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Lo que Dios establece y nuestras experiencias

Muchos creyentes pasan por grandes angustias porque continuamente están escudriñando sus propios corazones, pensando encontrar en él la evidencia de su conversión a Dios. Se puede que tal persona diga:

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Lo que Dios ha hecho

Examinemos ahora los cuatro hechos de Juan 3:35-36 mencionados anteriormente:

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Los creyentes esperan el retorno de Cristo – ¿por qué?

Ahora bien, ¿por qué habría de ser distinto para ti y para mí cuando oímos hablar del regreso del Señor? ¿Acaso no experimentamos la dulzura de su amor? ¿No fue él quien sufrió y murió por nosotros? ¿No nos ha guardado a lo largo del camino, desde el día que le conocimos, llevando nuestros dolores y restaurándonos después de muchas caídas?

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Los Evangelios

Los evangelios narran la vida del Señor y le presentan a nuestros corazones

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Los hechos divinos y nuestros sentimientos y experiencias

Desde el momento en que Dios establece un hecho en su Palabra, debemos creerlo y aceptarlo, aun cuando nuestra razón no pueda comprenderlo, o aquello no concuerde con nuestra experiencia o nuestros sentimientos. Dios es su propio intérprete y, a su tiempo, aclarará todo al que pacientemente espera en él. Y aunque no lo haga, nuestro deber siempre es creer, puesto que Dios no se equivoca.

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Los Hechos y las epístolas

Los Hechos narran el establecimiento de la Iglesia por el Espíritu Santo venido del cielo, luego los trabajos de los apóstoles en Jerusalén o en Palestina y los de los otros obreros del Señor. Nos hablan especialmente de la obra de Pedro, luego acerca de la de Pablo, y terminan por el relato del rechazo del evangelio de Pablo por parte de los judíos de la dispersión.

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Los libros hagiográficos

Daniel es considerado por los judíos como parte de los hagiógrafos. Hemos hablado de su libro como profecía –aunque tiene un carácter aparte– porque el trono de Dios había desaparecido de la tierra y el profeta estaba en Babilonia.

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Los libros histórico

El libro de Josué narra la toma de posesión del país de Canaán. En ella se pone de manifiesto la responsabilidad del pueblo, pero, en suma, Dios está con él: ningún enemigo pudo afrontar la guerra con Israel. Dios estuvo con Josué todos los días de su vida, y esto continuó durante los días de los ancianos que habían sido testigos oculares de las obras maravillosas de Jehová.

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Los libros proféticos

Nos falta proporcionar algunas nociones sobre las profecías para facilitar la comprensión de esas revelaciones de Dios y después pasar rápida revista a los hagiógrafos. De todos los profetas es Isaías el que abarca el horizonte más amplio.

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Los muros de Jericó, Rahab y muchos otros testigos…

Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días (Hebreos 11:30).

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Mi desdicha, mi desdicha!

Cada vez que volvamos a leer esta exquisita porción de la sagrada Palabra veremos brotar nuevos rayos de la gloria divina, de tal modo que nunca diremos que su estudio haya concluido.

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Mirando hacia el fin glorioso de la carrera

El apóstol Pablo, al decir que nos ocupemos en nuestra salvación con temor y temblor, no tiene en vista ni la justificación ni nuestro lugar junto a Dios. La salvación, en la epístola a los Filipenses, es siempre considerada como el fin de la carrera, como su resultado final en gloria. ¿Cuál fue el efecto de la redención para Israel?

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Mirar a un Cristo glorificado

Toda la vida de Pablo era el resultado de esa verdad y estaba completamente formada por ella. El Hijo de Dios formaba su vida día tras día y Pablo proseguía siempre su carrera hacia Él, sin hacer nunca otra cosa. Así, Pablo entraba –no solo como apóstol sino también como cristiano– en comunión con los sufrimientos de Cristo y en la semejanza a su muerte. Todo cristiano debería hacer como él.

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Movido por la fe, Moisés…

Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón (Hebreos 11:24-26).

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Movido por la fe, Noé…

Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe (Hebreos 11:7).

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Muerto en la carne y liberado del pecado

El apóstol añade (¡y qué bendición es para un hombre poder hablar así!): “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros” (v. 9). Así –destaquémoslo bien– el Dios de paz estará con nosotros.

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Nada de méritos personales

La manera en que el apóstol trata aquí ese asunto es digna de destacar. No habla de una conciencia cargada de pecado, sino de la inutilidad de todas las ordenanzas. Por eso llama a todo el sistema con un nombre despreciativo: “la concisión” (v. 2, V.

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Nuestra conducta frente a las autoridades

Entonces, ¿qué tenemos que ver con las autoridades? Pues, someternos a ellas, ya que Dios las ordenó; cuando fijan sus impuestos, debemos pagarlos, e igualmente hacer rogativas por los reyes y por todos los que están en eminencia (1 Timoteo 2:1-2).

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Nueva aparición

Todavía una palabra más mientras consideramos al leproso totalmente cubierto de su mal. Leemos: “Mas el día que apareciere en él la carne viva, será inmundo. Y el sacerdote mirará la carne viva, y lo declarará inmundo. Es inmunda la carne viva; es lepra” (v. 14-15).

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Nuevo recurso del agua y de la navaja

Llegó el último de estos siete días para el leproso; el tiempo de su testimonio toca a su fin. ¿Necesitará una nueva aspersión de sangre para quedar limpio y poder entrar en su hogar tan ardientemente deseado? No; ya vimos que la sangre fue derramada una sola vez: “Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”.

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Ocuparse del bien

Es algo de suma importancia tener el corazón adecuado y formado para hallar placer en las cosas en las que Dios se place. Incluso con el sentimiento de que Él juzga el mal como mal, el corazón no se siente feliz. Nosotros somos exhortados a vivir ahora como con Dios en el cielo, Y ¿acaso Dios tiene que juzgar algún mal cometido en el cielo?

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Pensar y obrar como Cristo

Si participo del sentir y de los pensamientos de Cristo, no soportaré ver el mal en los santos, sino que desearé verlos semejantes a Cristo. Él obra actualmente en el corazón de los santos, como lo leemos en Efesios 5:26: “para santificarla, purificándola por el lavamiento de agua por la palabra” (versión francesa de J. N.

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Presentación a Jehová

El día octavo tomará dos corderos sin defecto, y una cordera de un año sin tacha, y tres décimas de efa de flor de harina para ofrenda amasada con aceite, y un log de aceite. Y el sacerdote que le purifica presentará delante de Jehová al que se ha de limpiar, con aquellas cosas, a la puerta del tabernáculo de reunión (v. 10-11).

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Primero obediente, luego exaltado

Nosotros tenemos que tener el mismo sentimiento, el mismo pensamiento que estaba en Cristo. Dios le había “preparado cuerpo”, o, como lo dice otro pasaje, le había “horadado la oreja”. Como hombre, Él había tomado forma de siervo. Vino –la plenitud de la Deidad– a habitar en ese cuerpo y manifestó en él la obediencia perfecta, de manera que Dios le ensalzó a su diestra.

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