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El escenario de la profecía
Dios, desde los días de Abraham, escogió un pueblo para que fuera su testigo en la tierra. Estableció con él una alianza perpetua e incondicional, garantizada por la fidelidad de las promesas de Dios. La alianza de Sinaí, la ley, concedida 430 años más tarde, no anuló las promesas anteriores, si bien la rebelión del pueblo obligó a Dios a aplazar su cumplimiento.
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El Espíritu de adopción
Esta gloriosa posición de hijo de Dios tiene como consecuencia la recepción del Espíritu Santo: Por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo (Gálatas 4:6).
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El gobierno del mundo
En dos ocasiones Dios confirió al hombre autoridad en el ámbito de la creación: En Génesis 1 Dios dijo a nuestros primeros padres: “Llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread… en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (v. 28). Igualmente, después del diluvio, Dios bendijo a Noé y a su familia y entregó en sus manos todo lo que se movía sobre la tierra (cap. 9:2).
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El log de aceite
Asimismo el sacerdote tomará del loga de aceite, y lo echará sobre la palma de su
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El mundo creado
Varios pasajes de la Palabra de Dios nos hablan del mundo refiriéndose al planeta tierra, creado por el poder de Dios: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios” (Hebreos 11:3). “El que hizo la tierra con su poder, el que puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su sabiduría” (Jeremías 10:12; 51:15).
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El objeto central de la profecía
Desde la primera promesa dada por Dios al hombre, Jesucristo siempre aparece en ellas: “Esta (la simiente de la mujer) te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”, dijo Dios a Satanás (Génesis 3:15).
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El origen del hombre
Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza… Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó (Génesis 1:26-27).
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El Pentateuco
Es llamado así por los cinco libros que lo forman. El Pentateuco es la base de la revelación de Dios durante el período que precede a Jesucristo. Moisés es su autor, a excepción del último capítulo de Deuteronomio que nos relata su muerte en el monte Nebo. Tanto Moisés como el resto de los autores fueron inspirados por el Espíritu Santo para escribir estos textos históricos y didácticos.
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El poder
El que ha sido rescatado por Cristo tiene naturalmente el deseo de vivir para su Señor. Desgraciadamente, no tarda en experimentar que en sí no tiene ninguna fuerza para llevar una vida santa y pura, de manera que el bien que quiere, no lo practica; el mal que no quiere, lo hace (Romanos 7:19).
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El privilegio de este pueblo
Actualmente Israel se halla en estado de desgracia. El profeta Oseas ya lo anunció al decir: “Ponle por nombre Lo-ruhama, porque no me compadeceré más de la casa de Israel… Ponle por nombre Lo-ammi, porque vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios” (Oseas 1:6, 9).
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El propósito de la profecía
Cuando los discípulos de Jesús le preguntaron acerca de los acontecimientos futuros: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe” (Mateo 24:3-4).
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El sacerdote saldrá fuera
Acabamos de ver al leproso y a su amigo dándose prisa en el camino que los conduce al sacerdote; pero detengámonos un instante; no olvidemos que el enfermo no puede pasar los límites del campamento: está impuro. ¿Cómo podrá acercarse a la morada del sacerdote que habita en la casa de Dios, en el centro mismo del campamento? Mas ¡qué dicha!
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El sacrificio de la cruz
Si bien el amado Hijo del Padre vino como hombre a este mundo, no fue solamente para llevar una vida perfecta, toda ella para gloria de Dios, sino para cumplir por medio de su muerte la obra de nuestra salvación. Ningún hombre podía pagar el rescate por otros, estando él mismo ya condenado. Sólo Jesús podía pagarlo, y vino para hacerlo.
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El sacrificio por el pecado, el holocausto y el presente de flor de harina
Agregar algo quizá podría estropear este cuadro que nos parece perfecto; pero descubrimos que faltan aún algunas pinceladas para completar su perfección. He aquí una: “Ofrecerá luego el sacerdote el sacrificio por el pecado, y hará expiación por el que se ha de purificar de su inmundicia” (v. 19). ¡Qué obra completa y perfecta realizó nuestro Salvador en la cruz del Calvario!
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El sello
“Dios… nos ha sellado” (2 Corintios 1:21-22). “Fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”; el Espíritu Santo “con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (Efesios 1:13; 4:30). Dios ha puesto así su Espíritu sobre nosotros como un sello, una marca indeleble de que procedemos de Él y somos suyos por los siglos.
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El templo del Espíritu Santo
“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad… mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14:16-17). “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3:16).
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El triunfo de Jesús
Mediante su muerte, Jesús destruyó “al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14). En la cruz, él triunfó sobre las potestades tenebrosas, las despojó y las exhibió públicamente (Colosenses 2:15). Al final de las horas del Calvario, antes de entregar su espíritu en las manos del Padre, dijo: “Consumado es” (Juan 19:30).
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El vínculo
El Espíritu une a los creyentes en un solo cuerpo con Cristo (1 Corintios 12:13). Por medio de Cristo “los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:18). En el Señor somos “juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:22).
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En presencia del sacerdote
“Cuando el hombre tuviere en la piel de su cuerpo hinchazón, o erupción, o mancha blanca… será traído a Aarón el sacerdote”. Quisiera llamar la atención sobre la orden dada en este texto: “Será traído a Aarón el sacerdote”. Es terminante y formal; la encontramos nuevamente en el capítulo 14:2.
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Fuera de su tienda
Limpio, rasurado, lavado, el leproso puede volver al campamento; ¡qué hermoso día para él! ¿No nos recuerda esto la declaración apostólica: Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo? (Efesios 2:13).
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Gravedad del mal
“Si… pareciere la llaga más profunda que la piel de la carne…” (Levítico 13:3). No es, pues, solamente un mal superficial el que ha atacado. Es mucho más hondo: su raíz está en nuestro corazón. Y a ese corazón el Sumo Sacerdote lo ha declarado: “Engañoso… más que todas las cosas, y perverso”; (Jeremías 17:9).
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¡Inmundo, inmundo!
Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡inmundo! Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada (v. 45-46).
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Jesús es la resurrección y la vida
Cuando hablamos de vida, nuestro pensamiento se dirige hacia el Autor de ella: el Dios Creador. Toda forma de vida sobre la tierra salió de manos del Creador. El evangelio de Juan dice que el autor de todas las cosas creadas es “el Verbo”, el Hijo, Jesús, el Amado del Padre. La confirmación de esta verdad se encuentra en Juan 1:3, Colosenses 1:16 y Hebreos 1:2, 10.
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Justificado, hijo muy amado
El creyente, lavado de sus pecados, nacido de nuevo, se encuentra a partir de entonces en una posición muy segura. Es liberado de la culpabilidad que pesaba sobre él, pero, más aún, es justificado positivamente, declarado justo.
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