La casa de oro
La casa de oro

J. Rouw - 2012

¿De qué servía la descripción detallada del Tabernáculo con todas esas medidas, pesos y materiales?, ¿valía la pena dedicar a este asunto tantos capítulos de la Biblia? Esta casa refleja los pensamientos de Dios; trata sobre la gloria del cielo, la ciudad de oro, la nueva Jerusalén. El Nuevo Testamento, en Hebreos 9:23 y 24, dice cosas del Tabernáculo, la Casa de oro, son figuras de las cosas celestiales. Y ¿cuál es el centro del cielo? Toda la riqueza y gloria están reunidas en una maravillosa Persona: El Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo.

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Las cubiertas del tabernáculo

Las tablas de las paredes y las columnas de donde colgaban las cortinas son el armazón del edificio. Por encima de esto se extendían cuatro cubiertas que formaban el techo.
Ellas protegían la casa de oro y la aseguraban contra la intemperie.
El que se encontraba en el lugar santo, o en el santísimo, y miraba hacia arriba… quedaba admirado. Era como si mirara dentro del cielo. Porque allí veía una cubierta grande y espléndida de los cuatro colores, con querubines. Era como si se le anunciara: ¡Aquí vive el Santo!
Esta era la más baja de las cuatro cubiertas que cubrían todo.
Tenía 40 por 28 codos.
Encima de ésta se hallaba la segunda cubierta, hecha de pelo de cabra. Ésta tenía 44 por 30 codos, así que era más grande que la de abajo. Se la llamaba “cubierta sobre el tabernáculo” (Éxodo 26:7).
Protegía la primera hermosa cubierta, y a la vez aseguraba y separaba todo el edificio de sus alrededores.
Simbólicamente estas cubiertas, y en especial la segunda, representan la separación. Esto quiere decir que la casa de Dios (la que ahora son los creyentes) está separada del mundo y de todo lo que no concuerda con la presencia de Dios.
Notemos que esta separación no significa severidad para con los incrédulos, sino precisamente con respecto a sí mismo, separándose uno mismo del mal. Esto lo hizo Cristo a la perfección cuando estaba en la tierra.
Pieles de carnero teñidas de rojo formaban la tercera cubierta.
Un carnero se mataba, por ejemplo, en la consagración de los sacerdotes, cuando éstos eran dedicados al servicio de Dios (Éxodo 29:15-35 y Levítico 8:2). Este sacrificio representa la completa consagración del Hijo a su Padre, obediente ¡hasta la muerte de cruz! (Filipenses 2:8).
Esas pieles estaban teñidas de rojo. Esto refuerza el pensamiento de su muerte y el derramamiento de su sangre.
La cubierta exterior era de pieles de tejones.
Esta cubierta no parece atractiva desde afuera.
Un incrédulo no puede apreciar a Cristo, pero el que le ha conocido se siente seguro y protegido.
Esta cubierta resistía a todas las influencias externas. Así era Cristo, el Invariable; el pecado no le podía alcanzar.
Él pudo resistir cualquier tentación u oposición. Bajo su protección estamos seguros. Y así somos guardados en comunión con Él.