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El huerto de la aurora
El día de la crucifixión, después de que todas las clases del pueblo desfilaron ante el Calvario, con sus burlas y sus injurias, y cuando Jesús hubo entregado su espíritu, se hizo un gran silencio. Cuando llegó la noche, dos hombres, Nicodemo y José de Arimatea, se encontraron al pie de la cruz para ocuparse del cuerpo de la Víctima santa y sepultarlo.
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The Mackintosh Treasury
El ministerio de Cristo en el futuro
Después de haber echado una breve e imperfecta mirada al ministerio de Cristo en el pasado y en el presente, diremos también, para terminar, unas palabras sobre su ministerio futuro. Puede que algunos se sientan dispuestos a decir: «No entiendo cómo el Señor nos servirá en el futuro.
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El ministerio de Cristo en el pasado
Volvámonos ahora al capítulo 21 del libro del Éxodo, donde leemos lo siguiente:
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El ministerio de Cristo en el presente
Y ahora pasaremos del ministerio que Cristo llevó a cabo por nosotros en el pasado al que está haciendo hoy por nosotros continuamente en la presencia de Dios. Este servicio nos es presentado, de una manera sumamente bendita, en la primera parte del capítulo 13 de Juan. La misma gracia preciosa resplandece aquí como en todo lo que hemos estado considerando.
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El misterio de la Trinidad
Esta se halla implícita ya en el primer versículo de la Biblia: “Creó Dios”; en hebreo, Dios está en plural (Elohim), ¡pero el verbo crear está en singular! Y un poco más adelante: “Dijo Dios: Hagamos (plural) al hombre a nuestra imagen…; Y creó (singular) Dios al hombre” (Génesis 1:26-27). Habrá que esperar hasta el bautismo de Juan para que la Trinidad se revele.
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El misterio de su Persona
Todos estos nombres le revelan a nuestros corazones y le hacen más precioso a nuestros afectos; él lleva muchos otros aún; no obstante, sigue siendo en su persona ese insondable misterio: solo el Padre conoce a fondo al Hijo (Mateo 11:27).
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El Nazareo
Es el nombre menospreciado. Como lo dijo Natanael: “¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” (Juan 1:46). La cruz tenía un rótulo: “Jesús nazareno, Rey de los judíos”, apelativo elegido para hacerlo objeto de burla y para contradecir a los judíos, quienes habían proclamado no tener más rey que César.
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El Padre ama al Hijo
“Padre… me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Juan 17:24). Amor muy por encima de nosotros, fuera de nosotros, lazo eterno entre el Padre y el Hijo antes de toda creación, expresión de un profundo gozo (Proverbios 8:30), que solo él conoce plenamente.
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El peso sobre Cristo
Qué poca importancia damos a los indescriptibles sufrimientos de nuestro Salvador para llevarnos a Dios: “… habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, (le convenía a Dios) perfeccionase
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El Rey
El Salmo 2 había hablado del rey ungido en Sion, contra el cual los reyes de la tierra y los príncipes consultaban unidos (v. 2). Jesús testifica la buena confesión de ello ante Poncio Pilato, quien le dice: “¿Luego, eres tú rey?” Jesús le responde: “Tú dices que yo soy rey” (Juan 18:37).
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El rey de los judíos
Para la Iglesia, la Esposa, Él es el Señor. Para Israel, Él es el Rey. Es conveniente no confundir los dos títulos, ni en nuestros cánticos, ni en nuestras oraciones.
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El Salvador
Los primeros cristianos tenían una señal de reunión: ICHTHUS, en griego «pescado», cuyas letras significaban: Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador. Se encuentra esta «contraseña» en las catacumbas especialmente; ella resume bien, en pocas letras, lo que Jesús era para ellos.
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El Señor
El niño ha nacido en Belén; el ángel anuncia a los pastores: “Os doy nuevas de gran gozo… os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador”. El niño, envuelto en pañales en el pesebre era la “señal” para ellos. ¿Quién era él? Un Salvador, como también “Cristo el Señor” (Lucas 2:11). Y Filipenses 2 confirma: “Jesucristo es el Señor”.
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El Señor en los evangelios
Antes de la resurrección, es bastante raro que se le llame Señor. Veamos algunos versículos del Evangelio de Lucas en los cuales se le nombra con este título.
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El Verbo
El Verbo (Logos, en griego) es la expresión del pensamiento, la Palabra.
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Elión
El Altísimo es el nombre que fundamentalmente Dios toma para aquellos a quienes se revela, pero que no son de Israel. Por ejemplo, de Melquisedec dice que es “sacerdote del Dios Altísimo” (Génesis 14:18). Ese personaje misterioso se le aparece a Abraham cuando éste volvía de derrotar a los reyes, y le bendice de parte del Dios Altísimo. Abraham se siente así fortalecido en su fe.
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Elohim
El Génesis se abre majestuosamente con estas palabras: En el principio creó Dios (Génesis 1:1).
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El-Shaddai
“Dios Todopoderoso (u Omnipotente). Dios se reveló así a Abraham (Génesis 17:1), luego a Isaac (28:3) y finalmente a Jacob (35:11). Este último había preguntado al Hombre que había luchado con él en Peniel cuál era su nombre, sin obtener respuesta (32:29).
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En el templo
Las sinagogas eran lugares de oración y de lectura de la ley. Iniciadas en la época de la dispersión, se habían expandido por todo el imperio donde había judíos. En Palestina había un buen número de ellas. El templo, al contrario, era único. Era el centro de culto, centro de reunión, símbolo de la unidad de Israel. El Señor del templo iría a visitarlo. ¿Qué acogida tendría?
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En Galilea
Juan el Bautista había mirado “a Jesús que andaba por allí” (Juan 1:36).
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En la sinagoga
Desde el comienzo de su ministerio, “recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos” (Mateo 4:23). No estuvo solamente en uno o dos lugares, sino que fue a toda Galilea predicando el evangelio del reino. Cada uno tenía la oportunidad de oírle. ¿Qué encontraba en esos edificios? Legalismo, formalismos, apariencias exteriores y, sobre todo, la miseria humana.
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En los hechos y en las epístolas
Su título de Señor es destacado. Cuando Esteban es apedreado, pide al Señor Jesús que reciba su espíritu. El Señor ordena a Ananías que vaya e imponga las manos a Pablo. Cuando ese fiel discípulo lleva a cabo esta misión, dice: “Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino…” (Hechos 7:59; 9:11-17).
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Episodios
El arca, figura de Cristo, abrió un camino a través del Jordán, el río de la muerte. En el río se levantan doce piedras que representan las doce tribus; se quedarán allí indicando la posición de aquellos que se hallan unidos a Cristo en su muerte.
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Este es mi Hijo amado
Era necesario que ese amor del Padre por el Hijo fuera proclamado públicamente y que los suyos estuvieran conscientes de ese amor.
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