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Las divisiones
Nada hay más sencillo, en verdad, que el principio del funcionamiento de una asamblea fundada sobre la unidad del Cuerpo de Cristo. Su aplicación, en cambio, ha llegado a ser de las más delicadas en la actual confusión eclesiástica.
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Las reuniones de edificación
Cuando la asamblea se halla reunida para la edificación, el Señor es quien da. Obra por medio de los “dones” calificados para ello. Estos son llamados a ser, no la boca de la asamblea, con igual privilegio que los demás, para hablar a Dios, sino la de Dios para hablar a la asamblea (1 Pedro 4:11). Esta acción puede ejercerse en todas las reuniones.
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Lo que a Dios le complace
¿Realmente crees que Dios estableció una ley obligatoria, la cual exige un diezmo? ¿Realmente piensas que, hoy, en el tiempo de gracia, el diezmo del Antiguo Testamento es lo que a Dios le agrada? ¿Piensas que Dios se complace cuando nuestro motivo para ofrendar es el de recibir más de lo que hemos dado? Las respuestas a estas preguntas son un resonante ¡No!
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Lo que Dios requiere
Dios es un Dios de amor y así requiere el amor. Dios es un Dios de misericordia, entonces requiere la misericordia. Dios es un Dios de justicia, entonces requiere la justicia. Dios es un Dios de reconciliación, entonces requiere la reconciliación. Y, Dios busca la obediencia.
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Lo que permanece
Lo que tienen que hacer los creyentes de hoy es obedecer a la Palabra tal como hicieron los primeros cristianos, aquella Palabra que los apóstoles, ya desaparecidos desde hace mucho tiempo, dejaron transmitida fielmente según la inspiración divina que habían recibido.
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Los cargos
El Nuevo Testamento habla repetidas veces de hermanos llamados a ocuparse de la iglesia o asamblea local como “ancianos” u “obispos” (vigilantes, supervisores, sobreveedores), y como servidores o “diáconos” (Hechos 11:30; 14:23; 20:17, 28; Filipenses 1:1; 1 Timoteo 3; Tito 1; 1 Pedro 5:1; Santiago 5:14, y también Hebreos 13:17).
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Los comienzos
La formación de la Iglesia empezó el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo, descendiendo sobre la tierra, llenó de sí mismo a los apóstoles. Pedro fue el primero que recibió la potencia para anunciar el Evangelio que proclama la resurrección y la gloria de Jesús.
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Los dones espirítuales
La Iglesia o Asamblea no podría, en efecto, vivir sin el ejercicio de lo que la Palabra llama los “dones espirituales” (o de gracia).
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Moisés
Se acordó de los días antiguos, de Moisés y de su pueblo, diciendo: ¿Dónde está el que les hizo subir del mar con el pastor de su rebaño? ¿Dónde el que puso en medio de él su santo espíritu; el que los guio por la diestra de Moisés con el brazo de su gloria…? (Isaías 63:11-12).
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Pablo
El apóstol Pablo tuvo el privilegio de exponer las verdades acerca de la Iglesia. Antes del día de Pentecostés, la Iglesia no existía. Israel era el pueblo que Dios tenía en la tierra. A ellos les pertenecía todo el sistema de leyes y sacrificios, así como el templo.
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¿Para qué y para quién ofrendar?
Preguntemos al Señor cuándo, a quién y cuánto debemos dar. ¿Consideramos como un privilegio el compartir con otros las riquezas que el Señor nos ha prestado? En la Biblia vemos que en los primeros tiempos de la Iglesia, los creyentes daban a los siervos del Señor, a los necesitados, a las viudas, y para otros aspectos de la obra del Señor, según las necesidades.
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Para resumir
1. Si no queremos ser una secta, jamás debemos perder de vista la «unidad del Cuerpo» de Cristo, proclamada en la Mesa del Señor. Al mismo tiempo, sintiendo con dolor el estado actual de la cristiandad –a la cual pertenecemos, no lo olvidemos nunca– debemos aprovechar con reconocimiento de las prerrogativas que hasta el fin quedan unidas a la Iglesia según Dios.
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Pertenecemos al Señor
¿Ignoráis… que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:19-20).
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¿Por qué la Iglesia está en la tierra?
Nos sentimos llevados a interrogarnos por qué ella ha sido dejada aquí abajo, y qué funciones es llamada a ejercer en la tierra.
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¿Qué es el servicio pastoral?
El pastor es alguien a quien el Señor ha llamado. En Su sabiduría el Señor ha preparado y encomendado la tarea de cuidar a Sus ovejas. Por lo tanto, al pastor no le incumbe realmente la misión de predicar (esta es más bien la función de los que tienen el don de maestro o profeta), aunque debe tener la capacidad para enseñar, pero no tanto desde el púlpito.
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Recursos y medios
Para ejercer realmente tales prerrogativas y dar este testimonio, la Iglesia aquí abajo –así como el creyente, que no está abandonado a sí mismo– se halla provista de todos los recursos que le da la gracia de Dios.
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Resumen
Hemos visto que hay muchas necesidades que cubrir. Usted y yo podemos y debemos dar para ayudar a satisfacer estas necesidades. ¡Qué bendición y privilegio es poder participar en su obra de esta manera! Pero no por obligación, como era el caso del diezmo. Esto nos sujetaría a la ley. Por lo tanto, no podemos dictar ningún porcentaje fijo para ofrendar.
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Reuniones convocadas y reuniones de asamblea
La asamblea puede reunirse por iniciativa de uno o de varios hermanos, a los que el Señor llama para dispensar a aquella una enseñanza, por medio de una predicación, de estudios o de pláticas (Hechos 11:26).
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Siguiendo la verdad en amor
La vida de la asamblea no queda limitada a las reuniones, aunque sea en estas, y por encima de todo en la Mesa del Señor, donde ella se manifiesta. En realidad, su funcionamiento comprende enteramente la vida cristiana de todos los creyentes. Nos demos cuenta o no, todos los detalles de la vida espiritual de cada uno de ellos repercuten sobre el conjunto del Cuerpo, e inversamente.
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Su composición
En efecto, la Iglesia está integrada por los que poseen la nueva vida en Cristo, la vida de Dios, y únicamente por aquellos. Por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu (1 Corintios 12:13).
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Su precio
Por mucho que sea nuestro recogimiento, este no será tan hondo como debería al considerar lo que la Palabra nos dice acerca del precio que la Iglesia tiene para Cristo y para Dios.
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Su responsabilidad
La grandeza de tales privilegios, la realidad de esos recursos, que exceden a los que tenían los testigos de la fe que vivieron en las dispensaciones anteriores, hacen pesar sobre la Iglesia una responsabilidad más grande que ninguna otra.
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Su sitio distinto
De ello deriva el sitio distinto que le es asignado aquí abajo a la Iglesia. Así como el creyente no es del mundo porque Cristo no es del mundo (Juan 17:14), ella tampoco.
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Una toma de posición que deriva de tales caracteres
Esos caracteres implican tomar una posición que a menudo es mal comprendida y mal juzgada, aun por los otros cristianos. Ella no tiene valor si no es dictada por la obediencia, en humildad, y en un profundo amor por la Iglesia entera.
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