La puerta

¡Qué puerta tan ancha y maravillosa!

Debido a nuestros pecados Dios debería decir: «Quédense todos afuera en la oscuridad eterna; váyanse todos a la perdición». Pero entonces interviene el milagro de la gracia de Dios: Él hizo una puerta para todos, ¡y esta puerta es el Evangelio, las Buenas Nuevas! ¡Qué puerta!

1. La puerta es ancha: mide 20 codos, o sea, 10 metros. No existen muchas puertas tan anchas. El amor de Dios hizo una puerta tan ancha para todos aquellos que quieran entrar por ella. Con esto Dios nos quiere decir que hay libre entrada para todos. Dios es el Salvador que quiere que todos los hombres sean salvos (1 Timoteo 2:3-5). Todo el que lo desee puede ir a Él (Apocalipsis 22:17).

2. Es una hermosa puerta de cuatro colores. Está bordada en azul, púrpura y escarlata sobre un fondo blanco. Así es la puerta de la entrada. Estos colores nos hablan de la Persona del Señor Jesús. Volveremos a hablar de esto más tarde.

3. Entrar es fácil. La puerta no es ni de madera ni de metal, sino es una cortina de 20 codos de ancho y 5 de alto. Hasta un niño puede entrar. Tanto a jóvenes como a viejos se les da la BIENVENIDA.

4. Sólo hay una puerta. El mismo Señor Jesús nos aclaró el significado de esta puerta cuando estaba en la tierra. Él dijo: “YO SOY LA PUERTA; el que por Mí entrare, será salvo” (Juan 10:9).

Por Él tenemos la entrada al Padre (Efesios 2:18 y 3:12).

Sólo Él es el Salvador. Entonces no es como algunos dicen: «Cada uno puede salvarse como le parezca».

Existe una única manera de ser salvo. Hay “un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo Hombre” (1 Timoteo 2:5).

Sólo Él da acceso a la morada de Dios.

La puerta cerrada

Pero la Biblia también dice que un día la puerta será cerrada.

La puerta de la salvación se cerró en el caso del arca (Génesis 7:16-23).

El que no entró por ella se ahogó.

La puerta que daba a la fiesta se cerró, en el caso de las bodas (Mateo 25:1-10).

Las cinco vírgenes insensatas que querían entrar a las bodas llegaron demasiado tarde.

Sólo hay dos posibilidades: adentro o afuera.
Adentro: salvo, en la fiesta, eternamente. 
Afuera: perdido, en la noche, eternamente.

Es una cuestión de vida o muerte, de luz eterna o noche oscurísima, sin fin.

O usted ha entrado por el Señor Jesucristo, o usted está fuera.

Si todavía no ha entrado: ¡cuidado!, la puerta puede cerrarse de repente. Por ejemplo, en la hora de su muerte, inesperada a veces. ¡Quién sabe si será pronto!

Además, la venida del Señor Jesús está cerca. Si en ese momento usted no ha entrado, entonces será TARDE para siempre.

Imagínese, usted se encontrará delante de una puerta cerrada que nunca volverá a abrirse. “Allí será el lloro y el crujir de dientes”, el remordimiento. Entonces pensará: «Ojalá hubiera entrado mientras leía ese librito: «La casa de oro».

¿Con cuál de esas dos frases se identifica usted?

- Estoy adentro. 
- Estoy afuera.

¿Cuál de estas dos puede tachar?

¿Tiene el valor de contestar sinceramente?

La puerta todavía está abierta. Cristo todavía le espera con los brazos abiertos, diciéndole:

¡Ven a Mí con tus pecados, VEN!