Saúl nombrado rey

1 Samuel 10:13-27

Ahora que Dios ha dado a conocer al rey, a quien otorga a su pueblo, Samuel convoca a Israel para presentárselo. Sin embargo, es necesario probar que esta elección proviene de Jehová y ello es confirmado delante de todos por medio del sorteo. Saúl es designado y el pueblo lo aclama con alegría, diciendo: ¡Viva el rey! ¿Día de fiesta y de alegría? ¡Ah, más bien triste día en la historia de Israel! “Vosotros habéis desechado hoy a vuestro Dios”, declara el profeta (v. 19). Esta escena nos transporta a muchos siglos más tarde, cuando ese mismo pueblo rechaza al Hijo de Dios al afirmar a Pilato: “No tenemos más rey que César” (Juan 19:15); o también, según la parábola de Lucas 19:14: “No queremos que este reine sobre nosotros”. No es sobre un trono, sino sobre una cruz donde Israel elevará a su Mesías, una cruz que llevará esta inscripción:

JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS
(Juan 19:19).

Pero este rey, despreciado, ultrajado, coronado de espinas, pronto aparecerá como el Rey de gloria (Salmo 24 y muchos otros pasajes).

Decirle no a Dios es dar pruebas de una osadía poco común. Tres veces el pueblo pronunció esta pequeña palabra en contra de Dios (1 Samuel 8:19; 10:19; 12:12). Hoy en día, ¿no hay muchas maneras y oportunidades en las que corremos el riesgo de hacer lo mismo? 

Forma parte del comentario bíblico "Cada Día las Escrituras"