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La Iglesia del Dios viviente

Los conductores

Las Escrituras nos aseguran que hay conductores y hombres principales en la Iglesia y en las asambleas locales, a quienes Dios usa para bendecir y guiar a su pueblo.

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Los defectos corporales de Levítico 21

Levítico 21:16-23 nos da un principio bíblico que puede encontrar su aplicación espiritual en las actividades de los sacerdotes cristianos (1 Pedro 2:5) en la Iglesia. Además, puede darnos más esclarecimiento sobre el tema que estamos tratando. Leámoslo:

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Los diáconos

Aún nos falta considerar este ramo en cuanto al servicio en la asamblea. “Diácono” es una voz griega que siempre es traducida como “siervo” o “ministro”. La obra de un diácono es atender a las cosas temporales y materiales de la asamblea. El anciano, en cambio, se ocupa del cuidado espiritual de la iglesia.

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Los días posteriores al cautiverio

En los libros de Esdras, Nehemías y Hageo tenemos la historia de un remanente que aprovechó la oportunidad de salir del cautiverio en Babilonia para volver a Jerusalén. Su propósito fue el de reconstruir el muro que rodeaba a la ciudad. No fueron más que un pequeño y débil grupo de entre toda la nación de Israel, los que tenían el deseo de adorar a Jehová.

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Los distintos miembros

Ahora consideremos los distintos miembros del Cuerpo de Cristo y sus funciones, tal como se nos presentan en 1 Corintios 12. Ahí leemos acerca de varias partes del cuerpo humano, tales como el pie, la mano, el oído y el ojo, sus funciones y las necesidades que tienen el uno del otro.

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Los dones milagrosos

Estos dones mencionados en 1 Corintios 12 –tales como los de sanidad, el de hacer milagros y las varias clases de lenguas e interpretaciones– fueron los que acompañaron la venida del Espíritu Santo a la tierra al ser inaugurado el Evangelio y la Iglesia. No hay promesa alguna de que estos dones continúen hasta la venida de Cristo, como ocurre, en cambio, con los dones de Efesios 4.

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Los que son llamados a salir

Volvamos al significado de la palabra «ecclesia» y observemos que la Iglesia del Dios viviente es una agrupación de personas llamadas para que salgan. Son las que Dios ha llamado a sí mismo por el Evangelio de su gracia. Son aquellas que han recibido tanto ese Evangelio como al Salvador del cual habla ese mismo Evangelio.

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Lucas 22:7-13

Dirijámonos a este pasaje y notemos unas cosas aquí simbolizadas para nosotros. Deseamos señalar en particular un punto relacionado con nuestro presente tema. No obstante, nos detendremos un poco en el pasaje entero porque será de gran ayuda en lo que se refiere al aspecto local de la Iglesia.

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Maestros

El don de maestro, es decir, del que enseña, es también muy importante y está estrechamente asociado al don pastoral que venimos considerando. Un pastor puede ser de escasa utilidad a un individuo si no cuenta con cierto don para enseñar, pero se puede enseñar sin tener el don pastoral.

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María la profetisa

En Éxodo 15:20 leemos: “María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas. Y María les respondía: Cantad a Jehová…”. Este fue un buen servicio. Guio a las mujeres en una canción de alabanza al Señor; no procuró guiar a los hombres.

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Mensajes de Dios a las siete iglesias de Asia

Para terminar, deseamos llamar la atención sobre los remanentes alentados por los mensajes de Dios a las siete iglesias de Asia (Apocalipsis 2 y 3). En los mensajes dirigidos a las tres primeras iglesias no se habla de remanente. Pero, respecto a Tiatira, por primera vez encontramos un mensaje que hace referencia a un remanente.

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Mensajes para los vencedores

En cada mensaje a las iglesias de Asia, el Espíritu se dirige a los vencedores en lo relacionado a escuchar Sus palabras. Estos vencedores tendrán que prestar atención al mensaje del Espíritu para limpiarse del mal y apartarse de él.

