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Juntos con Cristo para siempre

El verdadero alcance de Romanos 11 se pierde de vista cuando lo aplicamos a la salvación del alma. Otros pasajes de la Palabra (por ejemplo, la epístola a los Efesios) nos enseñan que los redimidos por Cristo son vivificados y resucitados juntos con El, que están sentados juntos con El en los lugares celestiales, que la Iglesia es un solo cuerpo con Él.

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Justificados ante Dios por la fe

A propósito de la justificación he aquí lo que el apóstol Pablo escribe a los romanos: “Al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:5), mientras que la enseñanza del apóstol Santiago es esta: “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (Santiago 2:24).

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La Iglesia hoy

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La inspiración de la Biblia

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La salvación del alma está definitivamente lograda

La explicación de Filipenses 2:12 también ha sido dada frecuentemente. El apóstol no tiene en vista la justificación cuando escribe: “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”. En la epístola que envía a los filipenses presenta la salvación como la meta a alcanzar: la liberación al final de la carrera.

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Prefacio

Estas series de preguntas frecuentes se dirigen principalmente a creyentes que aún son jóvenes en la fe, los cuales, si bien se formulan muchas preguntas, a menudo no tienen acceso a una enseñanza bíblica concisa. Esta obra busca suplir, en alguna medida, estas necesidades, procurando presentar la mayor cantidad posible de verdades con un mínimo de palabras.

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Una fe viva y no una simple profesión de fe

El primer versículo de la epístola a los Hebreos muestra claramente que ella fue dirigida a creyentes judíos. Dios había hablado a los padres por los profetas; cuando “ha hablado por (o en) el Hijo”, su pueblo lo rechazó y lo crucificó. Sin embargo, lo hicieron por ignorancia: “Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho” (Hechos 3:17).

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¿A qué conclusión llega el capítulo 7?

A una conclusión que presenta dos aspectos. En primer lugar, la persona ha aprendido mediante su experiencia que no puede hacer nada bueno por sí misma, que no hay nada bueno en la carne (Romanos 7:18).

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¿A qué se refiere la expresión “el día del Señor”?

La expresión “el día del Señor”a se usa en la Biblia para describir un

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¿Afirma la Biblia que ella es la Palabra de Dios?

Por supuesto que sí. La frase “Así dice el Señor”, y otras similares, aparecen cerca de 700 veces solo en el Pentateuco. Además se encuentra •   400 veces en los libros históricos, •   cerca de 400 veces en los profetas. •   Solo en el libro del profeta Isaías ¡aparece unas 150 veces!

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Ahora que, por gracia, formo parte de la familia de Cristo, ¿puedo continuar pecando?

No. La gracia jamás es una excusa para pecar (véase la próxima respuesta).

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¿Anda el creyente siempre en el Espíritu?

Sería normal que lo hiciera, pero, lamentablemente, no siempre es lo que observamos en la práctica. Por lo general, el creyente es guiado por el Espíritu, no obstante, es posible que llegue a contristarlo (Efesios 4:30). Esto sucede cada vez que un hijo de Dios peca, consecuencia de no haber estado ocupado con Cristo ni haber vivido bajo la mirada de su Señor, en comunión con él.

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¿Cargó el Señor Jesús mis pecados?

Esto depende. Si usted cree en él, si se ha presentado ante él con sus pecados, y si le ha aceptado como su Salvador personal, entonces la respuesta es «sí». Jesús llevó «nuestros» pecados, es decir, los pecados de los creyentes (1 Pedro 2:24). La Biblia no dice en ninguna parte que el Señor llevó el pecado de «todos», sino que llevó el pecado de “muchos” (Isaías 53:12).

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¿Cómo fueron justificados los creyentes del Antiguo Testamento? (Romanos 4)

De la misma manera que los creyentes del Nuevo Testamento: por la fe. Abraham creyó a Dios y, en consecuencia, fue considerado justo por él (Romanos 4:3). Y Dios pudo justificar a Abraham sobre esta base, porque miraba al futuro sacrificio de Cristo (Romanos 3:25-26).

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¿Cómo llegamos a ser miembros de la Iglesia?

Usted no debe hacer nada. Si es creyente, ya es miembro de la “Iglesia del Dios viviente”, la única Iglesia reconocida en el Nuevo Testamento. Usted no necesita «unirse» a un grupo o seguir a un líder. Un verdadero creyente es miembro del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:12).

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¿Cómo nos relacionamos con otros cristianos que no se reúnen con nosotros?

Todos ellos son nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Aun cuando no podamos caminar con ellos (ni partir el pan con ellos), sí los amamos. ¿Cómo podemos mostrar dicho amor? ¡Buscando lo mejor para ellos! Tratando de ayudarlos fraternalmente para que puedan tener edificación cristiana y que su fe se fortalezca. Esto a veces requiere que se les enseñe la Palabra de Dios.

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¿Cómo podemos estar seguros de andar en el Espíritu?

Simplemente, poniendo de lado todo aquello que en nuestras vidas pueda contristar al Espíritu. Si usted ha tenido malos pensamientos, necesita confesarlos a su Señor. Si ha pronunciado una palabra mala, deberá hacer lo mismo. No espere; manténgase en comunión permanente con Dios.

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¿Cómo puede Cristo ser Dios y al mismo tiempo el Hijo de Dios?

Las Personas de la divinidad son tres: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Cada una de ellas es Dios.

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¿Cómo puede Dios justificar a un pecador y al mismo tiempo ser justo?

Porque Cristo vino a ser nuestro sustituto, es decir, tomó nuestro lugar y cargó el juicio que merecían nuestros pecados.

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¿Cómo puede, pues, el creyente vivir de una manera agradable a Dios?

Esto no se logra guardando la ley, sino ocupándose de la persona de Cristo: el resultado será que nos pareceremos más a él y viviremos para él cada día de nuestras vidas. Si permitimos al Espíritu Santo presentarnos a Cristo ante nuestros corazones, entonces nos dará el poder para vivir de una manera agradable a Dios (ver 6.27 a 6.31).

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¿Cómo sabemos que Dios aceptó el precio que Jesús pagó en la cruz?

Pues bien, tenemos una prueba visible y clara de esto. Dios levantó a Cristo –a quien los hombres habían clavado en la cruz– y lo resucitó de entre los muertos. Dios tomó a Cristo de las partes más bajas de la tierra y lo elevó al más alto lugar de honor, a la diestra de Dios (léase Efesios 1:19-23; Hechos 2:24, 32; 3:15 etc.).

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¿Cómo sabemos que el Nuevo Testamento también fue inspirado por Dios?

Entre los escritores del Nuevo Testamento algunos reconocen como “Escritura” los escritos de otros (1 Timoteo 5:18; 2 Pedro 3:15-16), y los ponen al mismo nivel que las “Escrituras” del Antiguo Testamento (ver 8.11).

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¿Cómo sabemos que habrá un período de tribulación?

La Biblia nos lo dice: Jeremías habló del “tiempo de angustia para Jacob” (cap. 30:7); el profeta Daniel lo confirma: “Será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces” (cap. 12:1). Luego, el Señor lo menciona de nuevo en Mateo 24:21 y Marcos 13:19.

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¿Cómo sabemos que los libros que componen la Biblia fueron correctamente seleccionados?

Los escritos inspirados tienen un poder espiritual tal que se recomiendan a sí mismos. Aquellos hombres espirituales sabían que tenían que ver con escritos santos e inspirados, muchos de los cuales, incluso, afirman explícitamente que son la Palabra de Dios.

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