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¿Puede la nueva naturaleza mejorar a la vieja?

Sólo existe una respuesta: Nada puede mejorar a la carne. Se ha intentado hacerlo de todas las maneras posibles, desde la caída de Adán en el Edén hasta la cruz de Cristo en el Calvario. Pero, ¿cuál ha sido el resultado? El hombre desobedeció voluntariamente la santa ley de Dios, cuando Dios, por ser justo, le pedía que le obedeciese.

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¿Puedo estar completamente seguro de que tengo la vida eterna?

Es posible que una persona salva no sienta que tiene la vida eterna. Aun después de ser salvos, debemos cuidar que no nos desvíen nuestros sentimientos y pensamientos. Satanás es quien provoca dudas en nosotros. Pero podemos confiar en la realidad de la salvación de Dios.

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¿Puedo estar seguro de que Dios me salvará?

Cuando un hombre le preguntó al apóstol Pablo qué debía hacer para ser salvo, Pablo contestó: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31). Dios no miente. De modo que usted puede tener absoluta seguridad de que Dios quiere salvarlo eternamente.

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¿Puedo ser salvo ahora mismo?

¿Cuánto tiempo tarda usted en creer lo que alguien le dice? Un momento es suficiente, ¿verdad? A lo largo del Nuevo Testamento se puede comprobar que las personas que creyeron, inmediatamente fueron salvas. Antaño, a causa de sus pecados, los israelitas se estaban muriendo de mordeduras de serpientes.

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Que cada uno se examine a sí mismo

La responsabilidad personal tiene otro aspecto. Al parecer, los corintios habían sido negligentes en cuanto a examinarse a sí mismos respecto a hechos que no habían puesto en orden en su vida. Con pecados no juzgados y asuntos en desorden, llegaron a la presencia del Señor para proclamar su muerte. Esto es de gran importancia para nosotros.

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¿Qué diferencia hay entre los dos casos?

Ahora bien, ¿cuál de estas dos familias le parece que estaba más salva? Tal vez diga que la segunda, cuyos miembros gozaban de la tranquilidad que les daba la confianza en Dios.

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¿Qué naturaleza satisfacer?

Hemos visto la convivencia de dos naturalezas que, debido a su diferencia de origen, tienen gustos completamente distintos; existen, pues, “las cosas de la carne” y “las cosas del “Espíritu” (v. 5). No olvidemos que estas dos naturalezas reclaman a diario ser satisfechas, conforme a sus respectivas necesidades.

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Referencia del Antiguo Testamento

El principio que acabamos de encontrar en el Nuevo Testamento se confirma en el Antiguo Testamento. Pensemos en los porteros, cuyo trabajo consistía en controlar quién entraba o salía de la ciudad o del templo. Y es precisamente en relación con la ciudad de Dios, Jerusalén, que se describe la función de estos porteros.

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Referencias de las epístolas

La costumbre de los primeros cristianos de partir el pan el domingo no es lo único que nos hace pensar en ese día. Las epístolas también hacen una referencia indirecta a ella. Veamos, por ejemplo, 1 Corintios 16:1-2; aquí se habla de las ofrendas de dinero en la asamblea, que no debían recogerse en cualquier momento.

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Responsabilidad transferida

Tal vez ahora surja la pregunta: Si es el Señor el que decide quién participa en el partimiento del pan, ¿cómo es posible que una asamblea local hable de «admisión a la Mesa del Señor?». La expresión «admisión a la mesa del Señor» no aparece en la Biblia. Reflexionemos un poco sobre esta pregunta.

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Resumen

Además de la responsabilidad colectiva de una asamblea local, cada creyente tiene una responsabilidad individual respecto a la forma en que participa en el partimiento del pan. Esta manera debe ser digna. Mediante un constante autoexamen, nos probamos y nos purificamos de todo lo que no corresponde a la santidad de Dios en la Mesa del Señor.

