El suelo
¿De qué estaba hecho el piso del tabernáculo?
Tal vez usted piense: De lo mismo que las paredes, de oro; o de madera.
Ambas suposiciones son incorrectas. El suelo era de arena.
¿Es posible? La casa de Dios, tan fantástica y hermosa, destinada a la más alta Majestad, ¿tenía un suelo de arena? Sí, la casa de Dios, que contenía todos esos objetos de oro, estaba colocada en la arena.
Esto significa, para nosotros, que el pueblo de Dios está en marcha por un desierto que no puede ofrecer nada a la nueva vida del cristiano. La caravana prosigue su camino; hay dificultades, tristezas y sinsabores; la enfermedad y la muerte también nos rodean.
Pero no estamos solos: Dios nos acompaña en el desierto día a día.
Él no abandona a su pueblo. ¡Qué amor! ¡Qué inmenso apoyo! Cuando usted tiene dificultades, Él está a su lado.
“Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra… he aquí Yo estoy con vosotros” (Mateo 28:18-20). ¡Perseveremos, pues Él está con nosotros!
Pronto alcanzaremos la meta final, ¡y entonces estaremos con Él!
