Daniel
Daniel

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 6

Conspiración contra Daniel

El imperio de la «cabeza de oro» pasó en una sola noche. Daniel, presente en sus comienzos, también asistió a su caída 70 años más tarde. Y volvemos a hallar al profeta, anciano de casi 90 años, dominando los acontecimientos y las personas. No le impresiona más el esplendor humano que su derrumbe. Aunque extranjero (tanto en el sentido moral como en el propio) sirvió con la misma conciencia al vanidoso Nabucodonosor, al mundano Belsasar y ahora al débil Darío (comp. 1 Pedro 2:18). Esa fidelidad le vale la confianza del soberano y la envidia de sus colegas. Estos conspiran contra él, y el rey, inducido en error por su hipócrita gestión, firma un irrevocable decreto. Pero Daniel, por más buen servidor que sea, no puede someterse a él. Fue necesaria esa inicua conspiración para que nos enteremos de que el hombre de Dios tenía una santa costumbre: tres veces al día se arrodillaba en su habitación para invocar a su Dios (léase 1 Reyes 8:48, 50; Salmo 55:17).

Queridos amigos, podemos ponernos de rodillas tanto como lo deseemos sin ser inquietados. Usemos de este privilegio para hallar en él, como Daniel, la oculta fuente de la fuerza y de la sabiduría.

Daniel salvado milagrosamente del foso de los leones

En el foso de los leones se renueva el milagro del horno ardiente del capítulo 3. El varón de Dios es guardado de los dientes de las fieras como en otros tiempos sus tres amigos lo fueron del ardor del fuego.

Hebreos 11:33-34 nos revela su común secreto: por fe taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos”.


Uno puede preguntarse por qué Dios liberó a esos siervos cuando tantos otros mártires dejaron su vida en las hogueras o las arenas (comp. Hebreos 11:37). Ante todo, Dios protegió a sus testigos para mostrar su poder: aquí Él estaba comprometido frente a Darío. Este episodio de la vida del profeta corresponde palabra por palabra a la experiencia relatada en el Salmo 57 (v. 4-5 y el solemne v. 6).

¡Cómo nos hace pensar Daniel en el Señor Jesús! Así fue Cristo, fiel del principio al fin: extranjero, separado del mundo, pero siempre dispuesto a hacer el bien y a revelar el pensamiento de Dios acerca del mundo.

Como Daniel, no dio motivo a las acusaciones y fue condenado sin razón, a causa de su misma fidelidad (comp. v. 4). Pero salió triunfante de la muerte (ese dominio del león rugiente: Salmo 22:13, 21), la cual será la parte de los malvados. ¡Sí, gloria a nuestro Redentor!