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El mundo entero está bajo el maligno

Dios creó a Adán en inocencia y pureza, pero Adán no lo escuchó y le desobedeció, haciéndose pecador. Sus descendientes se unieron para hacerse grandes, para tener poder frente a Dios y anular los efectos de la maldición que pesa sobre esta tierra. Caín edificó la primera ciudad. Sus descendientes fueron inventores e hicieron la vida más cómoda.

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El nuevo nacimiento

Si, por ejemplo, leemos el Salmo 119, vemos cómo cada fase en la vida espiritual del salmista está vinculada a la Palabra de Dios. En primer lugar notamos que la nueva vida, el nuevo nacimiento, se produce por la Palabra de Dios (v. 93): “Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado”.

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El Padre busca adoradores

“Adorarán al Padre”. Eso tiene que haber llamado la atención de la mujer; debió ser algo completamente nuevo para ella. El pueblo de Israel era hijo de Dios, era su primogénito (Éxodo 4:22); los israelitas eran hijos de Jehová su Dios (Deuteronomio 14:1). Dios era el Padre de Israel y Efraín era su primogénito (Jeremías 31:9).

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El pecado de un creyente

Cuando pecamos siendo creyentes, ¿qué sucede? ¿Cambia nuestra posición como hijos de Dios? ¿Somos alejados inmediatamente de la presencia de Dios?

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El postrer Adán

Pero el poder de Dios le levantó de entre los muertos (Efesios 1:20) para testimoniar que su justicia queda perfectamente satisfecha, tanto con respecto a nuestros pecados como en lo concerniente a nuestra mala naturaleza. El Señor Jesús resucitó luego de haber pasado por el juicio.

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El significado de la Cena del Señor

“Haced esto en memoria de mí”. La Cena es, pues, un memorial del Señor; pero no de su gloria antes de que llegase a ser hombre, ni de su marcha en la tierra, ni siquiera de su crucifixión y de todo lo que tuvo que sufrir en aquellos momentos.

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El verdadero lugar de adoración

La mujer samaritana dijo al Señor: “Señor, me parece que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar”.

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Enviado por él

En Marcos 6:7 el Señor envía a los discípulos. Los ha enseñado y por eso son aptos para el servicio que les confía. Según el juicio de los hombres, eso no era lógico, pues sabían que los apóstoles eran gente “sin letras y del vulgo” (Hechos 4:13). Y según las normas humanas, de hecho lo eran. No habían estudiado la Teología de esa época.

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Estar con él

¿Para qué nos llama el Señor? ¿Acaso nos llama inmediatamente después de la conversión para hacer una gran obra? No, Él nos llama para que estemos “con él”. Una condición importante para prestar un verdadero servicio es primeramente haber estado con él a fin de ser instruido por él.

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Impedimentos para ser oído

¿Por qué, entonces, tantas oraciones no son escuchadas? Las Escrituras señalan varias causas. Daniel 10 nos muestra que algunas oraciones, buenas en sí mismas, a veces no tienen respuesta porque Satanás, con todas sus fuerzas, intenta impedirla. Al final no puede hacerlo; pero logra, si Dios se lo permite, aplazar momentáneamente la respuesta.

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Juzgarse a sí mismo

En relación con esto las Escrituras nos llaman al juicio de nosotros mismos, no para averiguar si merecemos ocupar este lugar, pues todo cristiano como tal es digno de ello. Vacilar al respecto significaría dudar del valor de la obra del Señor Jesús.

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Juzgarse a sí mismo es el único medio para restablecer la comunión

Este es un principio que encontramos en todas las Escrituras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Consideremos unos ejemplos típicos del Antiguo Testamento. En Levítico 4 y 5, y en parte también en los capítulos 6 y 7, encontramos las prescripciones para un israelita que hubiera pecado.

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La adopción de hijos para sí mismo

Esto no es todo. Hubiésemos podido obtener todo lo mencionado y solo ser colocados como siervos ante Dios. Los ángeles, como siervos, también tienen que corresponder a la gloria y a la santidad de Dios. Pero, respecto a nosotros, se dice: “… habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos” (Efesios 1:5).

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La Cena del Señor es la expresión de la unidad del cuerpo de Cristo

Hemos visto que la unidad del cuerpo de Cristo se forma mediante el bautismo del Espíritu Santo (1 Corintios 12:13), así que no es por la participación en la Cena del Señor. Si así fuera, la Asamblea solo estaría formada por los que participan en la Cena del Señor, lo cual estaría en total contradicción con la enseñanza general de la Palabra.

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La comunión de la sangre y del cuerpo de Cristo

Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? (1 Corintios 10:15-16).

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La conciencia

Dios ha dado a cada hombre una conciencia (Romanos 2:15) que le acusa de cosas malas que comete. La conciencia no destaca todo lo malo debido a que se ve influenciada y formada por el ambiente, pero siempre habla cuando alguien hace algo que se considera malo en el entorno en el cual él ha sido criado.

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La condenación de la fuente del pecado, nuestra mala naturaleza

De esto se desprende que no basta tener el perdón de los pecados. Si el Señor Jesús llevó todos mis pecados en la cruz, ciertamente ya no seré juzgado por ellos. Sin embargo, si él no hubiese hecho otra cosa más por mí, estaría perdido eternamente.

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La condición del hombre

En mi carta anterior señalé, según el primer capítulo de la epístola a los Romanos, el hecho de que todos los hombres han pecado y por eso son culpables ante Dios. Pero también que todo el que acepta al Señor Jesús recibe el perdón de sus pecados y, aun más, Dios lo justifica.

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La cruz de Cristo

Cuando Jesús fue crucificado, Dios miró con ira a este mundo. ¿Cómo podía ser de otra manera, viendo el desprecio y el ultraje desplegados contra su Hijo? Sin embargo, Dios podía mirar con amor y perfecto agrado al Señor Jesús que murió en la cruz por cada uno de nosotros.

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La dependencia del Señor

Hemos visto que los siervos del Señor son llamados por él mismo según su propia voluntad y que solamente él los envía. ¡Pero eso no es lo único! El servicio mismo tiene que ser desempeñado en dependencia del Señor.

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La experiencia práctica

Entonces, ¿cómo es posible que tantos creyentes giman bajo el poder del pecado, como lo escribí al principio de esta carta? Todo creyente conoce o ha conocido por experiencia propia este estado y la lucha asociada con él. Eso no quiere decir que esta lucha deba alargarse a través de toda la vida del creyente, como a menudo se dice. Gracias a Dios no es así.

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La gracia, no solo para los judíos

En los primeros ocho capítulos de la epístola a los Romanos encontramos descrita la condición del hombre y la respuesta de Dios. El hombre está perdido y sin ninguna esperanza:

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La institución de la Cena del Señor

Mateo 26, Marcos 14 y Lucas 22 nos describen la Cena del Señor. Las dos primeras citas nos muestran que fue establecida inmediatamente después de que el Señor hablara de la traición de Judas y después de que este saliera.

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La justicia de Dios

Dios no es ningún juez terrenal con corazón blando, de quien se puede ganar la simpatía para recibir un castigo menos riguroso, pues el amor y la gracia de Dios jamás pueden actuar en contradicción con su justicia.

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