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La Cena del Señor es la expresión de la unidad del cuerpo de Cristo
Hemos visto que la unidad del cuerpo de Cristo se forma mediante el bautismo del Espíritu Santo (1 Corintios 12:13), así que no es por la participación en la Cena del Señor. Si así fuera, la Asamblea solo estaría formada por los que participan en la Cena del Señor, lo cual estaría en total contradicción con la enseñanza general de la Palabra.
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La comunión de la sangre y del cuerpo de Cristo
Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? (1 Corintios 10:15-16).
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La conciencia
Dios ha dado a cada hombre una conciencia (Romanos 2:15) que le acusa de cosas malas que comete. La conciencia no destaca todo lo malo debido a que se ve influenciada y formada por el ambiente, pero siempre habla cuando alguien hace algo que se considera malo en el entorno en el cual él ha sido criado.
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La conciencia de David se despierta
Después de haber permanecido tanto tiempo dormida, la conciencia de David se sobrecoge por una profunda convicción de pecado. Y se da cuenta de que su crimen no solamente concierne a Urías y a su mujer, sino que es, en primer lugar, contra Jehová.
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La condenación de la fuente del pecado, nuestra mala naturaleza
De esto se desprende que no basta tener el perdón de los pecados. Si el Señor Jesús llevó todos mis pecados en la cruz, ciertamente ya no seré juzgado por ellos. Sin embargo, si él no hubiese hecho otra cosa más por mí, estaría perdido eternamente.
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La condición del hombre
En mi carta anterior señalé, según el primer capítulo de la epístola a los Romanos, el hecho de que todos los hombres han pecado y por eso son culpables ante Dios. Pero también que todo el que acepta al Señor Jesús recibe el perdón de sus pecados y, aun más, Dios lo justifica.
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La cruz de Cristo
Cuando Jesús fue crucificado, Dios miró con ira a este mundo. ¿Cómo podía ser de otra manera, viendo el desprecio y el ultraje desplegados contra su Hijo? Sin embargo, Dios podía mirar con amor y perfecto agrado al Señor Jesús que murió en la cruz por cada uno de nosotros.
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La dependencia del Señor
Hemos visto que los siervos del Señor son llamados por él mismo según su propia voluntad y que solamente él los envía. ¡Pero eso no es lo único! El servicio mismo tiene que ser desempeñado en dependencia del Señor.
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La experiencia práctica
Entonces, ¿cómo es posible que tantos creyentes giman bajo el poder del pecado, como lo escribí al principio de esta carta? Todo creyente conoce o ha conocido por experiencia propia este estado y la lucha asociada con él. Eso no quiere decir que esta lucha deba alargarse a través de toda la vida del creyente, como a menudo se dice. Gracias a Dios no es así.
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La gracia, no solo para los judíos
En los primeros ocho capítulos de la epístola a los Romanos encontramos descrita la condición del hombre y la respuesta de Dios. El hombre está perdido y sin ninguna esperanza:
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La institución de la Cena del Señor
Mateo 26, Marcos 14 y Lucas 22 nos describen la Cena del Señor. Las dos primeras citas nos muestran que fue establecida inmediatamente después de que el Señor hablara de la traición de Judas y después de que este saliera.
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La justicia de Dios
Dios no es ningún juez terrenal con corazón blando, de quien se puede ganar la simpatía para recibir un castigo menos riguroso, pues el amor y la gracia de Dios jamás pueden actuar en contradicción con su justicia.
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La justificación
El hecho es que Dios solo puede obrar justamente en consonancia con su justicia. El hombre estaría perdido, sin posibilidad de salvación, si el Señor Jesús no hubiera cumplido la obra de redención en el Gólgota. El amor de Dios quería salvar de la condenación eterna al pecador, pero esto no era posible porque la justicia requería el castigo del pecador.
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La liberación
¡Soy salvo de este cuerpo de muerte! Mi pecado ha sido juzgado en la cruz, en Cristo (Romanos 8:3). Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí (Gálatas 2:20).
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La Mesa del Señor
En Malaquías 1:7, como también en Ezequiel 41:22, el altar donde se colocaba el sacrificio de acción de gracias se llamaba la “Mesa de Jehová”. Por ambas citas vemos que “mesa” y “altar” indican la misma cosa. La expresión “altar” alude más bien a la ofrenda que se colocaba en él, mientras que la palabra “mesa” se relaciona con la comida y con la comunión ligada a ella.
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La muerte del Señor
¿Quién puede entender el significado de estas palabras? Él, el Señor, entraba en la muerte. ¡Qué amor, qué gracia y misericordia, qué designios de Dios! ¡El Príncipe de la vida, la Fuente de la vida, murió y fue enterrado! ¡Qué prueba más grande de que él tomó perfectamente nuestro lugar! No solamente llevó nuestros pecados en su cuerpo, sino que fue hecho pecado.
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La naturaleza del hombre
En Juan 2:23-25 encontramos el juicio del Señor sobre el hombre. No tenía que vérselas con unos impíos que le rechazaban en abierta enemistad. Lo reconocían, pues a través de sus milagros quedaban convencidos de que él era el Mesías. Ellos creían en su nombre.
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La oración es señal del nuevo nacimiento
“Orar” no es lo mismo que rezar. Diariamente se dicen miles de rezos. El Señor Jesús dijo: “No uséis vanas repeticiones” (Mateo 6:7); además advierte a los fariseos sobre la actitud de los escribas que “por pretexto hacen largas oraciones” (Marcos 12:40).
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La Palabra como medio de purificación
La Palabra de Dios también es el único medio por el cual podemos ser limpiados y santificados. “Así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (Efesios 5:25-27). “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17).
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La Palabra de Dios es nuestra guía
¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. (Salmo 119:9). “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”. “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:11, 105).
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La Palabra de Dios no predestina para condenación
En las Escrituras no hay ni una sola evidencia a favor de la idea de que Dios haya decretado previamente la condenación de alguna persona, de que haya designado a determinadas personas para que se pierdan eternamente. Al contrario, eso contradice lo que Dios ha revelado de sí mismo en su Palabra.
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La Palabra es nuestra arma
La espada del Espíritu, que es la palabra de Dios (Efesios 6:17).
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La plena restauración
Para darse cuenta de la manera en la cual el alma de David fue restaurada, es necesario considerar el Salmo 51. Otros salmos hacen alusión a las mismas circunstancias, pero no citaremos más que este salmo 51, cuyo título es: “Salmo de David, cuando después que se llegó a Betsabé, vino a él Natán el profeta”.
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La predestinación
Por desgracia, el hombre no se mantuvo en lo que está escrito en la Palabra de Dios, sino que permitió a sus razonamientos ir más allá, a fin de llegar a pretendidas conclusiones lógicas. El resultado fue que llegó a hacer afirmaciones que van en contra de la Palabra de Dios y que en realidad constituyen una deshonra para Su nombre.
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