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Orientación cristiana
¿Qué es el hombre?
¿Evolución o creación?Hoy día son numerosos los verdaderos hombres de ciencia que ya no toman en serio la teoría de evolución. Lo que no impide que ésta sigue siendo enseñada en nuestros colegios y universidades con tan pocas pruebas como poca buena fe.
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Orientación cristiana
Quisiera pedirle una breve explicación de los acontecimientos según 1 Corintios 15:23 y 24.
En 1 Corintios 15 tenemos, como se sabe, la resurrección del cuerpo, y el versículo en cuestión comprueba, el orden cronológico de la misma. El primer hombre que ha resucitado fue nuestro Señor Jesucristo. Este hecho testifica que él ha vencido la muerte. Entonces, él era solo para preparar el camino al Padre (Juan 14:1-3).
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Vida Cristiana
“Regocijaos en el Señor siempre”
¿Quién fue el hombre apto para hablar así de parte de Dios? ¿El hombre que estaba en el tercer cielo? El mismo que estaba prisionero en Roma. Es bueno regocijarse siempre en el Señor, como dice el salmista: Bendeciré a Jehová en todo tiempo (Salmo 34:1).
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Orientación cristiana
Sobre la oración en publico
“Que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda” (1 Timoteo 2:8).Cuando oras en la reunión de oraciones, no amonestes ni censures los errores de otros; no enseñes, sino ¡ora! (Orar es la expresión de nuestros deseos con agradecimiento delante de Dios).
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Vida Cristiana
Un retorno a la piedad
¡Cuán lejanos parecen aquellos benditos tiempos en los cuales el soplo del Espíritu de Dios avivaba las almas! Solo quedan escritos para recordarnos estos maravillosos días que trajeron a los corazones sedientos la lluvia de arriba, el rocío precursor de una mañana despejada.
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Vida Cristiana
Uno siembra y otro siega
Quisiera dar una palabra de aliento a aquellos que han trabajado en el Evangelio durante años, quizá, sin haber visto frutos de su labor. Puede ser que hayan recordado las palabras de Isaías 49:4: “Por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mis fuerzas”. Tal vez se encuentren oprimidos y agobiados, pero el mismo versículo sigue diciendo:
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Orientación cristiana
Vivir de esperanza
Esperanza: Palabra consoladora en un mundo desolado. Palabra que nos liga a un futuro que se desea mejor que el presente. Pero si el futuro es cada día más inseguro, no es nada asombroso que esta palabra haya tomado un sentido cada día más vago en nuestro lenguaje. Sí, mientras más sombríos es el porvenir, más falso es el sonido de esta palabra.
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El Espíritu Santo en el creyente
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El favor de Dios
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El hombre
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La intercesión de Cristo
Por otra parte, en el lugar de gloria donde entró, nuestro Señor Jesucristo continúa en favor de los suyos su incansable actividad. “Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios… intercede por nosotros” (Romanos 8:34). Ahí cumple la doble función de sumo sacerdote y de abogado.
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La salvación final
Creyentes, ante nosotros tenemos una última liberación. De los cielos “esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Filipenses 3:20-21).
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La salvación por la fe
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La víctima expiatoria
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La vida eterna
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A la imagen de Dios
Nos diferenciamos de todas las demás criaturas vivientes que nos rodean en la tierra en que estamos, de forma más o menos consciente, bajo la acción de Dios. Éste es el carácter distintivo del hombre. El Dios creador de todas las cosas lo ha hecho a su imagen. No se limitó a darle la existencia por medio de su palabra todopoderosa, sino que lo formó y sopló en él “aliento de vida”.
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Cristo, nuestro Abogado
“La sangre de Jesucristo su Hijo nos purifica de todo pecado”. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. “Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 1:7, 9; 2:1-2).
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Cristo, nuestro Sacerdote
“Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión (la fe que confesamos). Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Él jamás pecó) (Hebreos 4:14-15).
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El Cordero de Dios
Pero este libro de vida, en el cual haría falta estar inscrito para escapar a la condenación, en otro pasaje del Apocalipsis (13:8) lleva este nombre significativo: “El libro de la vida del Cordero que fue inmolado”.
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El Espíritu de adopción
Esta gloriosa posición de hijo de Dios tiene como consecuencia la recepción del Espíritu Santo: Por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo (Gálatas 4:6).
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El poder
El que ha sido rescatado por Cristo tiene naturalmente el deseo de vivir para su Señor. Desgraciadamente, no tarda en experimentar que en sí no tiene ninguna fuerza para llevar una vida santa y pura, de manera que el bien que quiere, no lo practica; el mal que no quiere, lo hace (Romanos 7:19).
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El sacrificio de la cruz
Si bien el amado Hijo del Padre vino como hombre a este mundo, no fue solamente para llevar una vida perfecta, toda ella para gloria de Dios, sino para cumplir por medio de su muerte la obra de nuestra salvación. Ningún hombre podía pagar el rescate por otros, estando él mismo ya condenado. Sólo Jesús podía pagarlo, y vino para hacerlo.
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El sello
“Dios… nos ha sellado” (2 Corintios 1:21-22). “Fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”; el Espíritu Santo “con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (Efesios 1:13; 4:30). Dios ha puesto así su Espíritu sobre nosotros como un sello, una marca indeleble de que procedemos de Él y somos suyos por los siglos.
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El vínculo
El Espíritu une a los creyentes en un solo cuerpo con Cristo (1 Corintios 12:13). Por medio de Cristo “los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:18). En el Señor somos “juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:22).
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