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La diversidad en la unidad

Cristo es la cabeza del Cuerpo, el jefe (Efesios 1:22; Colosenses 1:18). Los rescatados son los miembros del Cuerpo (1 Corintios 12:27; Romanos 12:5). Los miembros son complementarios los unos de los otros, y cada uno tiene una función particular.

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La gloria

¿Qué es la gloria? Destaquemos que, cuando en Apocalipsis 2 y 3 se habla de “las cosas… que son”, la conclusión es “oír” (cap. 2:7, 11, 17, 29; 3:6, 13, 22). Pero, desde el capítulo 4, en el cual Juan está en el cielo, se repite constantemente: “Vi”. Esto nos permite decir que la gloria será “ver”. Más de un cántico así lo expresa:

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La oposición

La oposición proviene del odio de los hombres conducidos por Satanás: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros… porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece… Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Juan 15:18-20).

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La oración cotidiana, sea en la vida individual o familiar

En Deuteronomio 11:18-20 Dios exhorta a su pueblo a poner sus palabras en su corazón, a enseñarlas a sus hijos, a hablar de ellas “cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes”. Igual sucede con la disposición para la oración.

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La oración eficaz

No olvidemos, por otra parte, que la oración y su otorgamiento están en relación:

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La oración incesante

La Palabra de Dios está llena de exhortaciones a la oración y ciertamente no debemos despreciarlas. Se ha dicho que la oración es la incesante respiración del nuevo hombre. “Orad sin cesar” dice el apóstol a los tesalonicenses en la primera epístola, capítulo 5:17.

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La oración ligada a las etapas de la vida

En Números 28:3-4, el holocausto diario era ofrecido por la mañana y por la tarde, y el olor del sacrificio subía a Dios en olor agradable. Pero el día de reposo (el sábado) se ofrecían dos corderos más que los del holocausto continuo: era un día para Dios, y se traía doble ofrenda, tanto en la mañana como en la tarde.

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La Palabra es el remedio

Para escapar de las sutilezas del enemigo, autor de todo lo que es antiescritural en la cristiandad, permanezcamos aferrados con toda sencillez a la Palabra de Dios. Ella nos ocupa de Cristo y no de nosotros mismos; no ofrece al cristiano ningún lugar en este mundo, sino el de testigo de un Salvador despreciado y rechazado.

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La presencia de Dios

En veintinueve capítulos Job y sus amigos discutieron y cuestionaron. En seis capítulos Eliú habló de parte de Dios a Job. Y solo cuatro capítulos bastaron al Señor para llevar a cabo la obra maestra que perseguía en el corazón de Job: “¿Qué enseñador semejante a él?” (cap. 36:22).

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La puesta a prueba

“Si es necesario”, dice Pedro, se puede estar por un poco de tiempo afligido en diversas pruebas, para que la fe así sometida a prueba por el fuego, sea hallada “en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:6-7). “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque, cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida” (Santiago 1:12).

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La restauración

Sin tardar, Elías se volvió y encontró a Eliseo. Pasó por delante de él “y echó sobre él su manto”. De esta manera simbólica, sin ningún celo, renunció en cierto modo a su función de profeta y se la transmitió a Eliseo. El joven quiso seguirlo, pero Elías le dijo: “Ve, vuelve”, es decir, yo no te he pedido que me sigas.

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La resurrección

La Palabra distingue entre la actual resurrección espiritual del alma (somos ahora resucitados con Cristo, como lo hemos visto en el capítulo 3), y la resurrección del cuerpo cuando vuelva el Señor para arrebatar consigo a sus rescatados.

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La tentación exterior

Esta implica, ante todo, la coacción que busca forzar a alguien a obrar contra la voluntad de Dios. La tentación exterior tiene también el carácter de una prueba para la fe. Pablo temía que los tesalonicenses, recién convertidos, hubiesen sido quebrantados por la prueba, que los “hubiese tentado el tentador”, y deseaba informarse acerca de su fe (1 Tesalonicenses 3:5).

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La tentación interior

Ya no se trata de la coacción exterior para hacer el mal

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La verdadera obra del Espíritu Santo

Este Espíritu, más que nunca contristado en la cristiandad, no puede actuar como si la Iglesia fuera fiel. Efectuar los actos de potestad del principio sería aprobar el desorden, la revuelta contra Dios y la insumisión al dueño de la Asamblea.

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Las bodas del Cordero

En relación con las bodas del Cordero, Apocalipsis 19:1-9 contiene los cuatro únicos aleluyas (o sea, «load a Jehová») del Nuevo Testamento. Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero (v. 7).

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Las desviaciones sexuales

Al hablar de la resurrección, el Señor Jesús subraya que “en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo” (Mateo 22:30). En el más allá, la muerte física no se produce más, como tampoco, por consiguiente, la transmisión de la vida. En la tierra, toda vida vegetal, animal o humana se transmite de generación en generación.

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Las oraciones del señor Jesús en el evangelio según Lucas

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento hallamos muchos hombres que han orado. Hemos visto algo de sus oraciones, de la fe que las motivó y de los resultados. Pero hay un ejemplo supremo, el del Hijo del Hombre, Dios manifestado en carne, cuyo camino entero estuvo marcado por la oración. Los evangelios, especialmente, lo muestran dirigiéndose así a Dios, al Padre.

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Las persecuciones (oposición exterior)

Escribiendo a los corintios, el apóstol señala que él mismo tenía “sentencia de muerte”, para que no tuviera confianza en sí mismo, sino en Dios, quien resucita a los muertos, y quien podía librarle. Era consciente de cumplir en su carne “lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia” (Colosenses 1:24).

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Las preocupaciones

Las circunstancias exteriores, y aún más la incertidumbre del porvenir, provocan en nosotros las preocupaciones, el miedo y la angustia. Nuestra falta de confianza es la causa de ello.

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Las tentaciones intelectuales

Entre “los dardos de fuego del maligno”, de los que habla el apóstol en Efesios 6:16, se pueden incluir también esas flechas que el diablo lanza para infundir la duda en nuestro espíritu. Él ya había insinuado a Eva: “¿Conque Dios os ha dicho…?” (Génesis 3:1). Satanás lanza sus “dardos” de maneras diversas, mediante lecturas, estudios, conversaciones con personas mal aseguradas en la fe.

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Libertados, liberados

Romanos 6:14 afirma: “El pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia”. Eso no quiere decir que el creyente no pecará más, sino que está libre de la dominación del pecado.

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Los ejercicios y las decepciones en las asambleas (oposición interior)

Esta oposición interior fue aún mucho más dolorosa para el apóstol que todas las persecuciones. ¿Por qué tuvo que soportar esto el apóstol de Jesucristo, “constituido predicador y apóstol, y maestro de los gentiles en fe y verdad”? (1 Corintios 1:1; 1 Timoteo 2:7).

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Los excesos en el comer y el beber

En el desierto, el pueblo de Israel deseaba volver a encontrar los alimentos que crecían a orillas del Nilo (Éxodo 16:3; Números 11:5). Cuando Dios los daba, esos alimentos podían recibirse de su mano. El peligro consistía en querer volver a Egipto, al mundo, para satisfacer un deseo carnal fuera de lugar. 1 Pedro 4:3-4 recuerda que algunos andaban en esos excesos antes de su conversión.

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