Un verdadero amigo

Juan 15:13 – Daniel 1:6-20 – 1 Samuel 18:1-4

Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.

Juan 15:13

 

“Vosotros sois mis amigos” – el Señor Jesús como ejemplo

Eso fue precisamente lo que el Señor Jesús hizo por usted y por mí: dio su vida para salvarnos. Su amor hacia nosotros y sus excelentes cualidades nos muestran lo que debe caracterizar toda verdadera amistad:

– Él siempre está a nuestro lado y cuida de nosotros (Mateo 28:20; Ezequiel 34:11).

– Él es fiel y nos protege del mal (2 Tesalonicenses 3:3).

– Él confía en nosotros y nos comunica sus propias alegrías (Juan 15:15).

En lo concerniente a nosotros, ¿qué caracteriza nuestra relación con el Señor? ¿Cómo respondemos a su amor, sus cuidados, su fidelidad y su protección? ¿Tenemos una relación de confianza con él? ¿Nos interesamos por las cosas que son importantes y preciosas para él? ¿Mostramos fidelidad en las pequeñas y en las grandes cosas?

La verdadera amistad entre creyentes

Si tenemos una buena relación con el Señor Jesús, también podremos construir verdaderas amistades entre nosotros.

La verdadera amistad, en el sentido bíblico, solo puede existir entre cristianos nacidos de nuevo. Santiago dice claramente: “¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios?” (Santiago 4:4).

Proverbios 17:17 es un versículo clave respecto a la amistad entre creyentes: 

En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia.

Una verdadera amistad no depende de las circunstancias ni de los posibles errores del otro: “En todo tiempo ama el amigo”. Y es precisamente en los momentos difíciles cuando un amigo es como un hermano compasivo que ayuda a sobrellevar las cargas.

El libro de los Proverbios contiene muchas enseñanzas sobre la amistad. Por ejemplo: “El cordial consejo del amigo (alegra) al hombre” (Proverbios 27:9). El que da un consejo sincero a su amigo buscando su bien es realmente un amigo muy valioso.

La verdadera amistad se manifiesta en la fidelidad y la constancia. El vínculo amistoso se hace aún más fuerte cuando podemos compartir con confianza y sinceridad, incluso nuestras faltas.

Veamos dos ejemplos de amistades verdaderas del Antiguo Testamento:

Daniel y sus amigos (Daniel 1:6-20; 2:16-23,49)

La historia de Daniel y sus tres amigos nos enseña muchas lecciones sobre las amistades que podemos tener hoy. Exiliados, en un entorno inicuo e idólatra, estos cuatro jóvenes permanecieron fieles no solo a los mandamientos de Dios, sino también entre ellos. ¿De dónde sacaron la fuerza para mantener esta amistad en circunstancias tan difíciles? El temor de Dios los unió de tal manera que Daniel pudo dirigir su petición común al jefe de los eunucos (capítulo 1). ¿Qué sucede con usted y sus amigos? ¿Los une el temor de Dios y el gozo que da su Palabra? ¿O los une un interés común por el fútbol, la moda o cualquier otro pasatiempo?

El capítulo 2 muestra otro vínculo que unía a estos cuatro jóvenes: oraban juntos. Las pruebas eran cada vez más duras, incluso estaban en peligro de muerte. En estas circunstancias, Daniel pidió al rey un plazo para que él y sus amigos pudieran pedir “misericordias del Dios del cielo” (Daniel 2:18). ¿Tiene un amigo o amigos con los que pueda orar?

David y Jonatán (1 Samuel 18:1-4; 23:16; 2 Sam. 1:26)

Si leemos la historia de David y Jonatán, veremos la amistad tan especial que existía entre estos dos jóvenes. Ella se basaba en su relación con el Señor, el Dios de Israel. Cuando Saúl perseguía ferozmente a David, Jonatán fue a verle para fortalecer su mano en Dios (1 Samuel 23:16).

¿Qué podemos aprender de esta historia? Una verdadera amistad siempre necesita un fundamento espiritual. Su propósito esencial es servir de ayuda mutua y de estímulo en la fe. “Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero” (Eclesiastés 4:9-10).

Tenemos tantas oportunidades de fortalecer nuestras manos para hacer el bien (cf. Nehemías 2:18). Podemos escribir un mensaje con un versículo bíblico, o enviar un enlace de un buen artículo cuyo mensaje nos haya sido de provecho espiritual. Si sabe que su amigo está solo, ¿por qué no llamarlo? Si viven cerca, reúnanse con regularidad para compartir, orar, leer la Palabra y ayudar a los demás.

Como Jonatán, estemos dispuestos a abandonar el palacio real, es decir, nuestra comodidad, para visitar a nuestro amigo en “el desierto” y hablar de cosas espirituales, orientándonos hacia el Señor Jesús. En sus circunstancias particulares, David y Jonatán podían contar el uno con el otro. Nuestras amistades también deben caracterizarse por la confianza mutua, la transparencia y la fidelidad. Quizás un amigo se encuentre en una situación de angustia que solo usted conoce: escúchelo, no defraude su confianza. Con la ayuda de Dios, muéstrese “como un hermano en tiempo de angustia” (Proverbios 17:17).

Conclusión

Que nuestro Dios fortalezca las amistades que ha creado entre los verdaderos creyentes. Que nos conceda nuevas y verdaderas amistades que nos ayuden a seguir juntos al Señor Jesús y a servir a nuestro Dios y Padre.