La mesa del Señor
La mesa del Señor

R. Brockhaus - 2000

En cierto sentido, la «cena del Señor» y la «mesa del Señor» expresan la misma idea; en otro sentido, reflejan un concepto totalmente distinto. A la primera se une la responsabilidad personal e individual; la segunda evoca una responsabilidad colectiva, la cual, naturalmente, recae sobre cada miembro de la colectividad, en la medida del conocimiento que tiene de la verdad. Lo que importa aquí es la autoridad del Señor y sus derechos sobre su Mesa y su Asamblea. De allí proviene la diferencia fundamental y esencial que caracteriza la enseñanza del apóstol en los capítulos 10 y 11 de la primera epístola a los Corintios.

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¡“Retén firme lo que tienes”!

¿Acaso volveríamos poco a poco a lo que nuestros padres o nosotros mismos, hemos abandonado por ser malo? ¿Nos inclinaríamos hacia lo que no está establecido sobre «el firme fundamento de Dios»?

¡Que Dios nos anime a ser fieles y a mantenernos firmemente ligados a los principios divinos, a los cuales –en su gracia– nos hizo solícitos en estos últimos días! ¡Ojalá lográsemos, separados de todo mal, caminar con corazones anchos en la senda estrecha de la verdad! ¡Que él nos guarde de todo espíritu de partido, de todo sentimiento sectario, para aceptar a la mesa del Señor a todo creyente sincero, sano en la doctrina y en la marcha; aun cuando todavía no esté instruido en toda la verdad! ¡Guardémonos de poner a la mesa del Señor límites más estrechos que los que el mismo Señor ha establecido!

Y con la misma prudencia, ¡cuidémonos de creer que la presencia del Señor y su Mesa se hallen en todas partes, en todas las iglesias y denominaciones de la cristiandad! Semejante pensamiento nos expondría a tener nuestra visión espiritual completamente oscurecida y volvería infaliblemente a conducirnos –tarde o temprano– dentro del “campamento” que hemos abandonado, no por orgullo espiritual, ni por motivos personales, sino por obediencia al Señor. Además, dicha idea está en contradicción abierta con Mateo 18:20, 1 Corintios 10:15-22, Hebreos 13:13 y con otros pasajes de la Palabra de Dios.