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Está dicho que el incrédulo muere

El estado intermedio del cual hablamos está compuesto de dos elementos. El cuerpo muere y el alma vive. Para el cristiano, la muerte del cuerpo se llama sueño. El Antiguo Testamento usa constantemente esta palabra para referirse a la muerte. “Durmió con sus padres”, tal era el término acostumbrado para definir la muerte, fuera de los buenos o fuera de los reyes malvados de Israel.

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¿Estoy verdaderamente perdido?

¿Se ha visto usted como un pecador perdido en camino al juicio y al infierno? Por favor, hágale frente a esta pregunta honestamente. ¿Está usted salvado o perdido? Si tuviera que encontrarse con Dios dentro de un minuto, ¿estaría listo, o todavía alega alguna de esas excusas para no ser salvo? La rectitud y justicia de Dios demandan pago por sus pecados.

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¿Hacia dónde mira usted?

Me despido de este amigo y, al doblar la esquina, me topo con Zutano, quien es uno de esos individuos melancólicos, de aspec­to taciturno y conversación pesimista; personas como esta abundan y todos las conocemos. Le saludo y le digo: –¿Qué tiene usted? ¡Su aspecto no es bueno! –Desperté hoy de muy mal humor –me contesta. El diablo me metió en la cabeza ideas que me quitan la tranquilidad.

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Han surgido muchas ideas falsas

No nos extrañemos de los errores que cometen estos hombres cuando nos hablan del «sueño del alma» después de la muerte, o de su «desarrollo gradual» después de salir del cuerpo, o de su «paso de esfera en esfera hasta su perfección final».

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Hay tantas opiniones diferentes

Es posible que haya oído decir: «Yo no sé qué creer, hay tantas opiniones diferentes…» ¡Eso es cierto! Por eso es importante que nos dejemos guiar por completo por la Biblia, la segura Palabra de Dios. Solo hay un medio de salvación, el cual está expuesto claramente en la Biblia.

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Hay tantos hipócritas

No es justo llamar «hipócritas» a todos los cristianos solo porque algunos dicen ser cristianos aunque no se portan como tales. Si se razonara de esta forma, habría que llamar a todos los cajeros «ladrones» porque a algunos los han cogido robando. Hipócritas son aquellos que profesan ser lo que saben que no son.

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Justificados por la fe

Leer Romanos 3:25-31 Dios podía tener paciencia con los pecados de los creyentes que vivieron en el tiempo del Antiguo Testamento (Romanos 3:25) porque Él ya miraba adelante a la obra de Cristo. Él no cerraba sus ojos para no ver esos pecados, sino que, al perdonarlos, obraba con justicia porque sabía que Cristo iba a derramar su sangre para ello.

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La esperanza del creyente a través del duelo

En 1 Tesalonicenses 4:13-18 el apóstol Pablo dice: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

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La incredulidad es la base de tales errores

La incredulidad acerca de la divina inspiración de las Escrituras es, como ya lo dijimos, la base de todos esos errores. Éstos forman parte de la apostasía predicha por la misma Palabra de Dios, cuyo desenlace final va acercándose.

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“La paga del pecado es muerte”

Pero eso no es todo. El hombre lleno de vida en este mundo se hunde en la muerte. ¿Por qué? Porque el pecado se introdujo en el mundo, y el pecado despertó la conciencia. Aun más, con el pecado vino el juicio de Dios. La paga del pecado es la muerte, terror para la conciencia. Es el poder de Satanás sobre el hombre, por cuanto Satanás tiene el dominio de la muerte.

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La primera resurrección

Estas tres fases constituyen “la primera resurrección” o “la resurrección de entre los muertos”. La resurrección de los muertos –los que no han creído– no ocurrirá sino después del milenio (Apocalipsis 20:5), con vistas al juicio final. Por eso este suceso no se llama segunda resurrección, sino “la muerte segunda” (Apocalipsis 20:11-15).

