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Pláticas sencillas
La revelación del Padre
“En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó”. La expresión “aquel tiempo” se refiere al período en el cual Jesús atestiguaba con dolor su rechazamiento.
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La sal y la luz
El Señor añade al cuadro que ha hecho de los caracteres de sus discípulos otros dos rasgos representados por la sal y la luz. Vosotros sois la sal de la tierra.
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La salida de Troas
Los compañeros de Pablo salieron por mar y llegaron a Asón, localidad situada al sur de Troas, donde esperaron al apóstol, pues este había deseado ir a pie (v. 13). Sentía, sin duda, la necesidad de encontrarse solo y disfrutar los efectos bienhechores de este paseo a solas. Cuando se volvió a encontrar con sus compañeros, juntos fueron a Mitilene, situada en la isla de Lesbos (v. 14).
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La segunda multiplicación de los panes
Después de haber dejado la región de Tiro y de Sidón, Jesús fue a Galilea donde se encontraban los pobres, los despreciados por los judíos moradores de Judea, pero en medio de los cuales se vio gran luz (Mateo 4:15-16).
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La segunda multiplicación de los panes
En el relato del capítulo 6:34, vimos como el Señor manifestó su compasión hacia las multitudes a causa de sus necesidades espirituales: “Eran como ovejas que no tenían pastor”. Les enseñó, proveyendo también a sus necesidades materiales; a las cuales, en esta segunda multiplicación se encuentra más ligada su compasión.
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La segunda parte de la respuesta de Jesús
Antes del fin de este horrible período, transcurrirá un tiempo de angustia espantosa, que abarca los tres años y medio que lo terminan (ver Apocalipsis 12:14; 13:5; Daniel 12:11; etc.).
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La segunda tentación
Satanás vencido la primera vez, después de haber tentando al Señor con algo necesario para el cuerpo, lo atacó nuevamente con una tentación espiritual. Para ello, empleó la Palabra citando un pasaje de los Salmos que prometía la protección de Dios al Mesías, precisamente lo que era Jesús.
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La semilla de mostaza
Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.
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La señal de Jonás
Hay pocas porciones del evangelio que muestren, como lo hace este capítulo, la maldad y la ceguera de los hombres religiosos que rodeaban al Señor. Después de ver las curaciones maravillosas que Jesús acababa de hacer y de oír a las multitudes impresionadas por las señales evidentes de la presencia del Mesías en medio de ellas decir: “¿Será este aquel Hijo de David?” (v.
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La sepultura de Jesús
Según los hombres, la sepultura de Jesús debía estar con la de los malos. Sin embargo, Isaías había dicho: Se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca (Isaías 53:9).
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La situación del pueblo de Israel
Lucas empieza su relato cuando el pueblo de Israel se encontraba organizado y gozando de una relativa paz después de los disturbios y las persecuciones que había soportado bajo los reyes de Siria, desde el regreso del cautiverio en Babilonia. Herodes reinaba en Judea. No era judío, sino idumeo, pueblo descendiente de Esaú.
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La suegra de Pedro
Al salir de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan.
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La tempestad
En los versículos 24 a 33 tenemos otro aspecto de la situación de los discípulos en la ausencia de Jesús. El viento contrario, que levantaba olas amenazantes, es una imagen de la oposición violenta que suscita el enemigo, sobre todo con la persecución a los creyentes. Esta alcanzó a los discípulos después de la partida de su Maestro.
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La tempestad
Acabamos de ver lo que debe caracterizar a quien quiere seguir al Señor. Ahora hallamos lo que se encuentra en este camino: “Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron”. Los discípulos podían pensar que al acompañar al Señor estarían protegidos contra todas las dificultades. Pero no es así.
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La tentación
Hemos visto al Señor tomar sitio en medio de los pecadores arrepentidos. Le seguiremos en la actividad de su gracia. Pero, primeramente es llevado por el Espíritu para ser tentado por el diablo, porque el Señor es el segundo Hombre, el Hombre obediente que viene a reemplazar al primer hombre, Adán, el hombre desobediente.
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La tentación
El Señor Jesús como hombre, el postrer Adán, salió a escena para volver a empezar la historia del hombre, pero del hombre según los propósitos de Dios, y para cumplir Su obra perfecta en medio de la humanidad caída por el pecado bajo el poder de Satanás.
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La tercera tentación
Después de esto, el diablo lo llevó a un monte muy alto, para mostrarle todos los reinos del mundo y su gloria. Entonces, le dijo: “Todo esto te daré, si postrado me adorares” (v. 9). Aquí Satanás trataba de seducir al Señor con la gloria del mundo. Es verdad que Jesús, como Hijo del Hombre, debe recibir el dominio sobre todo el universo.
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La tradición
De nuevo los escribas y los fariseos tratan de hallar en falta a los discípulos de Jesús, y por lo tanto, al Señor mismo (véase cap. 12). Le preguntan por qué sus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos comiendo pan sin lavarse las manos.
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La traición de Judas
Jesús todavía estaba hablando con sus discípulos cuando llegó una multitud armada con espadas y palos, liderada por Judas, quien se había puesto a disposición de los principales del pueblo para entregarles a Jesús.
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La traición de Judas
Los acontecimientos se fueron precipitando. Mientras Jesús todavía hablaba, se presentó Judas encabezando a una turba, se acercó y lo besó. Jesús le dijo: “Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?” (v. 48). ¡Ah, si Judas no se hubiera entregado a Satanás, estas palabras llenas de tristeza lo habrían hecho retroceder! Pero era demasiado tarde.
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La transfiguración
Estos versículos nos muestran cómo debían cumplirse las palabras que Jesús pronunció en el versículo 28 del capítulo precedente. Llevó a Pedro, a Jacobo y a Juan a un monte alto, y allí, transfigurado delante de ellos, su rostro resplandeció como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Aparecieron también Moisés y Elías “en gloria”, como lo relata el evangelio según Lucas.
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La transfiguración
Después de hablar con sus discípulos acerca de su muerte y de los beneficios que esta les brindaría, Jesús les anunció que algunos de ellos no gustarían la muerte sin haber visto el reino de Dios venido con poder.
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La transfiguración
Aproximadamente ocho días después de haber pronunciado las palabras relatadas en el versículo 27, Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió a un monte a orar: “Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.
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La última pascua
Llegado el momento de celebrar la pascua, los discípulos preguntaron a Jesús dónde quería que la prepararan. Él les dijo: “Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos. Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y prepararon la pascua” (v. 18-19).
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