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Resumen

1)   Todos los que participan en el partimiento del pan deben tener la vida de Dios. Es imposible aceptar a los incrédulos en la Mesa del Señor. 2)   Quien participa en el partimiento del pan no debe vivir en el mal, pues esto contamina a toda la asamblea.

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Resumen

Aunque en la Biblia no hay una exhortación directa a partir el pan el domingo, sí encontramos una serie de indicaciones que nos permiten reconocer el domingo como el día más apropiado para ello. Los primeros cristianos también lo hacían los domingos. El domingo es el día de los nuevos comienzos, el día de la resurrección del Señor.

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Resumen

La reunión de culto no se basa en prescripciones, pero tiene un carácter que deseamos respetar. Nos reunimos para dar gracias y adorar a Dios. El centro de nuestros pensamientos es la obra del Señor Jesús en la cruz. No nos reunimos para pensar en nuestra salvación, sino en el Salvador. Al comer el pan y beber la copa, proclamamos su muerte.

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Resumen

El partimiento del pan es un acto vinculado a la asamblea local, como enseña la Biblia. Partimos el pan donde el Señor Jesús está en medio de su pueblo reunido en su nombre. Hacerlo de otra manera va en contra de los pensamientos de Dios.

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Resumen

El mismo Señor Jesús instituyó la Cena para sus discípulos. El pan y la copa son los símbolos de su muerte y nos recuerdan su cuerpo entregado y su sangre derramada. El partimiento del pan tiene dos aspectos fundamentales. Por un lado, anunciamos su muerte (aspecto personal), y por el otro, expresamos la comunión con él y entre nosotros (aspecto colectivo).

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Resumen: ¿Por qué partimos el pan?

1)   Es una invitación de nuestro Señor a sus discípulos ante su inminente sufrimiento y muerte en la cruz. Para nosotros es un gran gozo responder a esta invitación. 2)   Expresamos la comunión con nuestro Señor y nuestra íntima relación con él, el Salvador crucificado.

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Segunda respuesta: Comunión con el Señor

Por medio del partimiento del pan mostramos nuestra comunión con el Crucificado. Pablo escribió a los corintios: La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? (1 Corintios 10:16).

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Si cumplo con mi parte, ¿no hará Dios la suya?

Un cristiano dijo que le fueron necesarios 42 años para aprender tres verdades:

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Si fuera cristiano, fracasaría

Muchas personas tratan de ser cristianas, pero fracasan. Empiezan muy contentas; después, sus sentimientos de alegría y su resolución de «ser buenas» ambos fracasan. Si usted hace semejante experiencia, está ensillando antes de tener caballo. Lo que Dios le pide ahora es que crea en el Señor Jesús.

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Si la persona hace lo mejor que puede, se salvará

¿Puede usted decir sinceramente que siempre ha hecho lo mejor que podía para Dios? ¿No le ha pasado a menudo que ha hecho lo que no debía y dejado de hacer lo que debía hacer? Un solo pecado es suficiente para condenarlo. Dios dice que “todos nosotros nos descarriamos como ovejas” (Isaías 53:6) y que “no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Salmo 14:3).

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Siempre he creído en Jesús; pero no puedo decir que soy salvo

Hay una gran diferencia entre creer acerca de Jesucristo y verdaderamente creer en Él. Aun creer que Él murió en la cruz por los pecadores no lo salvará. Debe creer que murió por usted –por sus pecados– y aceptarlo como su Salvador personal. Una historia ilustra la diferencia:

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Soy demasiado pecador para ser salvo

No cabe duda de que usted es un gran pecador, y quizás incluso peor de lo que se imagina. Dios todo lo sabe con respecto a usted. Desde su niñez, cuidó de usted y le amó más que lo hacen los propios padres. A pesar de su pecado, Dios tiene los brazos abiertos para acogerle.

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Tercera respuesta: Comunión entre creyentes

Partimos el pan para expresar la colectividad y la unidad que forman todos los creyentes de la tierra. Esta idea también está estrechamente relacionada con la Mesa del Señor. Pablo escribe:

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