El silencio del Señor (nº 10, parte 2)

Mateo 26:62-64 – Mateo 27:12-14 – Isaías 53:7-8

Callar mientras se sufre la injusticia y el maltrato nunca ha sido popular. En general, el sufrimiento injusto debe darse a conocer públicamente y ser rechazado. La Biblia también muestra que, tarde o temprano, el daño causado a alguien saldrá a la luz. Pero Dios se encargará de eso, no el hombre. Durante sus aproximadamente tres años y medio de servicio, el Señor Jesús proclamó el reino de Dios, pronunció discursos y advirtió claramente a sus oponentes (comp. Mateo 4:23; 5-7; 23:13-39). Pero cuando llegó la hora de su martirio, a menudo permaneció en silencio, incluso en situaciones extremas:

  • Durante el primer interrogatorio (fueron seis en total), en plena noche, en el concilio (sanedrín), que es el juicio judío, falsos testigos presentaron cargos contra el Señor, y el sumo sacerdote exigió que respondiera. Pero Jesús “callaba” (Mateo 26:62-63; Marcos 14:61). Él no se defendió, lo que habría sido muy fácil para él. Solo cuando la gloria de Dios estuvo en juego, él respondió (Mateo 26:64; Marcos 14:62).
  • Temprano en la mañana, los sumos sacerdotes y los ancianos llevaron al Señor Jesús ante Pilato y lo acusaron de muchas cosas. Otra vez el Señor permaneció callado (Mateo 27:12); solo confirmó su dignidad real a Pilato. Podría haber usado esta oportunidad para defenderse, pero puso todo en las manos del Dios que juzga justamente (1 Pedro 2:23).
  • Aparentemente Pilato quería ayudar a Jesús; era como si le dijera: «Responde, así las cosas se aclararán». Pero Cristo guardó silencio por tercera vez, no respondió ni una palabra, para gran asombro de Pilato (Mateo 27:13-14; Marcos 15:4-5). Jesús, el Cordero de Dios, no abrió la boca para defenderse a sí mismo (ver Isaías 53:7-8).
  • Herodes estaba involucrado en el indigno «juicio contra Jesús» e hizo muchas preguntas al Señor. Además, los sumos sacerdotes y los escribas volvieron a formular fuer-tes acusaciones. La reacción de Jesús fue la misma: “Nada le respondió” (Lucas 23:8-11). Aunque el Señor fue humilla-do, guardó plenamente su dignidad y se mantuvo íntegro en este ostentoso juicio.
  • Llevaron otra vez al Señor ante Pilato, quien le interrogó nuevamente, y le preguntó: “¿De dónde eres?”. Probablemente, en una conversación privada (Juan 18:33-38), Pilato se había enterado de quién era Jesús, por lo que la nueva pregunta tal vez fue solo una provocación. Pero otra vez la respuesta del Señor (¡la quinta!) fue el silencio. Pilato reaccionó con ira, y afirmó algo que indujo al Señor a hablar para defender la gloria de Dios (Juan 19:8-11). Jesús calla-ba cuando se trataba de sí mismo, pero hablaba cuando se trataba de la gloria de Dios: ¡ambas actitudes revelan las perfecciones de nuestro Señor!
  • Aunque el texto bíblico no lo menciona expresamente, como lo hizo durante los interrogatorios, nos sorprende el silencio de nuestro Salvador ante los terribles maltratos, burlas, escarnios, miradas despreciativas, ¡antes de la cruz y en la cruz! El silencio tuvo su tiempo (ver Eclesiastés 3:7) en estas horas de sufrimiento, y mostró la grandeza interior y la dignidad del Cordero de Dios.

¡Señor, tus sufrimientos revelan tus glorias!