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La familia cristiana

Pero la familia cristiana, en la cual uno o ambos esposos pertenecen al Señor, es infinitamente más que un bendito refugio contra el mal. Es, en medio de un mundo sin Dios y sin Cristo, un santuario en el cual las preciosas almas de los hijos son guardadas de la contaminante influencia de ese mundo.

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La Iglesia del Dios viviente

La fe y el perdón

Para que una oración sea eficaz, uno tiene que orar con fe. Os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá (Marcos 11:24).

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La hospitalidad

Ejercer la hospitalidad es una hermosa virtud cristiana. Las Escrituras nos exhortan constantemente, por preceptos y por medio de ejemplos, a practicarla. Esa bondadosa y generosa recepción del prójimo al abrigo y cuidado de nuestro hogar ha sido llamada: «la gloria del hogar y la flor de la vida hogareña». Es un justo y adecuado adorno de “la doctrina de Dios nuestro Salvador” (Tito 2:10).

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La Iglesia del Dios viviente

La iglesia de Dios en una localidad

Una consideración de los primeros versículos de 1 Corintios nos dará mucha enseñanza sobre este punto. “

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La Iglesia del Dios viviente

La Iglesia no existía antes de Pentecostés

La palabra «iglesia» que se emplea en la Biblia corresponde, en las escrituras griegas originales, a la palabra «ecclesia», que quiere decir «asamblea de personas llamadas a salir». Esta palabra se encuentra solamente en el Nuevo Testamento. En efecto, ninguna palabra o expresión hebrea con semejante significado puede ser hallada en el Antiguo Testamento.

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La Iglesia del Dios viviente

La labor de amor y fe

Pero el servicio hecho siempre tiene que ser un “trabajo de vuestro amor” (1 Tesalonicenses 1:3), “no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto” (1 Pedro 5:2). Pablo pudo decir:

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La Iglesia del Dios viviente

La libertad del Espíritu

Consideremos 1 Corintios 14 con más detalle. Este es el capítulo especial sobre el orden en la Asamblea. En él vemos que se da la libertad más completa para que cada hermano sea usado por el Espíritu en las reuniones de la asamblea.

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La Iglesia del Dios viviente

La mujer de Sunem

Leemos en 2 Reyes 4:8-37 de esa “mujer importante” que suministró a Eliseo un cuidado y una hospitalidad especiales. Sugirió a su marido la construcción de un aposento especial para el profeta, a fin de que él se alojara allí cada vez que pasara por aquella región. Se nota en ella su fe y su confianza.

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La Iglesia del Dios viviente

La música instrumental

Nótese que ni aquí, en esta descripción inspirada de una congregación cristiana (1 Corintios 14), ni en los Hechos, ni en las epístolas, leemos algo sobre el hecho de tocar un instrumento como parte del servicio de adoración. La música instrumental está fuera de lugar en tal reunión y es contraria al espíritu y al carácter de la asamblea así reunida.

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La Iglesia del Dios viviente

La nación era una

«Las ciudades y las tribus de Israel no eran independientes, sino que estaban unidas entre sí por el sagrado lazo de la unidad nacional, unidad que tenía su centro en el lugar donde estaba la divina presencia. Las doce tribus de Israel estaban, pues, indisolublemente unidas.

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La Iglesia del Dios viviente

La necesidad de separación

Otro punto importante que notar en relación con nuestro tema se halla en 2 Timoteo 2:19-21 y trata de la necesidad de apartarse de la iniquidad. Si alguno se limpia de estas cosas (vasos viles) será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda obra buena.

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La Iglesia del Dios viviente

La noción de clérigo

Hoy en día este concepto está fuertemente arraigado en el corazón de las multitudes. En pocas palabras, es la idea de un oficio humanamente conferido, una clase de hombres que tienen el derecho exclusivo de predicar, de enseñar y de ministrar la comunión, etc. Un maestro de la Palabra de Dios y hombre piadoso ha acertado al referirse a esta práctica:

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La Iglesia del Dios viviente

La ofrenda de nuestros bienes

Deseamos llamar la atención sobre el hecho de que la ofrenda se relaciona con el sacrificio de alabanza en Hebreos 13:15-16. De tales sacrificios se agrada Dios.

