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Cuatro aspectos importantes
El bautismo nos revela simbólicamente toda la enseñanza de la salvación: a) El lavamiento de los pecados. Al pensar en nuestro bautismo recordamos la promesa hecha por Dios de que todos nuestros pecados han sido lavados por la sangre de Cristo.
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Cuidarse de los que no sirven a nuestro Señor
En el párrafo siguiente el apóstol debe referirse, para el bien de los creyentes, a otras cosas enteramente opuestas a las anteriores. Junto con tantas cosas buenas que el apóstol reconocía, también había en Roma temas aflictivos.
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De las dudas a la certeza
A fin de aclarar este punto, me serviré de un ejemplo tomado de la vida diaria. Cierto ganadero, no teniendo suficientes pastos para su ganado, pide en arrendamiento un hermoso pastizal próximo a su finca. Pasa algún tiempo sin recibir contestación del propietario. Entre tanto, un vecino suyo lo visita y procura animarlo, diciendo:
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Deberes cristianos
Las exhortaciones que siguen son de otra naturaleza. El apóstol habla en ellas de los deberes cristianos de toda clase, en sus relaciones externas, y del espíritu que debemos mostrar en su ejercicio. Dos personas pueden cumplir lo mismo y hacerlo de manera diferente: una puede obrar de manera bienhechora y la otra de manera que repele.
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Deberes de los miembros del Cuerpo
Esto conduce al apóstol a hablarnos, por primera y única vez en esta epístola, del Cuerpo, un tema que nos es muy conocido gracias a la primera epístola a los Corintios y a las dirigidas a los Efesios y a los Colosenses. Aquí lo hace desde un solo punto de vista, a saber, a fin de mostrar la importancia de las relaciones de los diversos miembros entre sí.
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Depender de cualquier otra cosa es estar perdido
Si estas páginas llegan hasta ti, que aún no tienes un corazón regenerado (aunque tal vez te hayas bautizado y lleves incluso el nombre de «cristiano»), quisiera llamarte la atención sobre el hecho de que la venida del Señor será repentina y serás dejado atrás si él te halla “sin aceite en tu vaso”.
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Dios es por nosotros (v. 31-39)
Solo nos falta echar un vistazo a la parte final de este maravilloso capítulo.
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Dios es soberano y misericordioso
Hay todavía una segunda objeción: “¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera” (v. 14). El hombre que razona según la carne se pregunta: «Si de dos seres igualmente pecadores, Dios salva a uno y deja ir al otro a la perdición ¿no obra injustamente?».
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Dios hace la promesa a Abraham
En el versículo 13 comienza un nuevo pensamiento: Abraham había recibido la promesa de Dios. Esta promesa, que le había sido hecha a él o a su simiente, de ser heredero del mundo ¿tenía alguna relación con la ley? ¿Dependía del cumplimiento de esta? ¡Imposible! Una promesa dada sin condiciones excluye naturalmente el cumplimiento de obligaciones legales.
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Dios nos defiende
Si Dios mismo es quien nos defiende, por cierto que podemos estar plenamente confiados. Y ¿por qué él puede obrar así y cerrar la boca de todo acusador? La respuesta es Cristo, el Hijo del hombre, quien murió, resucitó y ahora está sentado a la diestra de Dios. Satanás es llamado “el acusador de nuestros hermanos” (Apocalipsis 12:10), pero ¿qué puede hacer si el Juez mismo justifica?
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División de la epístola
Consideremos ahora la división de la epístola. Después de una corta introducción (v. 1-15), en la cual el apóstol habla de la orden que recibió en cuanto a anunciar El evangelio de Dios… acerca de su Hijo
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Dos avecillas vivas y limpias
He aquí pues al leproso bajo la mirada del sacerdote, quien no encuentra sobre su cuerpo ni un solo lugar sin lepra. ¡Qué gozo, está curado! Usted que ha seguido hasta aquí el camino del leproso en su desgracia, ¿quiere prestar completa atención acerca de lo que debe hacer para su purificación?
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Dos casos opuestos
La Sagrada Escritura relata un acontecimiento que viene muy al caso para explicar cómo podemos estar seguros de la salvación, según el verso anteriormente citado: es la salida del pueblo de Israel de la tierra de Egipto (Éxodo 12).
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Dos jefes de familia: Adán y Cristo
Escuchemos ahora lo que el apóstol dice a continuación: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (v. 12).
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Escuchemos ahora lo que el apóstol dice a continuación: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (v. 12).
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Dos naturalezas distintas en una misma persona
Cada ser humano nace con una naturaleza mala, tan mala que Dios declara que le es imposible someterse a Su santa ley. Ella no puede “agradar a Dios”. “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”, dice el salmista David (Salmo 51:5).
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Dos naturalezas en el creyente
Así, gracias a mis experiencias, arribo a esta evidente pero terrible conclusión: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne (como descendiente de Adán) no mora el bien”, pues, pese a que existe en mí una seria y sincera voluntad, no consigo hacer lo bueno. La voluntad existe, como se ha dicho varias veces, pero faltan las fuerzas.
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Dos peligros: menospreciar o juzgar
De este estado de cosas se desprendían dos peligros para los creyentes de Roma: unos, los fuertes, que creían poder comer de todo, llegaban fácilmente a considerar con menosprecio a sus hermanos más débiles; los otros corrían el peligro de juzgar a sus hermanos porque estos hacían lo que la conciencia de aquéllos les prohibía.
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El afecto de Pablo por su pueblo
El apóstol, antes de llegar al fondo de su tema, da a sus “parientes según la carne” una prueba tan conmovedora como cautivante acerca de su ardiente afecto por Israel.
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El apóstol, antes de llegar al fondo de su tema, da a sus “parientes según la carne” una prueba tan conmovedora como cautivante acerca de su ardiente afecto por Israel.
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El alcance de la epístola a los Romanos
Sin embargo, desde un comienzo tengamos en cuenta que la epístola a los Romanos, si bien pone ante nuestras miradas al Evangelio de Dios en toda su plenitud, no abarca todo lo que constituye aquello a lo cual el apóstol Pablo llama su evangelio: el designio de Dios, el cual antes de la fundación del mundo coloca al creyente ante Dios, santo e irreprensible (o sin mancha) en amor y ya le da en C
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El alfarero y el vaso
«¿Por qué me has hecho así?». Un hombre, al hacerle esta pregunta a Dios, en realidad no dice más que esto: Dios no tiene ningún derecho a juzgar el mal, y si él no quiere acordar su gracia a todos y salvarlos, al menos no debe castigar a nadie.
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El amigo generoso y el cordero
Este es como un cuadro pintado por Dios mismo acerca de la salvación de un pecador. Por nuestros pecados la justicia divina exige la muerte, el justo castigo. La única alternativa es la muerte de un sustituto aprobado por Dios. El hombre jamás hubiese hallado lo que necesitaba para salir de su desesperada situación; pero Dios lo encontró en la persona de su Hijo.
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El Antiguo Testamento ya hablaba de que la gracia llegaría a los no-judíos
El apóstol cita dos pasajes del profeta Oseas (cap. 1:10; 2:23) para mostrar que Dios ya había hablado en otro tiempo de estas cosas por su Espíritu. Pedro, quien escribe exclusivamente a los creyentes judíos, solo cita el segundo pasaje (1 Pedro 2:10). El apóstol de los gentiles, pensando en la introducción de estos, cita los dos.
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