Daniel
Daniel

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 1

Daniel y sus amigos deportados a Babilonia

Daniel se distingue de los demás profetas. Su libro abarca el tiempo de las naciones (Lucas 21:24 final), es decir, el muy largo período que se extiende desde la transportación a Babilonia hasta el futuro restablecimiento de Israel bajo el reinado de Cristo. Pero ese varón de Dios también nos habla mediante su ejemplo. ¡

Cuántas lecciones podemos aprender de él! La primera es esa firme decisión de corazón de no contaminarse… (v. 8).

Como joven extranjero traído a la corte del monarca pagano, podría hallar muchas excusas para acomodarse al régimen real (contrario a los mandamientos de la ley). ¿Qué queda del culto judío ahora que una parte de los utensilios del templo destruido se halla en Babilonia? (v. 2). Él mismo ¿no es un cautivo, objeto de una particular benevolencia, la que él menospreciaría si rehusara la comida del rey? ¿No sería peligroso atraer la atención hacia él y sus amigos? Pero, para ese hombre de fe, ni sus dificultades personales, ni el ambiente hostil, ni la ruina del culto judaico quitan algo de la autoridad de la palabra de Dios. Queridos amigos, esta palabra ¿tiene el mismo valor para nosotros? Entonces, seamos también cuidadosos como esos jóvenes para quitar de nuestro «régimen» todo lo que pueda contaminar nuestro cuerpo y nuestro espíritu (2 Corintios 7:1).

Su comportamiento en un ambiente hostil – Dios bendice

Si tenemos el deseo de ser fieles al Señor, siempre podremos contar con su socorro. Él es dueño de nuestras circunstancias y, cuando valientemente nos ponemos de su lado, no permite, a causa de su gloria, que seamos confundidos ante el mundo.

“Yo honraré a los que me honran”: esa sigue siendo su promesa
(1 Samuel 2:30).

Aquí Dios interviene de dos maneras acerca de Daniel y de sus compañeros. En primer lugar, dispone favorablemente el corazón de Aspenaz (comp. la historia de José, en Génesis 39:21). Luego permite que el aspecto físico de los cuatro jóvenes justifique el cambio de alimento. En el plano espiritual, ciertos jóvenes cristianos que estudian pueden hallarse en la misma situación que Daniel y sus tres amigos. A los ojos del hombre, el hecho de abstenerse de ciertas fuentes de instrucción y cultura, actualmente consideradas como indispensables, debería ponerlos en inferioridad de condiciones respecto de sus compañeros. Si renuncian a ellas con fe, se les asegura la bendición de lo alto.

Así ocurre con esos cuatro estudiantes, quienes pasan su examen brillantemente. Serán fieles testigos de Dios, mientras que no oiremos hablar más de los otros jóvenes (Salmo 119:98, 100).