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Pláticas sencillas

La parábola de los viñadores

En esta parábola, Jesús hace una exposición de la historia de Israel, responsable de llevar fruto para Dios. Israel se hallaba en una posición privilegiada para ello. Dios es comparado con un padre de familia que plantó una viña, la cercó de vallado, cavó un lagar y edificó una torre. Ya en el Antiguo Testamento, Israel se compara a una viña (Salmo 80:8-17; Isaías 5:1-7).

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La parábola del sembrador

Al principio de este capítulo vemos a Jesús saliendo de la casa y sentándose a la orilla del mar. El Espíritu de Dios nos comunica este hecho intencionadamente. La casa representa a Israel, ahora vacía porque Cristo fue rechazado. Luego el Señor se sentó en una barca y desde allí predicó a las multitudes reunidas.

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La parábola del sembrador

Puesto que el hombre natural es incapaz de hacer la voluntad de Dios, dicho en otras palabras, de dar fruto, Jesús indica en este capítulo cómo puede obtenerlo.

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La parábola del sembrador

En este evangelio, la parábola del sembrador es relatada en los mismos términos que en el de Marcos, pero no está seguida por las parábolas del reino como en Mateo.

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La pascua

El Señor todavía quería celebrar con los suyos esta pascua, la última, antes de cumplir en la cruz lo que ella representaba. Sorprendentemente, la crucifixión de Jesús tuvo lugar ese día, aunque los líderes judíos trataron de evitarlo por temor a la multitud. Las cosas suceden cuando Dios quiere; los hombres solo pueden ser instrumentos, a menudo inconscientes, para cumplir Su voluntad.

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La Pascua

El momento de preparar la pascua había llegado. Como Jesús no tenía una casa en la ciudad para celebrar esta ceremonia, en su divina sabiduría indicó a los suyos el lugar donde debían ir. A la entrada de Jerusalén encontrarían a un hombre que llevaba un cántaro de agua.

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La perla preciosa

También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.

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La predicación de Juan el Bautista

He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti.

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La predicación de Juan el Bautista

Cerca de treinta años habían transcurrido desde el nacimiento de Juan el Bautista. Tiberio había sucedido a Augusto como emperador.

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La predicación de Pedro

“Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia”. Dios quiere realidades. No basta decir: “Tenemos a Abraham por padre” (Lucas 3:8); hace falta producir buenos frutos, como lo decía Juan el Bautista a los judíos.

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La predicación del evangelio del reino

Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios.

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La pregunta acerca del tributo

Los sacerdotes y los escribas, implacables en su odio contra Jesús, querían a toda costa encontrarlo en alguna falta. Entonces enviaron espías para sorprenderlo en sus palabras y entregarlo a los magistrados romanos.

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La pregunta de Jesús concerniente a él

Llegó el turno de Jesús para probar a sus contradictores. Cuando estaba en el templo, preguntó: “¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? Porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies. David mismo le llama Señor; ¿cómo, pues, es su hijo?” (v. 35-37).

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La pregunta referente al templo

Jesús salió del templo y se fue, cumpliendo lo que había dicho a los judíos en el versículo 38 del capítulo precedente: “He aquí vuestra casa os es dejada desierta”. Lo dejó para no volver más. ¡Momento solemne para el pueblo, de haber podido comprenderlo!

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La pregunta sobre la resurrección

Cuando el Señor hubo silenciado a los sacerdotes y los escribas, les llegó el turno a los saduceos, razonadores incrédulos de aquel entonces, que negaban la resurrección. Ellos hicieron a Jesús una pregunta, aparentemente sutil como había sido la del tributo; pero con ella pusieron en evidencia su ignorancia e incredulidad.

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La pregunta tocante al Hijo de David

Jesús hizo una pregunta a quienes lo rodeaban, pero ninguno parecía tener una respuesta. Les dijo: “¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David? Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. David, pues, le llama Señor; ¿cómo entonces es su hijo?” (v. 41-44; cita del Salmo 110:1).

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La presentación del Evangelio

Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

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La primera multiplicación de los panes

Jesús fue movido a compasión viendo a la gran multitud reunida junto a él, “porque eran como ovejas que no tenían pastor” (v. 34). Sus pastores, los líderes del pueblo, buscaban su propio interés; por ello, no podían ocuparse de las necesidades del rebaño, que solo el amor podía satisfacer. Pero Jesús, el dispensador de la bondad de Dios, comprendía las necesidades de su pueblo.

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La primera parte de la respuesta de Jesús

El Señor dio a los discípulos las instrucciones necesarias para los tiempos difíciles que transcurrirían entre su partida y su regreso en gloria. Sin embargo, como ya lo hemos visto, en las revelaciones proféticas de las Escrituras se hace caso omiso del tiempo actual de la gracia, durante el cual se forma la Iglesia; es un intervalo del cual no se habla.

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La primera persecución

“En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. Y hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él” (v. 1-2). Esteban fue el primer cristiano que murió como mártir después de la formación de la Iglesia.

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La primera reunión en torno al Señor

La tarde del primer día de la semana los discípulos estaban reunidos. Como lo hemos visto, este primer día es el primero de un nuevo orden de cosas. El Señor pasó el último sábado en el sepulcro, lo que pone fin por completo a la economía en la cual Dios se ocupaba del hombre en Adán.

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La primera tentación

“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan” (v. 1-3). Dios había dicho que Jesús era su Hijo muy amado. Entonces Satanás le sugirió, en cierto sentido: «Actúa como Hijo de Dios.

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La profecía de Zacarías

Cuando Zacarías pudo hablar, lleno del Espíritu Santo exclamó: “Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo, y nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David su siervo, como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio; salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron; para hacer misericordia con nuestros pad

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La prueba de Juan el Bautista

Juan había sido puesto en la cárcel. Y Jesús, de quien había dado testimonio y a quien había anunciado al pueblo como el Mesías prometido, no parecía preocuparse por él. Lo dejó en cautiverio, en lugar de librarle por ese poder del cual Juan oía hablar. Podemos comprender la prueba a la que estaba sometido este santo hombre de Dios.

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