La mesa con los panes
Frente al candelero estaba la mesa de oro.
En la mesa había doce panes, tantos como tribus había en el pueblo de Israel.
La mesa es Cristo (recuerde la madera recubierta de oro). Como la mesa llevaba el pan, así Cristo lleva el pueblo que Dios tiene actualmente.
Como es Él quien los lleva, Dios se complace en ellos. Y Dios los ve a la luz del candelero celestial.
Los doce panes representan a todo el pueblo de Israel. Cuando diez tribus fueron llevadas cautivas a Asiria y sólo quedaron dos en el país, siguió habiendo doce panes en la mesa.
Así también debemos ver en nuestro tiempo los doce panes: con nuestro corazón, nuestro amor, nuestra oración, debemos abarcar a todo el pueblo de Dios. Debemos reconocer, para vergüenza y humillación nuestra, que ese pueblo de Dios está dividido, que hay desunión, grupos, sectas… Pero entre ellos, en todas partes se encuentran hijos de Dios. A los ojos de Dios existe esta unidad, y Él conoce a los suyos. Nosotros queremos tenderles fraternalmente la mano y amarlos de corazón.
Padre… yo ruego por ellos… los que me diste para que sean uno, así como nosotros…
(Juan 17)
Había una cornisa o marco de oro de un palmo de ancho que rodeaba la mesa, y alrededor de éste había otro remate de oro. Sin duda estos tenían la misión de evitar que los panes se deslizaran o se cayeran de la mesa.
El Señor Jesús es parecido a ese borde de oro. Tiene a los suyos en su mano; los protege. Las manos del Hijo de Dios, ¿no son lo bastante fuertes como para sostener a todos los suyos?
El pan
Cada sábado los sacerdotes comían los panes y luego los reemplazaban por panes nuevos. El pan de la mesa de oro era el alimento de los sacerdotes.
Así lo había ordenado Dios.
Juan 6:32-58 dice: “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre”.
La vida del cristiano se alimenta del Pan verdadero. Alimentarnos de Él, ocuparnos de Él por su Palabra, empaparnos de Él, gozar de Él… ¡Esto es lo que da crecimiento espiritual y verdadera bendición!
