cómo actuar. Este fue el caso de David en 1 Samuel 30:7-8 (véase también 1 Samuel 28:6; Números 27:21; Esdras 2:63).
Tal vez alguien piense: ¡Ojalá nosotros también tuviésemos tal sumo sacerdote que nos dirigiese en todo!
Pues bien, ¡precisamente lo tenemos! No en la tierra, afortunadamente, pues en este caso tal vez deberíamos viajar mucho para verlo.
Él está en el cielo, pero gracias a la oración tenemos comunicación directa con Él. Podemos ir a nuestro Sumo Sacerdote con cada uno de nuestros problemas, pues ahí está para escucharnos.
Vive para los suyos; no nos deja en la duda. Podemos contarle todo y esperar, tranquilamente, su respuesta (Hebreos 4:14-16).
A su tiempo nos mostrará el camino.

El manto

El manto del efod era todo de color azul.
En el borde había granadas de tres colores con igual número de campanillas de oro intercaladas entre sí.
Esto también es hermoso, si meditamos en ello; porque las campanillas dan sonido; pero sólo sonido o sólo palabras no es suficiente. Por eso había frutas intercaladas. Había el mismo número de frutas que de sonidos, es decir, había tanto obras como palabras.
En Cristo, éstas estaban en perfecto equilibrio… (Lucas 24:19).

La mitra

Sobre la mitra (o gorro) de lino fino, sobre la frente del sumo sacerdote, estaba fijada, con cordón de azul, una lámina de oro fino en la que estaba grabado:

SANTIDAD A JEHOVÁ

El pueblo de Dios era indigno en sí. Pero Dios veía esa lámina de oro con la inscripción y así Israel era santificado.
También el pueblo de Dios en nuestro tiempo sólo es santificado y agradable a Dios en y por el Señor Jesús, nuestro gran Sumo Sacerdote.
“Para que… tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho Sumo Sacerdote para siempre” (Hebreos 6:18-20).