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El yugo desigual
“El amor de Cristo –dice el apóstol– nos constriñe” (2 Corintios 5:14). Este es el motivo más poderoso de todos. Cuanto más lleno esté el corazón del amor de Cristo, y cuanto más fijemos nuestros ojos espirituales en su bendita Persona, más buscaremos seguir sus huellas celestiales. Ahora bien, entre los numerosos obstáculos que se oponen a esta plena consagración de corazón a Cristo que yo deseo ardientemente para mí y para mis lectores, el yugo desigual, tal como lo veremos, ocupa uno de los primeros lugares.
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La paz con Dios
El tema que trataremos ahora es: La paz con Dios: qué es y quién la tiene. Este asunto tiene, como lo reconocerá usted, una gran importancia, y así debemos hacerlo constar en primer término. ¡No tener paz con Dios no es una cuestión de tiempo o de circunstancias; se trata, nada menos, que de la eternidad! Sí, de la eternidad, de una cuestión de salvación o de condenación; una cuestión, en fin, que supera infinitamente a todas las demás por su importancia.
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Tú y tu casa
El cristiano en el hogar
Hay dos casas que ocupan un lugar muy prominente en las páginas inspiradas: La casa de Dios y la casa del siervo de Dios. Dios atribuye una gran importancia a su casa, y justamente porque es suya. Su verdad, su honor, su carácter y su gloria están comprometidos en el carácter de su casa. Por tal motivo, es su deseo que la expresión de lo que Él es se manifieste con total claridad en lo que le pertenece.
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El calvario y el fuego
En cierta ocasión, una partida de cazadores atravesaba una de las inmensas llanuras de América. Se hallaban a cierta altura cuando, de pronto, los expertos ojos del guía advirtieron un peligro muy común en aquellos países. A lo lejos resplandecía una gran llamarada.
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El Obrero de la paz
Pero ¿cómo puede Dios hacerlo? El Señor Jesucristo se encargó de esta obra. Dicen algunas personas que las buenas obras nos hacen dignos del favor de Dios. Pero la vida de Jesús no borró ni un solo pecado. Fue una vida perfecta, divina, amable y cariñosa hasta lo infinito. Cada paso que el Señor Jesús dio en la tierra fue consagrado a la gloria de Dios.
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El yugo desigual comercial
Consideremos ahora el yugo desigual en su aspecto comercial, tal como lo vemos en el caso de las sociedades comerciales. Si bien no presenta un aspecto tan serio como el que acabamos de considerar –pues en este compromiso uno puede librarse con mayor facilidad que en el conyugal–, no deja de ser un obstáculo al testimonio del creyente.
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El yugo desigual filantrópico
Solo nos resta considerar el aspecto filantrópico del yugo desigual.
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El yugo desigual matrimonial
Consideremos, primeramente, el yugo doméstico o matrimonial. ¿Qué pluma sería capaz de describir las angustias del alma, la miseria moral, así como las perniciosas consecuencias para la vida espiritual y el testimonio, que surgen del matrimonio de un creyente con una persona inconversa?
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El yugo desigual religioso
Al echar ahora una ojeada al aspecto religioso del yugo desigual, quisiera asegurarle a mi lector que no es de ninguna manera mi deseo herir los sentimientos de nadie describiendo las pretensiones de las diferentes denominaciones que veo alrededor de mí. No es esa en absoluto mi intención.
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Introducción
Nadie que tenga el sincero deseo de manifestar un carácter de discípulo puro y elevado, así como de promoverlo en sus hermanos, puede dejar de experimentar un sentimiento de grande tristeza y abatimiento al contemplar el cristianismo de nuestros días.
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Introducción
Hay dos casas que ocupan un lugar muy prominente en las páginas inspiradas: La casa de Dios y la casa del siervo de Dios. Dios atribuye una gran importancia a su casa, y justamente porque es suya. Su verdad, su honor, su carácter y su gloria están comprometidos en el carácter de su casa.
