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The Mackintosh Treasury
La doctrina de la perseverancia final o la seguridad eterna del creyente
Primeramente, pues, en cuanto a la doctrina de la perseverancia final, nos parece extremadamente clara y simple si uno la considera en su relación inmediata con Cristo, como, por cierto, toda doctrina debiera ser considerada. Cristo es el alma, el centro y la vida de toda doctrina.
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La esfera o ámbito de la gran comisión
La esfera o ámbito de «la gran comisión» se nos presenta en esa expresión de tan vasto alcance: “En todas las naciones” (Lucas 24:47), y está en perfecta consonancia con todo lo que hemos venido examinando.
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La esperanza del cristiano
Este tercer y último punto se presenta en nuestro capítulo de una manera tan característica como los otros dos. La posición del cristiano es ser hallado en Cristo; el objeto del cristiano es conocer a Cristo, y su esperanza es ser semejante a Cristo. ¡Cuán admirablemente perfecto es el lazo que existe entre estas tres cosas!
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La extensión del perdón que Dios nos da
Muchos no tienen ideas muy claras acerca de este punto. No ven la amplitud de la expiación y no comprenden que ella se aplica a todos sus pecados.
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La falacia de que el castigo eterno es incompatible con el amor de Dios
Y ahora diremos unas palabras en cuanto a la idea de que es incompatible con el carácter de Dios permitir tal cosa como un castigo eterno. Muchos parecen atribuir gran importancia a esto. Parecen pensar que la miseria eterna nunca podría corresponderse con la misericordia y la bondad de Dios.
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La figura del diluvio y el arca
Todo esto está prefigurado vívidamente por el diluvio y el arca, en los días de Noé: “Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.
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La forma de gobierno de la Iglesia más conforme con las Escrituras
Una cuestión bastante natural surge en la mente del investigador de la verdad: «¿Cuál es la forma de gobierno de la Iglesia más conforme con las Escrituras?». «¿Con qué grupo de cristianos debo asociarme eclesiásticamente?». La respuesta a estas preguntas es: «Asóciese con aquellos que sean verdaderamente “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3)».
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La importancia de la resurrección
Hemos visto que la base de «la gran comisión» es la muerte y resurrección de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Esto nunca debe perderse de vista. Fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día (Lucas 24:46).
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La incertidumbre de algunos creyentes
Es preciso tener en claro esta gran verdad fundamental. Muchos, incluso un gran número de hijos de Dios, tienen dudas en cuanto a ella, y por eso tienen miedo cuando piensan en el tribunal del juicio. Ellos no conocen a Dios como Justificador. Su fe no se ha apoderado de él como el que levantó de entre los muertos a Jesús, nuestro Señor.
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La ley
A la ley se la contempla erróneamente de dos maneras: Primero, como fundamento de la justificación, y Segundo, como regla de vida del cristiano.
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La manera en que Dios perdona
Todos sabemos que a menudo hay más poder en la manera de hacer un acto que en el acto mismo. Se oye decir frecuentemente: «Reconozco que Fulano me ha hecho un favor, pero lo hizo de tal manera que le quitó todo mérito». El Señor tiene su manera de obrar. Él no solamente hace grandes cosas; pero las hace de modo que nos convenzamos de que es su corazón el que actúa.
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La misma decadencia y la misma causa en la cristiandad de hoy
Y ¿acaso no es exactamente lo mismo con respecto al pueblo de Dios en la actualidad? ¿Acaso la Palabra de Dios no es nuestra obediencia, nuestra sabiduría, nuestra salvaguardia y el fundamento de toda verdadera grandeza moral? Sin duda. Nuestra sabiduría consiste en obedecer. El alma obediente está segura, es sabia, feliz y fructífera. Como fue en el pasado, así también es ahora.
