Antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído.
Isaías 65:24
Constantes en la oración.
Romanos 12:12
Una respuesta inmediata
El creyente ora; Dios escucha y responde. A veces responde incluso antes de que oremos por el asunto, a veces mientras estamos orando… Otras veces la respuesta tarda horas, días, semanas o años.
- El siervo de Abraham fue a buscar una esposa para Isaac entre los parientes de su amo. Oró a Dios para que le mostrase la joven destinada para Isaac. Antes de que terminara la oración, la joven que Dios había escogido estaba de pie ante él (Génesis 24:15). ¡Dios respondió mientras el siervo aún estaba orando!
- Nehemías, el copero del rey Artajerjes, estaba sirviendo vino cuando el rey le hizo una pregunta. Su futuro dependía de la respuesta que diera al rey. Entonces dirigió una breve y silenciosa oración a Dios, pidiéndole sabiduría y ayuda. Dios le dio una respuesta inmediata y el rey reaccionó favorablemente.
- Los creyentes se habían reunido y estaban orando por el apóstol Pedro, quien había sido encarcelado (Hechos 12:5, 13). Pero Dios envió un ángel para liberarlo, y Pedro llegó a la casa mientras ellos oraban.
Una respuesta al momento oportuno
Dios conoce de antemano las oraciones que le vamos a dirigir y prepara la respuesta para el momento oportuno según su sabiduría. Confiemos en él; su paz guardará nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús (Filipenses 4:7).
- José había sido encarcelado injustamente, y oraba. Pasó mucho tiempo, hasta que tuvo la oportunidad de ayudar a un prisionero que pronto sería liberado. José le rogó que se acordase de él cuando saliera de la cárcel, y esperaba que gracias a él pronto sería libre; pero el hombre lo olvidó completamente. Pasaron dos años más antes de que José fue-se liberado (Génesis 40:23; 41:1-40). Su paciencia fue puesta a prueba, pero su fe no fue decepcionada. ¡Dios no lo había olvidado! La liberación fue completa: José se convirtió en gobernador de todo Egipto.
- El rey Ezequías estaba enfermo. Dios envió al profeta Isaías para que le dijera que ordenara su casa porque iba a morir. El rey oró y lloró mucho. Entonces Dios dijo a Isaías que se devolviera y dijera al rey que su vida sería prolonga-da. La respuesta de Dios a Ezequías fue muy rápida, y tres días después fue sanado (2 Reyes 20:5-7).
- El profeta Daniel oró fervientemente, y solo después de tres semanas un ángel se le apareció. Sus oraciones fueron oídas desde el primer día, pero hubo oposición para su cumplimiento (Daniel 10:12). Esta escena muestra que a veces la oración toma el carácter de una verdadera lucha contra los poderes espirituales de maldad (Efesios 6:12). Dios escucha la oración desde el primer momento, incluso si la respuesta tarda en llegar.
No usar medios humanos para obtener una respuesta
- Abraham tenía alrededor de 75 años cuando Dios lo llamó a dejar su tierra y su parentela, y le prometió una gran descendencia. Abraham creyó la palabra de Dios; pero pasaban los años y no tenía hijos. Sara, su esposa, estaba desesperada y ansiosa, entonces decidió dar su sierva Agar a Abraham como mujer para obtener la descendencia prometida (según las costumbres de la época). Ismael nació cuando Abraham tenía 86 años. Trece años después, cuando Sara tenía 90 años y Abraham 100, ¡toda esperanza parecía perdida! Sin embargo, Dios, que no puede mentir, cumplió su promesa: Sara dio a luz a Isaac. Habían pasado unos veinticinco años desde que Abraham recibió las promesas de Dios. Su fe, como la de Sara, puesta a prueba durante mucho tiempo, triunfó, para la gloria de Dios.
Una respuesta negativa
- El apóstol Pablo, siervo de Dios e imitador de Cristo, tenía un problema de salud, “un aguijón” en su carne, lo cual hacía que su palabra fuera “menospreciable” (2 Corintios 10:10). Por eso dijo: “Tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (cap. 12:8-9). Aquí la respuesta del Señor a su siervo fue negativa, pero Dios le prometió su gracia. El apóstol tuvo que soportar el desprecio para que el poder de Dios brillara más en su mensaje, y para ser preservado del orgullo.
Es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa (Hebreos 10:36).
Más pensamientos acerca de la oración
Estas oraciones fueron respondidas en espacios de tiempo muy diferentes, desde unos pocos segundos hasta décadas. He aquí algunas conclusiones:
- Cuando oramos, Dios siempre nos da su respuesta en el momento preciso en que la necesitemos.
- Hay situaciones de emergencia en las que no tenemos la posibilidad de aislarnos para orar. ¡Es suficiente mirar a Dios con fe!
- Nuestras oraciones pueden tener el carácter de lucha, intercediendo por uno o varios creyentes, o por la Iglesia. A veces Satanás se opone fuertemente para evitar que recibamos la respuesta, pero Dios siempre tiene la última palabra. ¡Perseveremos y no abandonemos la lucha!
- Puede suceder que Dios ponga a prueba nuestra fe. La respuesta tarda tanto que nos parece que Dios se ha olvidado de nosotros. Pero no es así, pues nuestra paciencia y perseverancia lo glorifican. Como Abraham, sigamos creyendo, aunque parezca que ya no hay esperanza…
- Si estamos convencidos de que tal o cual oración está de acuerdo con la voluntad y las promesas de Dios, no nos desanimemos. Dios tiene la respuesta correcta, y en el momento oportuno recibiremos “lo prometido”.
Dios nunca nos hace esperar sin razón. Él adapta su respuesta a cada caso, con sabiduría y bondad, para nuestro bien y para su gloria.
No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón (Hebreos 10:35).