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La realización o el cumplimiento de la profecía
Por la fe sabemos que no es necesario que se cumplan estas cosas para poner nuestra confianza en la Palabra de Dios. No obstante, Dios ha juzgado oportuno relatar algunas profecías que se cumplieron según el anuncio profético que Él había hecho. Con tres ejemplos será suficiente para demostrarlo:
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La relación de Dios con su criatura
Si bien esta relación se interrumpió a causa del pecado, el pensamiento de Dios, así como su deseo en cuanto al hombre, permanecen. Para la felicidad del hombre, Dios estableció una relación correspondiente a la revelación que él da de sí mismo. Esta revelación de Dios es progresiva en el transcurrir de los tiempos.
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La responsabilidad del hombre
Desde su creación, el hombre fue considerado responsable ante Dios, quien le asignó una función: señorear “en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1:28). “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase” (cap. 2:15).
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La resurrección de condenación
Es mencionada por el Señor Jesús en Juan 5:29 y por el apóstol Pablo en Hechos 24:15. La resurrección de condenación tendrá lugar después de la disolución de todas las cosas creadas, antes de la introducción de los nuevos cielos y la nueva tierra. El texto de Apocalipsis 20:11-15 describe esta escena solemne.
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La resurrección de vida
“Los que son de Cristo, en su venida” (1 Corintios 15:23); esta expresión designa a todos los que se habrán beneficiado con la obra que Jesús hizo en la cruz, la cual también incluye a los creyentes del antiguo pacto, ya que son salvos en virtud de la sangre de Cristo, cuyo valor les ha sido imputado por anticipado.
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La santificación
Esta presencia del Espíritu Santo en el creyente impone una separación práctica del mal. ¿“Ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo” (1 Corintios 6:19-20).
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La sociedad
En las Escrituras, el significado más frecuente de la palabra “mundo” es el que hace referencia a la sociedad humana en su sentido más amplio. Tan pronto como el pecado entró en el mundo, una familia se distinguió por su manera de organizarse excluyendo a Dios. Se trata de la familia de Caín, según el relato de Génesis 4:17-24.
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La unción
Dios nos ha ungido con el Espíritu como con un aceite de consagración para servirle, para conocer las cosas profundas de Dios, para recibir y comunicar sus pensamientos (2 Corintios 1:21; 1 Corintios 2:10-15; 1 Juan 2:20, 27).
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Las arras
Dios “nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones”. “Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu” (2 Corintios 1:22; 5:5). El Espíritu Santo de la promesa “que es las arras de nuestra herencia” (Efesios 1:14). El Espíritu Santo, en nuestros corazones, es a la vez una garantía y un anticipo de nuestras futuras bendiciones en la gloria.
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Las epístolas
Como perito arquitecto puse el fundamento… Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo (1 Corintios 3:10-11).
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Las primicias, Cristo
En la Escritura se mencionan varios casos de resurrección, y todos conciernen a personas a las que se ha devuelto la vida por un tiempo. Estos casos solo han sido una demostración del poder de vida que hay en Dios. Pero salir de la muerte para no volver a ella y no estar más sujeto a las circunstancias de la existencia terrenal, esto es la verdadera resurrección.
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Las tribulaciones de Israel
Ya en Egipto los hijos de Israel conocieron la tribulación. Cuando se levantó en el país un nuevo Faraón que no había conocido a José, sometió a esclavitud a los israelitas, quienes a sus ojos se habían vuelto un pueblo numeroso. Al decretar la muerte de todos los recién nacidos varones, creyó que destruiría a esta raza que le importunaba.
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Limpieza indispensable
Ante los ojos de Dios el leproso ahora está purificado, sin mancha; fue declarado así por la autoridad divina con la certeza que le da su Palabra… ¿Qué sigue? Y el que se purifica lavará sus vestidos, y raerá todo su pelo, y se lavará con agua, y será limpio (v. 8).
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Llaga en la cabeza
Detengámonos un momento en los versículos 29-30 y 43-44 de nuestro capítulo.
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Los evangelios
Los evangelios son cuatro y describen la vida del Señor Jesús. La repetición de ciertos hechos no hace más que subrayar su importancia, mientras las variantes de algunos relatos nos hacen descubrir aspectos relevantes sobre los que el Espíritu Santo quiere llamar nuestra atención.
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Los Hechos de los Apóstoles
Unido estrechamente al evangelio de Lucas, el libro de los Hechos es la narración de los primeros acontecimientos de la historia de la Iglesia. El ministerio de los apóstoles es la continuación del ejercido por el Señor Jesús, como él mismo dijo: “El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre” (Juan 14:12).
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Los profetas
Los libros históricos se hallan dentro de esta categoría, la más extensa de las Escrituras. Por medio de las profecías Dios mismo se dirige a su pueblo para advertirle, consolarle, censurarle a menudo, pero también para animarle.
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Los salmos
En esta categoría están clasificados todos los libros poéticos que expresan los sentimientos de los fieles. En ellos encontramos toda la profundidad de los pensamientos que el Espíritu de Dios pone en los corazones y que a menudo sobrepasan las experiencias personales de los que los escribieron.
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Mi desdicha, mi desdicha!
Cada vez que volvamos a leer esta exquisita porción de la sagrada Palabra veremos brotar nuevos rayos de la gloria divina, de tal modo que nunca diremos que su estudio haya concluido.
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Nacido de nuevo
En efecto, Dios no se contenta con borrar los pecados cometidos por nuestra vieja naturaleza –a la que su Palabra llama “la carne”, y que no puede producir otra cosa que el mal– sino que nos da otra vida, otra naturaleza. Hay un nuevo nacimiento operado por la Palabra –simbolizada por el agua– y por el Espíritu Santo.
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Nueva aparición
Todavía una palabra más mientras consideramos al leproso totalmente cubierto de su mal. Leemos: “Mas el día que apareciere en él la carne viva, será inmundo. Y el sacerdote mirará la carne viva, y lo declarará inmundo. Es inmunda la carne viva; es lepra” (v. 14-15).
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Nuevo recurso del agua y de la navaja
Llegó el último de estos siete días para el leproso; el tiempo de su testimonio toca a su fin. ¿Necesitará una nueva aspersión de sangre para quedar limpio y poder entrar en su hogar tan ardientemente deseado? No; ya vimos que la sangre fue derramada una sola vez: “Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”.
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Presentación a Jehová
El día octavo tomará dos corderos sin defecto, y una cordera de un año sin tacha, y tres décimas de efa de flor de harina para ofrenda amasada con aceite, y un log de aceite. Y el sacerdote que le purifica presentará delante de Jehová al que se ha de limpiar, con aquellas cosas, a la puerta del tabernáculo de reunión (v. 10-11).
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Prueba de lepra
Busquemos el sentido espiritual de este notable aspecto del diagnóstico sacerdotal y de la duda que podría surgir en cuanto a los síntomas de la enfermedad. ¿No puso Dios al hombre bajo vigilancia? ¿No le ha dado toda posibilidad de demostrar que no estaba atacado de “lepra”? La misma Escritura responde.
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