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Introducción - Qué es la paz y quién la tiene
“Y no solamente con respecto a él (Abraham) se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación”.
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La casa del creyente en el Antiguo Testamento
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La casa del creyente en el Nuevo Testamento
Tal vez se objete que todo lo que hemos dicho hasta ahora sobre este punto no respira más que la atmósfera del Antiguo Testamento, y que los principios y pruebas sólo han sido deducidos de allí.
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La entera satisfacción de Dios: ¡un Sustituto!
Un marinero asistió a una reunión en la cual se predicaba el Evangelio. Lo que escuchó le interesó vivamente y, cuando la reunión terminó, fue a hablar con el predicador. Pero aunque se le presentaba el Evangelio de una manera sencilla, siempre respondía con estas palabras: «No me doy por satisfecho». Entonces el predicador le contestó:
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La paz con Dios
Dos amigos paseaban por una playa. Uno de ellos era cristiano y el otro no creyente. El primero dijo a su compañero: «Mira a ver si puedes borrar las huellas que has dejado en la arena». Así lo intentó el otro, pero su amigo le hizo notar: «Mientras estabas tapando las primeras huellas, con tus pies estabas haciendo otras. ¡Míralas!».
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Abraham y su casa
El segundo pasaje que quiero citar se refiere a la vida de Abraham.
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Algunas consideraciones finales
A menudo uno quisiera tener una regla general para cada uno de los diversos detalles de la administración doméstica. Alguien puede preguntar, por ejemplo, qué tipo de castigos, qué tipo de recompensas y qué tipo de entretenimientos debería adoptar un padre cristiano.
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Carencia de fuerza propia para conseguir la paz
Un amigo mío entró cierto día en un vagón de ferrocarril en el cual se mantenía una acalorada discusión religiosa. Cuando mi amigo hubo tomado asiento, uno de los presentes le dijo, poniéndole amistosamente su mano sobre la rodilla: «Decíamos aquí que, para entrar en el cielo, es necesario ser bueno y practicar el bien».
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Ejemplos tomados del Nuevo Testamento
Ahora bien, dejando el Antiguo Testamento, veamos si no hallamos, en las sagradas páginas del Nuevo, amplias y numerosas pruebas en apoyo de nuestra tesis. En esta parte del Libro de Dios, ¿acaso el Espíritu Santo separa la familia de un hombre de los privilegios y responsabilidades que el Antiguo Testamento le confieren? Veremos muy claramente que él no hace nada de eso.
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El gobierno de la casa y las consecuencias
Con respecto a esto ha habido muchos fracasos en el gobierno de nuestras casas. Hemos olvidado el principio del justo gobierno que Dios ha puesto ante nosotros, y que Él nos ha dado un ejemplo al ejercerlo.
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El gobierno moral de Dios
Es de inmensa importancia tener un claro entendimiento de la doctrina del gobierno moral de Dios. Ello resolvería muchas dificultades y zanjaría un sinnúmero de cuestiones. Este gobierno se ejerce con una decisión y una justicia particularmente solemnes.
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El infinito precio de la liberación
Voy a servirme de una pequeña ilustración, pues estoy seguro de que contiene toda la sustancia del asunto. Un conocido predicador, empleando un lenguaje muy gráfico, comparaba este mundo con una descomunal cárcel de formidables murallas y pesadas puertas de hierro. La Misericordia –decía él– miró desde el cielo y le dio mucho pesar ver a los prisioneros.
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El significado de la expresión “casa”
La expresión “casa” abarca tres cosas: la casa misma, los hijos y, dado el caso, los empleados domésticos. Estas tres cosas, ya sea que las tomemos juntas o por separado, deben llevar el sello de lo que pertenece a Dios. La casa de un hombre de Dios debe ser gobernada por Dios, para su gloria y en su nombre. El jefe de una casa cristiana es el representante de Dios.
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