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Los salmos

En esta categoría están clasificados todos los libros poéticos que expresan los sentimientos de los fieles. En ellos encontramos toda la profundidad de los pensamientos que el Espíritu de Dios pone en los corazones y que a menudo sobrepasan las experiencias personales de los que los escribieron.

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Meditar la Palabra de Dios

Ciertamente, la lectura y la meditación de la Escritura es uno de los recursos más grandes dados al cristiano para su vida de oración. Leer la Biblia y orar son dos acciones que van juntas, como la inspiración y la espiración de nuestros pulmones (Jacob: Génesis 31:13; 32:9. Moisés: Éxodo 33:12-13; Números 7:89. David: 2 Samuel 7:27. Daniel: Daniel 9:2-3. Habacuc: Habacuc 3:2.

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Obedecer y complacer al Señor Jesús

El apóstol Juan relaciona claramente la respuesta a la oración con el hecho de guardar los mandamientos del Señor (1 Juan 3:22). Para tener una respuesta, es verdad que no debemos apoyarnos en nuestra obediencia sino únicamente en la gracia de Dios. Sin embargo, si no buscamos agradar al Señor, si nos negamos a obedecerlo, Dios no responderá a nuestras oraciones (Isaías 59:1-2).

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Orientar nuestro corazón hacia Dios

A veces, cuando oramos, la presencia de Dios se hace real y llega a ser una fuente de paz, de ánimo y de gozo. Pero otras veces nuestras oraciones nos parecen rutinarias, frías, sin vida. Dios nos parece lejano. Los fieles del Antiguo Testamento vivieron las mismas experiencias. Pero no por ello cesaron de orar, sino que se lo dijeron al Señor (Salmo 10:1; 13:1). Ahí está el remedio.

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Permanecer en la dependencia del Señor

Otro obstáculo para nuestra vida de oración es esa profunda tendencia a ser independientes. Cuando todo va bien, fácilmente nos volvemos negligentes para orar. Nos alejamos de Dios, queremos vivir por nuestra cuenta, y en consecuencia llega el fracaso, un fracaso que durará hasta que nos volvamos nuevamente al Señor. ¡Tenemos necesidad de él para todo!

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¿Puede la nueva naturaleza mejorar a la vieja?

Sólo existe una respuesta: Nada puede mejorar a la carne. Se ha intentado hacerlo de todas las maneras posibles, desde la caída de Adán en el Edén hasta la cruz de Cristo en el Calvario. Pero, ¿cuál ha sido el resultado? El hombre desobedeció voluntariamente la santa ley de Dios, cuando Dios, por ser justo, le pedía que le obedeciese.

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¿Qué diferencia hay entre los dos casos?

Ahora bien, ¿cuál de estas dos familias le parece que estaba más salva? Tal vez diga que la segunda, cuyos miembros gozaban de la tranquilidad que les daba la confianza en Dios.

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¿Qué limita la acción del Espíritu?

“No contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (Efesios 4:30). “Sed llenos del Espíritu” (cap. 5:18). “No apaguéis al Espíritu” (1 Tesalonicenses 5:19).

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¿Qué naturaleza satisfacer?

Hemos visto la convivencia de dos naturalezas que, debido a su diferencia de origen, tienen gustos completamente distintos; existen, pues, “las cosas de la carne” y “las cosas del “Espíritu” (v. 5). No olvidemos que estas dos naturalezas reclaman a diario ser satisfechas, conforme a sus respectivas necesidades.

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¿Qué papel desempeña la Iglesia en la tierra?

“No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo”, dijo Jesús a su Padre, y añadió: “Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo” (Juan 17:16-18). De ahí resulta que la posición de la Iglesia en la tierra tiene doble aspecto: es extranjera, porque su carácter es celestial, pero está aquí para dar testimonio a la verdad del Evangelio.

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¿Quién es Jesús?

1. Su naturaleza divina: “María… había concebido del Espíritu Santo… Porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados… Una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros” (Mateo 1:18-23).

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¿Quién es miembro de la Iglesia?

Al principio del libro de los Hechos vemos que El Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos (cap. 2:47).

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Su actividad en la tierra

Y el Eterno dijo a Satanás: “¿De dónde vienes?”. Y Satanás respondió y dijo: “De rodear la tierra, y de andar por ella” (Job 1:7; 2:2).

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Su actividad en los lugares celestiales

Aunque nos sorprenda, Satanás y sus ángeles representan además las “huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). El primer capítulo de Job nos muestra a Satanás presentándose delante de Dios, sometido a un interrogatorio divino. Es llamado “príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia” (cap. 2:2).

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Su caída

La caída de Satanás –tal como su origen– es descrita de una forma velada.

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Su destino

El pensamiento de Dios en relación con su pueblo fue comunicado a Abraham, recordado a Moisés y confirmado infinidad de veces por los profetas.

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Su destino final

El “fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:41). “El diablo… fue lanzado en el lago de fuego y azufre” (Apocalipsis 20:10). Atado durante el reinado de mil años, el diablo será definitivamente juzgado después de su rebelión final, mencionada en Apocalipsis 20:7-9.

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Su fundamento

El versículo citado en Mateo 16: Sobre esta roca edificaré mi iglesia,

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Su objetivo

Oramos primeramente para que Dios sea glorificado. Cuando por la fe nos acercamos verdaderamente a Dios, el deseo de honrarlo crece en nosotros. Entonces, ligados a ese deseo, oramos para discernir y cumplir la voluntad de Dios. Orando aprendemos, no a imponer nuestro pensamiento a Dios, sino a someternos a él. Por medio de la oración buscamos lo que Dios desea y lo aceptamos para hacerlo.

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Su organización

Como Dios ya lo había anunciado a Abraham, los descendientes del patriarca habitarían durante mucho tiempo en un país extranjero en el cual serían sometidos a la esclavitud. Esto ocurrió en Egipto, a donde José fue llevado después de haber sido vendido por sus hermanos, y donde llegó a ser el gobernador del país.

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Su origen

El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron (Romanos 5:12).

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Su origen

Entre la familia humana surgida de Noé después del diluvio, Abraham fue el primero en recibir un llamado de Dios. El conocimiento del verdadero Dios se había esfumado mezclándose con la idolatría naciente. Durante esa época el testimonio de Dios era transmitido oralmente de una generación a otra.

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Su origen

La Palabra de Dios nos revela muy poco sobre Satanás; y las pocas porciones que nos hablan de él, a veces lo hacen encubiertamente, en particular las que hacen alusión a su estado original. Bajo la figura del rey de Babilonia, en Isaías 14 es descrito con el título que le es dado: “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana!” (v. 12).

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Su origen y su naturaleza

El Espíritu Santo procede del Padre (Juan 15:26), y el Padre lo envió en nombre del Hijo (Juan 14:26). Después de la glorificación de Jesús, la promesa concerniente al Espíritu Santo se cumplió el día de Pentecostés, estando los discípulos reunidos (véase Hechos 2:1-4).

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