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La Iglesia del Dios viviente

La oración colectiva

Todo cuidadoso lector de las Escrituras está enterado del lugar tan importante que la oración individual y privada tenía en la vida de los hombres de Dios en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Puede ser que algunos piensen que la oración individual es todo lo que se necesita. No obstante, vemos que hay bendiciones especiales como consecuencia de la oración colectiva.

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La Iglesia del Dios viviente

La ordenación

El pensamiento común y la enseñanza actuales en el mundo eclesiástico son que uno que quiera ser ministro de Jesucristo debe ser educado en una escuela o universidad teológica y luego ser ordenado por una corporación humana de autoridades religiosas. (Ordenado quiere decir nombrado e investido de autoridad para desempeñar las funciones de ministro).

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La Iglesia del Dios viviente

La participación en la Cena y la conducta personal

Como lo hemos hecho resaltar, comer y beber indignamente se refiere primero a nuestra conducta y a la manera de tomar parte en la Mesa del Señor. Ahora nos es preciso agregar dos palabras acerca de nuestra conducta y nuestro andar durante la semana. Nadie suponga que, habiendo dicho tanto sobre nuestra actitud en la Mesa del Señor, todo se limita a eso y nada más importa.

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La Iglesia del Dios viviente

La presencia del Espíritu Santo

No solo el Señor Jesucristo está presente en medio de los creyentes congregados, sino también Dios el Espíritu Santo. Hablamos anteriormente sobre la presencia y la actividad del Espíritu Santo en la Iglesia (véase el primer folleto «¿Qué es la Iglesia?», pág. 20-21). Ahora deseamos subrayar esta gran verdad en relación con el presente tema.

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La Iglesia del Dios viviente

La responsabilidad

El hecho de que hoy existan tantas divisiones y diferentes organizaciones religiosas no nos excusa de la responsabilidad de dar testimonio práctico de la verdad gloriosa del único Cuerpo de Cristo. No nos dispensa tampoco de confesar, visiblemente y a través de nuestras acciones, la unidad de la Iglesia de Cristo. Es nuestra obligación sostener el hecho y la verdad de que somos un cuerpo.

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La Iglesia del Dios viviente

La responsabilidad colectiva

Además de la responsabilidad local de mantener las verdades de la Palabra de Dios hay una responsabilidad colectiva. Ésta nace debido a que somos miembros del Cuerpo único de Cristo. Las asambleas son parte de ese Cuerpo; por consiguiente, no pueden existir como varios cuerpos locales e independientes.

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La Iglesia del Dios viviente

La responsabilidad de los cristianos

Hasta ahora nos hemos referido a la senda de fe del siervo y a su confianza en el Señor en cuanto a su apoyo material. Sin embargo, hay otro aspecto del asunto, es decir, la responsabilidad y el privilegio del pueblo de Dios de dar de sus recursos para la obra del Señor, para cuidar de Sus siervos y ayudar a los que los sirven.

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La Iglesia del Dios viviente

La responsabilidad local

Por supuesto que está clarísimo que la primera responsabilidad de cada asamblea es para con el Señor, su Cabeza, para todo cuanto suceda dentro de ella. Existe, ante todo, la responsabilidad local de cada asamblea de corresponder a la santidad del Señor y mantener el orden bíblico en su propia esfera de obligaciones.

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La Iglesia del Dios viviente

La reverencia

Es evidente que la reverencia debe acompañar a un verdadero espíritu de adoración. Como entramos en el Lugar Santísimo, nuestra alma debería estar llena de reverencia y santo temor, como corresponde a la presencia de Dios.

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La Iglesia del Dios viviente

La santidad de Dios

La disciplina en la Iglesia es una necesidad a causa del Santo y Verdadero (Apocalipsis 3:7), quien está en medio de su pueblo. Él, como lo leemos en Habacuc 1:13, es muy limpio de ojos para ver el mal y no puede soportar el agravio. Allí donde el Santo tiene su habitación no es posible permitir que continúe una situación en la que el pecado no es juzgado.

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La Iglesia del Dios viviente

La sujeción

Es necesario agregar que el pasaje de Efesios 5 nos recuerda que esta relación bendita lleva consigo los pensamientos de jefatura y de sujeción, como debieran aparecer en la unión matrimonial.

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