Daniel
Daniel

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 9

Anuncio del fin de la deportación – La confesión de Daniel

Este hermoso capítulo nos muestra a Daniel haciendo uso de dos recursos, los que siempre están a nuestra disposición: la Palabra y la oración.

Esta vez no es enseñado mediante una visión, sino al escudriñar las Escrituras.

Por ellas se entera:

1) de que la liberación de Israel está cercana (v. 2; véase Jeremías 29:10 y sig.);

2) por qué motivos la mano de Jehová hirió y dispersó a su pueblo y en qué condiciones la restauración puede tener lugar (v. 11; léase Levítico 26:40 y sig.);

3) de la actitud conveniente para que Dios escuche y perdone (léase 1 Reyes 8:47 y sig.)

Vuelto su rostro hacia Jerusalén y hacia Dios el Señor, Daniel vuelve a tomar las expresiones dictadas por Salomón palabra por palabra: “Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente…” (v. 5, 15; cap. 6:10). Daniel no solo nos es presentado como irreprochable, sino que aun sufrió las consecuencias del pecado de otros durante toda una vida de exilio. No obstante, confiesa la iniquidad como siendo suya; experimenta el dolor y la humillación de ella ante Dios; carga con las transgresiones de su pueblo. Es lo que Cristo hizo perfectamente. Exento de todo pecado, cargó con los nuestros, los confesó como siendo sus pecados, soportando, solo, en nuestro lugar, el castigo que habíamos merecido (Salmo 40:12).

Llamado a la misericordia de Dios – Las 70 semanas de años

Aquí Daniel no obra como profeta (comp. v. 6), sino más bien como abogado de Israel. Sabe hallar los argumentos justos, exactos para tocar el corazón de Dios. Le pide que intervenga “por amor del Señor” (v. 17), “en tus muchas misericordias” (v. 18), “por amor de ti mismo porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo” (v. 19; comp. Salmo 25:11; Levítico 22:32). Tal oración es agradable a Dios, quien se apresura a contestarla. Su mensajero de nuevo es Gabriel, el mismo que será escogido para anunciar el nacimiento del Salvador y el de su precursor (Lucas 1:19 y 26). Pero aquí el ángel no está encargado de transmitir un feliz mensaje, ¡ni mucho menos! Esclarece la inteligencia de Daniel acerca de:

1) el rechazo del Mesías después de 69 (7 + 62) semanas de años. Esos 483 años (69 x 7) deberán contarse a partir del comienzo de la reconstrucción de Jerusalén en el tiempo de Nehemías;

2) la destrucción de la ciudad y del templo por los romanos al mando de Tito (v. 26); por fin, en un tiempo aún venidero, la trágica equivocación de los judíos que, enceguecidos por Satanás, reciben en lugar de Cristo a “un desolador”, el Anticristo (v. 27). En el capítulo 24 de Mateo, versículos 15 y siguientes, el Señor Jesús con solemnidad confirma las profecías de Daniel.