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La naturaleza del evangelio de Pablo
Veamos ahora en qué consistía realmente este “misterio”, este “evangelio”, esta “salvación”, y lo que tenía de particular. Es sumamente importante comprender esto. ¿Cuál era, pues, el Evangelio de Pablo? ¿Era un método de justificación del pecador diferente del que predicaban los otros apóstoles? No, de ninguna manera.
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La obediencia individual a la Palabra en tiempos de oscuridad
Los diversos períodos de la vida de Josías son claramente diferenciados.
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La Palabra de Dios nos da certeza
La falsa Teología me dice que nunca puedo estar seguro de mi salvación; la Palabra de Dios, en cambio, me dice que sí. ¿A cuál de las dos debo creer? La primera me llena de tristes dudas y temores; la última me da una certidumbre divina. Aquella me remite a mis propios esfuerzos; esta, a una obra cumplida. ¿A cuál escucharé?
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La Palabra de Dios nos da certeza
La falsa Teología jamás me da seguridad; la Palabra de Dios sí. ¿A cuál de ellas creeré? La primera me llena de dudas y temores; la última me imparte divina seguridad. Una me hace esperar en mis propios esfuerzos; la otra me permite descansar sobre una obra consumada. ¿A cuál escucharé? A través del Libro de Dios, no hay rastro alguno de que uno no pueda estar seguro de su salvación eterna.
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La Palabra de Dios permanece inalterable a pesar de la ruina
Pero aunque esta verdad era algo que estaba “escondido desde los siglos en Dios” (Efesios 3:9), sin embargo existía la unidad de la nación de Israel. Aunque no existía la unidad de un cuerpo, sí había una unidad nacional. Esta unidad fue siempre reconocida por los fieles, a pesar de las condiciones externas del pueblo.
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La perfección del objeto del corazón del cristiano
Todavía somos introducidos aquí en la nueva creación: Cristo por su muerte me dio una conciencia perfecta; por su vida me da un objeto perfecto para el corazón. Es claro que si primero no experimenté la gran bendición de una conciencia purificada, no podré estar debidamente ocupado de este objeto, de la Persona de Cristo.
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La perfección en cuanto a la conciencia
Creemos que el primer gran aspecto de la perfección cristiana se encuentra en el capítulo 9 de la epístola a los Hebreos, y puede denominarse perfección en cuanto a la conciencia: “Lo cual es símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto (teleiosai), en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto” (Hebreos
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La perfección en el andar
Se define en Mateo 5:48: “Sed, pues, vosotros perfectos (teleioi), como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. Ahora bien, uno puede preguntar: ¿Cómo podemos ser perfectos como nuestro Padre que está en los cielos? ¿Cómo podemos alcanzar un fin tan elevado, una norma tan alta?
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La perfección en el carácter de nuestro servicio
“No he hallado tus obras perfectas (pepleromena) delante de Dios” (Apocalipsis 3:2). El lector debe advertir que la palabra original traducida perfecto en este pasaje, no es la misma que aparece en los pasajes que hemos estado considerando. A menudo se traduce como «lleno», «completo», «cumplido».
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La posición del cristiano
Este punto, en nuestro capítulo, se halla desarrollado de manera doble. No solo se nos dice lo que es la posición del cristiano, sino también lo que no es. Si alguna vez ha existido un hombre que pudiera jactarse de tener su propia justicia con la cual estar delante de Dios, ese ha sido Pablo.
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La predicación de Pablo en la sinagoga de Antioquía de Pisidia
Escuchemos un momento a nuestro apóstol mientras cumple su bendita comisión en la sinagoga de Antioquía de Pisidia. Por mucho que quisiéramos citar todo este precioso discurso, nuestro limitado espacio solo nos permite transcribir el poderoso llamamiento que hace al final.
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La realidad del infierno debe impulsarnos a hablar de Cristo diligentemente
¡Que el Espíritu de Dios imprima más y más en nuestros corazones la solemnidad de la eternidad y de las almas inmortales que descienden al infierno! Es deplorable nuestra falta de sentimientos respecto a estas tremendas realidades.
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