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Métodos de evangelización

Hay necesidad de estudiar las Escrituras y notar y seguir la manera de predicar de los apóstoles. Los métodos sensacionales y de «alta presión» usados por algunos hoy en día parecen ser un esfuerzo por hacer la obra del Señor a la manera del mundo. Necesitamos más de la obra de Dios y menos de la obra del hombre.

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Ministerios carnales e infructuosos

Gálatas 5:13 nos recuerda: “A libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros”. La libertad del Espíritu no ha de usarse como licencia para la carne, de modo que ésta actúe y se exalte en la asamblea.

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Mirar al Maestro

Cuando haya captado plenamente estas cosas en el alma, el siervo será sostenido, en la dignidad de la fe, por el pensamiento fortalecedor y la conciencia de ser un siervo del Señor Jesucristo. De esta manera, el asunto del apoyo material que necesita en el servicio del Señor se hace sencillo y claro.

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Mujeres del Nuevo Testamento

En dos grandes aspectos Dios honró de manera especial a la mujer más que al hombre en el Nuevo Testamento: 1) Cristo nació de una mujer, la virgen María. 2) El Señor, después de su resurrección, se apareció primero a una mujer, María Magdalena. Estas dos mujeres tienen un lugar admirable en conexión con el Señor.

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Ninguna autoridad absoluta

Sin embargo, una asamblea no es infalible; por consiguiente, está expuesta a errar en sus decisiones o acciones. Si la asamblea quita sus ojos del Señor, puede ser que actúe impulsada por la carne y no por el Espíritu, y así falle en comprender los pensamientos del Señor, quien está en medio de ella.

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Ninguna esperanza de recuperación

En seguida leemos acerca del viento huracanado que se levantó y de los esfuerzos hechos para preservar la nave. Esta tempestad puede referirse a la oposición que Satanás ofrece a la Iglesia. Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos (v. 20).

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Ninguna ordenación humana

En las Escrituras no hubo ordenación ni autorización humanas en relación con Pablo o cualquier otro profeta o predicador, ni en el Antiguo Testamento ni en el Nuevo Testamento. Pablo aun dice que, cuando Dios le llamó, no consultó con ninguna persona humana ni subió a Jerusalén para recibir, por decirlo así, el consentimiento y la autorización de los apóstoles allí (véase Gálatas 1:15-17).

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Ninguna posición pública

Hemos visto a través de varios pasajes de la Biblia que el lugar de la mujer no es un lugar público, sino que le corresponde más bien desarrollar las múltiples actividades para su Señor y Salvador en la esfera privada. Ya que hemos venido considerando lo que a la mujer no le es permitido hacer, observemos en la Escritura varias posiciones u oficios que no le fueron dados.

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No hay tal costumbre entre nosotros

“Con todo esto, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios” (v. 16). El apóstol había declarado la mente de Dios en este asunto, y, por si algunos fueran a contender sobre ello, argüir y argumentar, él simplemente agrega: “Nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios”.

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No negando Su nombre

Resulta, por lo tanto, que si nos congregamos de veras en el nombre y la persona de Cristo, no alzaremos como estandarte otros nombres bajo los cuales adherirnos y ser registrados. Tampoco nos llamaremos con nombres tal como se hace en la mayoría de las denominaciones.

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No todos los dones se encuentran en una sola persona

Esta verdad se pone de relieve en Romanos 12:5-8: “Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.

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Nuestra actitud para con el expulsado

El que ha sido excomulgado ha sido puesto fuera de la esfera de la comunión cristiana. Con tal persona no debemos asociarnos de ninguna manera, ni siquiera para comer. “Con el tal ni aun comáis” (1 Corintios 5:11). “Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros” (v. 13). Notemos que esta amonestación no habla meramente de expulsar al perverso del seno de la asamblea, sino “de entre vosotros”.

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