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La tumba abierta: una puerta a la felicidad eterna

El Señor salió del sepulcro a pesar del sello que había puesto el gobernador romano. La piedra fue quitada para que pudiésemos mirar, y mirando, se desvanecieran nuestras dudas y recelos; de modo que ahora podemos exclamar triunfantes: «¡El Señor ha resucitado verdaderamente!».

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Le daré la vuelta a la página y empezaré de nuevo

Aunque tan solo pudiera doblar la página y empezar otra vez, ¿qué de los pecados de antes? A un niño en la escuela se le regó la tinta en la página de un libro. Rápidamente pasó a una página limpia y decidió tener más cuidado en el futuro. Pero la mancha quedó ahí y cuando la maestra la vio, lo castigó.

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Libres de un diluvio judicial

Voy a presentar otro caso que ilustra la enseñanza que me propongo dar. Dice la Biblia que, cuando Noé y su familia estuvieron dentro del arca, Jehová cerró la puerta (Génesis 7:16).

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Mis pecados no me preocupan lo suficiente

Muchas personas, cuando ven que son culpables delante de Dios, se ocupan de lo que sienten. Sin embargo, la salvación no depende de lo que uno sienta. No tenemos que «sentir» nada para ser salvos. Deje de pensar en su inquietud. Más bien pregúntese: ¿Quiere Dios salvarme ahora?

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«No comprendo. Fue demasiado fácil».

Algunos nos dicen: «No comprendo el Evangelio; ustedes dicen: Crean solamente. Me parece una cosa demasiado fácil». Tal afirmación la he oído en muchas otras partes del mundo; brota naturalmente del corazón humano. Pero es mejor que reflexione, que piense bien: ¿en realidad fue una cosa demasiado fácil? El Señor Jesús descendió del cielo a la tierra. ¡Qué viaje!

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No creo que me haya arrepentido lo suficiente

La Biblia dice que, a no ser que nos arrepintamos, pereceremos (Lucas 13:3). ¿Significa esto que usted debe alcanzar cierto grado de arrepentimiento para ser perdonado?

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¿No es un atrevimiento decir que uno es salvo?

¿Cree a Dios? Él dice por medio del apóstol Juan: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios (Jesús), para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13).

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No importa lo que crea, siempre que sea sincero

He aquí lo siguiente: un hombre, al sentirse mal, fue a buscar medicamento. Pero, por equivocación, tomó un frasco de veneno e ingirió algo de su contenido. Una hora más tarde murió sufriendo terribles dolores. ¿Se salvó porque creía que era medicamento? Estaba realmente equivocado y, como consecuencia, murió.

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No me siento salvo

Nunca se nos pide que «nos sintamos salvos», sino solo que creamos en la Palabra de Dios. Nuestros pecados serán perdonados una vez que confiemos en Cristo como nuestro Salvador. En el ejemplo anterior del hombre por el que alguien pagó una gran suma de dinero, aquél no sintió que se había pagado la deuda. Lo sabía porque tenía el recibo y eso le alegraba.

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No puedo amar a Dios

Para lograr el perdón de sus pecados, algunas personas se esfuerzan mucho en amar a Dios. Sin embargo, se dan cuenta de que realmente no pueden.

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No puedo dejar los placeres del mundo

Hasta que usted sea salvo, Dios no le pide que deje los placeres del mundo. El deseo de Dios es que reciba por fe a Cristo en su corazón, y luego Él le salvará tanto del castigo como del poder del pecado. Dios quiere salvarle ahora mismo, tal como es. No tiene que dejar el mundo antes de convertirse.

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No quiero ser triste y melancólico

Algunas personas piensan que los cristianos tienen caras largas y vidas tristes. Esta es una de las mentiras más grandes de Satanás. La verdadera y duradera felicidad es la parte de todo cristiano. ¿Puede entristecerme saber que mis pecados están perdonados y que voy a pasar la eternidad con el Señor Jesús en el cielo?

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¿No son suficientes las buenas obras?

Cuando se dice que Dios salva por gracia, “por medio de la fe… y no por obras para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8, 9), la gente piensa que los cristianos no creen en las buenas obras. Esto es un error. La Biblia nos muestra que una persona que no ha sido salvada no puede agradar a Dios con sus buenas obras.

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