Capítulo 11
Rivalidades entre los reyes del norte y del sur, profecías cumplidas
Este capítulo anuncia y cuenta en detalle la rivalidad de las cuatro dinastías que iban a repartirse el imperio griego de Alejandro. En ese rey del norte se reconoce la estirpe de los seléucidas, la que gobernó las regiones situadas al norte de Palestina: Siria y Asia Menor; en tanto que los reyes del sur son los lágidas (o tolomeos) que poseían a Egipto. Entre esas dos potencias rivales debían alternarse guerras y tratados de alianza con los humanos halagos, chantajes, casamientos diplomáticos y asesinatos. Las relaciones entre las naciones no han cambiado desde entonces y los manuales de Historia solo son el triste reflejo de lo que contiene el corazón humano: codicia (v. 8), violencia y crímenes (v. 14), malas costumbres (v. 17), fraude (v. 23), corrupción (v. 24), traición (v. 26) y mentiras (v. 27).
A dos mil años de distancia, ¡cuán vanos parecen esos conflictos en los que está en juego la tierra de Israel (v. 16) y que enfrentan a esos vanidosos monarcas durante cortos años!
La política internacional del tiempo de los reyes tolomeos y seléucidas está descrita de antemano de manera tan exacta que ciertos incrédulos, confundidos, hicieron todo lo posible por demostrar que este capítulo solo podía haber sido escrito después de los acontecimientos que anuncia.
Antíoco Epífanes – El Anticristo – El futuro rey del norte
Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, es decir, no puede ser aislada del plan general de Dios (2 Pedro 1:20). A partir del versículo 36, como lo prueban las palabras del Señor mismo, es cuestión de acontecimientos aún venideros, a los cuales, de alguna manera, los del pasado sirvieron de bosquejo e introducción. Así, Antíoco Epifanio, rey de Siria, está designado sin equívoco en el versículo 31. Para vengarse de los judíos, sacrificó una cerda en el templo e hizo colocar en él una estatua de Júpiter. No obstante, no es más que una figura del futuro rey del norte o asirio. A ese personaje profético se aplican los versículos 40 a 45, mientras que los versículos 36 a 39 conciernen al Anticristo, «el rey», quien en ese tiempo del fin se hará adorar en Jerusalén. Será el superhombre esperado, quien, bajo el dominio de Satanás, reunirá en su persona todas las perversas y orgullosas tendencias del corazón humano. Obrar según su antojo (en absoluto contraste con Cristo: Hebreos 10:7), proferir las peores blasfemias contra Dios, despreciar a Su Cristo, elevarse por encima de todo, apoyándose en el dinero, la violencia y la mentira, tal es por cierto el espíritu del Anticristo, el que no es difícil discernir en el mundo actual (1 Juan 2:18, 22-23).
