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Epeneto, María y otros
El apóstol, en el versículo 5, nombra a Epeneto, su “amado”. Esto indica que evidentemente existían particulares lazos afectivos entre él y aquel que era “el primer fruto de Acaya para Cristo”.
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Es hora de despertarnos
Y el apóstol da a continuación un nuevo motivo para que el cristiano sea fiel y vigilante: Esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada y se acerca el día (v. 11-12).
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Esperando el rescate de nuestros cuerpos
Y no solo la creación, “sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo” (v. 23).
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Esperanza para la creación sufriente
La creación suspira como consecuencia de la caída, la cual la puso bajo la servidumbre de la corrupción. Cuando el hombre, jefe de la primera creación, cayó, su suerte fue compartida por toda esta creación. Ignoramos cuán bella era antes de la caída, pero sabemos que, según la apreciación de Dios, todo “era bueno en gran manera” (Génesis 1:31).
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Febe
La primera persona a la que Pablo nombra es una hermana, una sirvienta o diaconisa de la asamblea de Cencrea, uno de los tres puertos de Corinto, iglesia que conocemos por ser mencionada en Hechos 18:18. Esta hermana, llamada Febe, evidentemente había cumplido un servicio particular entre los santos de Cencrea y había sido de ayuda a muchos santos y al propio apóstol.
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Gracias doy a Dios, por Jesucristo, Señor nuestro (v. 25).
Tales son las palabras que súbitamente salen de boca de aquel que poco tiempo antes estaba lleno de angustia y espanto. ¿Cómo se produjo esta maravillosa transformación?
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Jacob y Esaú
Ningún judío podía sustraerse al poder de este argumento. Si no, debía reconocer, como lo dijimos, a los descendientes de Ismael y de Esaú los mismos derechos que a los descendientes de Israel. Y se podría plantear esta objeción: la madre de Ismael era una sierva egipcia, una esclava, mientras que Isaac había nacido de Sara, la legítima mujer de Abraham; pero ¿y Rebeca?
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Justificados gratuitamente
“Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (v. 22-23). El hombre, después de su caída, fue echado del paraíso por la gloria de Dios, y desde entonces su historia no denota más que pecado y un progresivo alejamiento de Dios.
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La confesión y la fe
Notemos las dos cosas necesarias que se mencionan aquí: la confesión y la fe. En el versículo 9, la confesión es citada en primer término, no porque sea la más importante, sino porque es la que más contribuye a la gloria del Señor Jesús.
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La creación da testimonio acerca de Dios
Las maravillosas obras y leyes de la creación les demostraban sin cesar la grandeza, el poder y la sabiduría de Dios, pero “no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias”. Su orgullo y presunción les hicieron caer cada vez más bajo en la locura y las tinieblas de sus corazones, y el juicio cayó sobre ellos.
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La culpabilidad de los paganos
Con toda naturalidad el apóstol llega ahora a considerar por qué razón Dios debió desplegar tal amor. La causa determinante de ello es la irremediable ruina del mundo entero, la culpabilidad de todos los hombres, sean judíos o gentiles.
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La descendencia espiritual de Abraham
Como ocurre también en nuestros días, los judíos pretendían convertir las promesas que Abraham había recibido en una «obligación» para Dios en el sentido de bendecir únicamente a toda la descendencia natural del patriarca (lo que naturalmente excluía a los gentiles); pero el apóstol dice que no todos los que descienden de Israel son israelitas, y que no por ser descendientes de Abraham todos so
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La fe contada por justicia a todos los creyentes
Otra vez, pues, decimos que la fe de Abraham le fue contada por justicia, tal como está escrito: “No solamente con respecto a él escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificació
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La fe de Abraham
Estas palabras nos hacen ver una nueva y preciosa verdad: el poder de la resurrección, el poder de vivificar donde reina la muerte, el poder de obrar como Creador cuando no había más esperanza para el hombre. Abraham tuvo en cuenta este poder cuando su propio cuerpo estaba ya como muerto y la matriz de Sara era estéril.
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La gloria de la esperanza
Llegamos ahora a un tercer resultado de la justificación: Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
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La gracia por un hombre, Jesucristo
“Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo” (v. 15).
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La gracia reina por la justicia
“Mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro” (v. 20-21). Esta respuesta de la gracia de Dios a la falta y a la corrupción del hombre ¿no es digna de adoración?
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La justicia de Dios manifestada
Con dos palabras, Pero ahora (cap. 3:21), el apóstol introduce un tema totalmente nuevo, el cual va a ocuparnos en cosas más agradables que el largo paréntesis del capítulo 1:18 al capítulo 3:20.
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La justicia de Dios y la del hombre
Sin embargo, aquí el apóstol va un poco más lejos que al final del capítulo precedente. Había dicho que Israel había perseguido en vano la justicia; aquí nos dice que no conocieron la justicia de Dios y que no se sujetaron a ella.
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La justificación ante los hombres
Santiago, en el capítulo 2 de su epístola, parece contradecir lo que acabamos de ver. En efecto, él pregunta: “¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?”.
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La justificación por la fe
Pero ahora ella es manifestada, y ello por medio de la fe en Jesucristo, el Salvador crucificado y glorificado. En la ley no se mencionaba un sustituto y garante para el pecador culpable. Ella solo podía anunciar por medio de sombras y figuras a Aquel que vendría. “Pero ahora”, ¡bendito sea Dios por estas palabras!, la justicia de Dios se manifiesta en Jesucristo.
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La justificación sin obras
¿Qué conclusión se podría sacar de la historia de Abraham? Si él hubiera sido justificado por las obras, entonces habría algo de él en tal justificación. ¿Cómo podría ser eso posible ante un Dios santo, ante el cual los cielos mismos son impuros? No, la Escritura no refiere nada de bueno en Abraham, ni obras suyas en base a las cuales Dios hubiera podido justificarle. ¿Qué dice ella?
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La ley de la fe
En cambio, ella no da gloria alguna al hombre. Por eso el apóstol pregunta en el versículo 27: “¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida”. Dios no quiere dar su gloria a otro, y menos aun al hombre, que se envanezca de su propia justicia. Entonces ¿cómo le fue quitada toda gloria al ser humano? “¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe”.
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La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús
Leemos a continuación: “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (v. 2). Nuevamente encontramos la palabra “ley” en el sentido ya conocido en el capítulo 7, como un principio que obra invariablemente de la misma manera y procura alcanzar su objetivo (ver también las expresiones “ley de las obras” y “ley de la fe” en el cap. 3:27).
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