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Desear los dones

En el último versículo del capítulo 12 y en el primero del 14, el apóstol exhorta a los santos de Corinto a procurar “los dones mejores” y a procurar “los dones espirituales”. A menudo oigo estas palabras en la boca de creyentes, pero me pregunto si expresan un deseo real que sale del fondo de nuestros corazones y de nuestras conciencias.

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Desolada y desnuda

Desolada (cf. v. 3), despojada y hecha despreciabla.

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Despertar del pueblo

Sin embargo, la gracia que les había liberado no se paralizó a causa de su conducta, y asistimos, en el capítulo 5, a un despertar producido por el Espíritu de Dios. Había habido despertares en tiempos de Ezequías y Josías, tal como lo vimos en el segundo libro de los Reyes, antes de que la sentencia de Lo-ammi, pronunciada sobre Israel (Oseas 1:9), hubiese sido ejecutada.

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Diez reyes (9) que aún no han recibido reino

Diez reyesa que aún no han recibido reino – Que no existían en el momento de la visión.

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Dios es quien da el crecimiento y quien juzga

El apóstol cita como ejemplo el carácter que Apolos y él tenían entre los corintios (v. 5-8). Eran siervos. En su campo, Dios les había confiado, a uno, el trabajo de plantar, al otro, el de regar, y la función de los dos concurría al mismo fin. Sólo Uno podía hacer prosperar esos trabajos; Apolos y Pablo no eran nada; era Dios quien daba el crecimiento.

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Dios se volverá hacia las naciones

“Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las naciones; y en todo lugar se ofrece a mi nombre incienso y ofrenda limpia, porque grande es mi nombre entre las naciones, dice Jehová de los ejércitos” (v. 11).

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Diversidad en la unidad

Pero si somos bautizados por un solo Espíritu para ser un solo Cuerpo, el Espíritu le distribuye diversos dones por gracia. Hay diversidad en la unidad. “Ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo” (v. 20). “Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos” (v. 14). Cada miembro tiene su lugar ordenado en el conjunto del Cuerpo.

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División de la carta

Volvamos ahora, pues, al asunto de la división de esta epístola. Hemos visto que los dos primeros capítulos nos hablan de la cruz de Cristo como base de toda nuestra posición cristiana. Los capítulos 3 al 9 tratan del orden que conviene a la casa de Dios; los capítulos 11 al 14, del que conviene al cuerpo de Cristo.

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Doctrina y vida práctica

La unión íntima entre la doctrina y la vida práctica se halla a cada paso en las Escrituras. El Salmo 119 nos muestra que sólo por la Palabra es trazada e iluminada la senda del justo. Sin la enseñanza de la Escritura, el creyente confiesa haber sido “errante como oveja extraviada”. Las dos epístolas a Timoteo están llenas de esta verdad.

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Dos alas de la gran águila

Dos alas de la gran águilaa – Aquí: rapidez para escapar, dada por Dios

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Dos clases de obreros

Los primeros edifican sobre el fundamento con oro, plata, piedras preciosas. Son aquellas doctrinas aportadas para la edificación de la casa de Dios, pero, al mismo tiempo, son aquellas personas formadas por estas doctrinas y añadidas al edificio por el ministerio de los obreros del Señor.

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Dos testigos

Testimonio competente, suficiente, aunque el menor según la leya.

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Dulce como la miel

Efecto de la comunicación directa de las revelaciones divinas.

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Edificación de la casa de Dios

También el carácter del despertar que el Señor suscita en nuestros días consiste en construir la casa de Dios.

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Ejemplo y advertencias para nosotros

Fijémonos en las palabras del apóstol: Estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros (v. 11).

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El aire

La atmósfera que envuelve a los hombres y actúa sobre ellos. Lo que es esencial a su existencia. La escena de autoridad de Satanása.

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El alimento de Canaán

Despojarse de la carne por el juicio realizado en la cruz (la circuncisión), y practicar diariamente este juicio (Gilgal), son las primeras e indispensables condiciones para ir a la batalla. El casco de Saúl, su coraza y su espada no fueron de ninguna utilidad a David para ir al combate contra el filisteo. Fue necesario echar de sí estas cosas.

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El altar

El altar – véase 14:18.

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El altar de Ed

Volvemos a hallar aquí a las dos tribus y media –Rubén, Gad y Manasés– que habíamos dejado en el primer capítulo de nuestro libro. Mientras sus familias permanecían del otro lado del río, los hombres de estas tribus habían pasado armados delante de sus hermanos para combatir contra los enemigos de Dios y establecer a Israel en el país de la promesa.

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El altar de oro

El altar de oro (véase 8:3) – La voz que sale del altar de intercesión da impulso al segundo ay, el que es un juicio en favor de los santos.

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El altar reedificado

Durante los 70 años del cautiverio, ese pobre pueblo, herido por el juicio de Dios, se había visto privado del culto de Jehová. El templo estaba destruido, todos los tesoros habían sido saqueados. Hasta el altar de bronce había sido destrozado.

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El altar y el culto

En segundo término, el remanente comprendía que el culto estaba vinculado con el altar. Este formaba su centro, tal como la Mesa del Señor (1 Corintios 10:21) forma el centro del culto para el cristiano.

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El Amalecita, capítulo 1:1-16

Dos hechos señalan el reinado de David en su aurora: el juicio de Israel y de su príncipe sobre los montes de Gilboa, y la victoria obtenida sobre Amalec por aquel que será rey mañana.

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El amor: condición indispensable para ejercer los dones

En el capítulo 12 hallamos la doctrina de los dones del Espíritu Santo y, en el capítulo 14, esos dones en ejercicio, pero el capítulo 13 introduce entre estos dos temas una condición absolutamente indispensable para el ejercicio de los dones: el amor. Sin el amor, tengámoslo bien en cuenta, son absolutamente inútiles.

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