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El orden de los sacrificios

¿Por qué se nos presenta primero el holocausto, mientras que, naturalmente, nosotros habríamos puesto el sacrificio por el pecado y por la culpa en primer lugar? Cuando Dios nos revela su pensamiento, procede desde el interior hacia el exterior.

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El Padre ama al Hijo

“Padre… me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Juan 17:24). Amor muy por encima de nosotros, fuera de nosotros, lazo eterno entre el Padre y el Hijo antes de toda creación, expresión de un profundo gozo (Proverbios 8:30), que solo él conoce plenamente.

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El pecado

Las hierbas amargas de la Pascua simbolizan la contrición del alma que siente la amargura de haber causado, con sus pecados, el sufrimiento de Cristo. En relación con la Cena, somos exhortados a juzgarnos a nosotros mismos. Pero aquí se trata de un ejercicio más profundo todavía. Para Israel, este ejercicio está predicho y detallado en Zacarías 12:10-14 e Isaías 53.

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El peso sobre Cristo

Qué poca importancia damos a los indescriptibles sufrimientos de nuestro Salvador para llevarnos a Dios: “… habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, (le convenía a Dios) perfeccionase

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El propiciatorio

En la Pascua, la sangre que estaba en las puertas era el fundamento de la salvación. Dios veía la sangre y podía salvar al pueblo. En el día de la expiación, la sangre llevada al santuario permitía a Dios mantener las relaciones con su pueblo. Pero la sangre de animales jamás podía quitar los pecados (Hebreos 10:1-4).

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El real sacerdocio

Estos capítulos del Levítico nos mostraron cómo los israelitas llevaban ofrendas a Dios. Ahora, los creyentes somos piedras vivas; somos edificados como casa espiritual, como sacerdocio santo para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

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El Rey

El Salmo 2 había hablado del rey ungido en Sion, contra el cual los reyes de la tierra y los príncipes consultaban unidos (v. 2). Jesús testifica la buena confesión de ello ante Poncio Pilato, quien le dice: “¿Luego, eres tú rey?” Jesús le responde: “Tú dices que yo soy rey” (Juan 18:37).

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El rey de los judíos

Para la Iglesia, la Esposa, Él es el Señor. Para Israel, Él es el Rey. Es conveniente no confundir los dos títulos, ni en nuestros cánticos, ni en nuestras oraciones.

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El Salvador

Los primeros cristianos tenían una señal de reunión: ICHTHUS, en griego «pescado», cuyas letras significaban: Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador. Se encuentra esta «contraseña» en las catacumbas especialmente; ella resume bien, en pocas letras, lo que Jesús era para ellos.

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El Señor

El niño ha nacido en Belén; el ángel anuncia a los pastores: “Os doy nuevas de gran gozo… os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador”. El niño, envuelto en pañales en el pesebre era la “señal” para ellos. ¿Quién era él? Un Salvador, como también “Cristo el Señor” (Lucas 2:11). Y Filipenses 2 confirma: “Jesucristo es el Señor”.

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El Señor en los evangelios

Antes de la resurrección, es bastante raro que se le llame Señor. Veamos algunos versículos del Evangelio de Lucas en los cuales se le nombra con este título.

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El Verbo

El Verbo (Logos, en griego) es la expresión del pensamiento, la Palabra.

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Elementos de la ofrenda vegetal

La flor de harina

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Elión

El Altísimo es el nombre que fundamentalmente Dios toma para aquellos a quienes se revela, pero que no son de Israel. Por ejemplo, de Melquisedec dice que es “sacerdote del Dios Altísimo” (Génesis 14:18). Ese personaje misterioso se le aparece a Abraham cuando éste volvía de derrotar a los reyes, y le bendice de parte del Dios Altísimo. Abraham se siente así fortalecido en su fe.

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Elohim

El Génesis se abre majestuosamente con estas palabras: En el principio creó Dios (Génesis 1:1).

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El-Shaddai

“Dios Todopoderoso (u Omnipotente). Dios se reveló así a Abraham (Génesis 17:1), luego a Isaac (28:3) y finalmente a Jacob (35:11). Este último había preguntado al Hombre que había luchado con él en Peniel cuál era su nombre, sin obtener respuesta (32:29).

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En el templo

Las sinagogas eran lugares de oración y de lectura de la ley. Iniciadas en la época de la dispersión, se habían expandido por todo el imperio donde había judíos. En Palestina había un buen número de ellas. El templo, al contrario, era único. Era el centro de culto, centro de reunión, símbolo de la unidad de Israel. El Señor del templo iría a visitarlo. ¿Qué acogida tendría?

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En Galilea

Juan el Bautista había mirado “a Jesús que andaba por allí” (Juan 1:36).

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En la sinagoga

Desde el comienzo de su ministerio, “recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos” (Mateo 4:23). No estuvo solamente en uno o dos lugares, sino que fue a toda Galilea predicando el evangelio del reino. Cada uno tenía la oportunidad de oírle. ¿Qué encontraba en esos edificios? Legalismo, formalismos, apariencias exteriores y, sobre todo, la miseria humana.

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En los hechos y en las epístolas

Su título de Señor es destacado. Cuando Esteban es apedreado, pide al Señor Jesús que reciba su espíritu. El Señor ordena a Ananías que vaya e imponga las manos a Pablo. Cuando ese fiel discípulo lleva a cabo esta misión, dice: “Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino…” (Hechos 7:59; 9:11-17).

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Episodios

El arca, figura de Cristo, abrió un camino a través del Jordán, el río de la muerte. En el río se levantan doce piedras que representan las doce tribus; se quedarán allí indicando la posición de aquellos que se hallan unidos a Cristo en su muerte.

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Este es mi Hijo amado

Era necesario que ese amor del Padre por el Hijo fuera proclamado públicamente y que los suyos estuvieran conscientes de ese amor.

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Getsemaní, el huerto de la noche

“Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua” (Lucas 22:7). Después de todas las fiestas de pascua que habían marcado la sucesión de los años desde la salida de Egipto, una última se ofrecería según la ordenanza divina.

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Hacia Jerusalén

En la parábola de Lucas 10, el samaritano “iba de camino” (v. 33); había dejado el lugar de bendición (Jerusalén) para ir al de maldición (Jericó), figura del Salvador que se había humillado a sí mismo para llegar a ser obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, a fin de socorrer a los miserables caídos a lo largo del camino.

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