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Apéndice de la cuarta carta

A lo que dice aquí el autor referente a ciertos defectos en las oraciones, los cuales nunca pueden proceder del Espíritu de Dios, el editor se toma la libertad de añadir unas palabras sobre el mismo tema.

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Apéndice de la primera carta

Por importante que sea la doctrina de la presencia y de la obra del Espíritu Santo en la Iglesia, no hay que confundirla con la presencia personal del Señor Jesucristo en la asamblea de los dos o tres reunidos en Su nombre.

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Apéndice de la quinta carta

Amado hermano:

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Apéndice de la segunda carta

De tal manera eran enfocados estos temas por uno de los primeros hermanos que quisieron reunirse al solo nombre de Jesús.

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Características permanentes de una asamblea

En lo que concierne a la congregación de los creyentes, se nos prescribe no dejarla, “y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:25).

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Conclusión

No sin tristeza llegamos a hablar de las divisiones, asunto que consume de dolor nuestros corazones, mientras que el ocuparnos de la Iglesia o Asamblea de Dios solo debería producir en nuestro ánimo sentimientos de amor, dulzura, y gozo.

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Cristiandad e Iglesia

Cualquiera que sea la confusión actual, una certidumbre nos conforta: Dios tiene en la tierra, hoy como antiguamente, gran número de hijos Suyos, redimidos de Cristo; hoy como antes constituyen todos juntos lo que es y sigue siendo la Iglesia o Asamblea de Dios.

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Desde los apóstoles hasta nuestros días

Desde entonces, en los casi veinte siglos transcurridos, desgraciadamente, se ha comprobado de todas las formas posibles que el hombre corrompe todo lo que Dios le confía.

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Diferentes categorías de agrupaciones cristianas

Las agrupaciones de la cristiandad actual pueden considerarse divididas en tres categorías. Las dos primeras comprenden todo lo que se denomina oficialmente «iglesias». Estas son sociedades organizadas, con leyes y reglamentos, cada una con su clero, diferenciado de los feligreses. Estas sociedades son efectivamente de dos clases.

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Diversos aspectos de esta unidad

El Nuevo Testamento emplea diferentes figuras para presentarnos la Asamblea. Todas ellas expresan –aunque desde diferentes puntos de vista– la unidad de todos los «nacidos de nuevo».

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El clero y el ministerio oficial

Lo que más llama la atención en las congregaciones de creyentes constituidas fuera de las diversas organizaciones eclesiásticas es, sin duda alguna, la ausencia de todo «clero».

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El culto

Si la casa de Dios es una “casa de oración”, también es una casa de “sacrificios espirituales” (1 Pedro 2:5). Adorar es, indiscutiblemente, la más alta función de la Iglesia. Es el culto en el propio sentido de la palabra.

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El ministerio de las mujeres

En el Nuevo Testamento, se lo tiene por un ministerio preciosísimo en su lugar, sea para la enseñanza en la familia –en pláticas privadas, como vemos a Priscila al lado de Aquila para enseñar a Apolos (Hechos 18:26), o a las cuatro hijas de Felipe profetizando (Hechos 21:9)–, sea en todos los “servicios” –como el de Febe, “diaconisa de la iglesia en Cencrea” (Romanos 16:1)–, en los cuales la mu

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El propósito de Dios a su respecto

No temamos extendernos más sobre este asunto. No podremos tener una idea justa de todo lo que concierne a la Iglesia si no fijamos nuestra atención en lo que la Escritura revela acerca del propósito de Dios respecto a ella, en vista de Su propia gloria.

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El retorno de la cristiandad a su estado primitivo: Una quimera

¿Qué hacer? No se trata de reedificar la Iglesia tal como la vemos en los primeros capítulos del libro de los Hechos de los Apóstoles. Ello es imposible. En toda la Escritura se comprueba que Dios no restaura integralmente lo que el hombre ha arruinado. Da algo mejor para sustituir el estado de cosas que ha sido dejado de lado, después de haber soportado la infidelidad con suma paciencia.

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El valor universal de las decisiones de asamblea

Las decisiones de asamblea, tomadas bajo la mirada del Señor, son selladas con su autoridad, de suerte que lo que es hecho en una asamblea local tiene validez para la Iglesia o Asamblea entera, o sea para todas las asambleas locales.

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La admisión a la Mesa del Señor

La solicitud por la gloria del Señor debe presidir en la admisión de alguien a la Mesa del Señor. Se reconoce a una persona como hijo de Dios por lo que demuestran, no solamente sus palabras –“si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos” (Romanos 10:9)–, sino también por su conducta.

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La disciplina

La “disciplina” de la asamblea para con “los que están dentro”, como dice el apóstol, también es indispensable (1 Corintios 5:12). Consiste en aconsejar, advertir, reprender si es necesario, antes de llegar a la triste obligación de “juzgar”.

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La esfera de administración de la asamblea

La asamblea tiene el derecho de velar sobre las relaciones entre los individuos. Mateo 18 nos la indica como siendo la más alta instancia en la tierra a la cual pueda recurrir un hermano ofendido por otro. Ella no podría desinteresarse de la buena armonía entre miembros del Cuerpo de Cristo.

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La excelencia de sus prerrogativas

Cuando hablamos de funciones, y de los deberes que dimanan de ellas, deberíamos decir más bien «privilegios». Los santos del Antiguo Testamento no los conocieron, porque, para que fuese manifestado este tesoro, era menester que Cristo hubiese sido ya glorificado.

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La iglesia dirigiéndose a Dios

En el ejercicio de esas funciones colectivas, entre las preciosas prerrogativas de la Asamblea de Dios que hemos considerado precedentemente, la oración colectiva y la adoración colectiva representan las actividades por las cuales la asamblea se dirige a Dios, le habla a Dios.

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La libertad y la dependencia

Séanos aun permitido insistir sobre este punto. La ausencia de clero y de ministerio oficial no significa, de ninguna manera, una especie de democracia religiosa donde cada uno tiene todos los derechos. Nadie tiene derechos sobre sus hermanos, pero cada uno tiene deberes que el Señor le asigna.

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La oración

Es la oración en común o colectiva la que, en Mateo 18, se halla asociada a la promesa de la presencia de Jesús, y esto le da su valor. Por eso es inconcebible que una asamblea local no tenga reuniones de oración, lo mismo que un creyente no ore individualmente. Sería negarse a venir a la fuente.

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Las divisiones

Nada hay más sencillo, en verdad, que el principio del funcionamiento de una asamblea fundada sobre la unidad del Cuerpo de Cristo. Su aplicación, en cambio, ha llegado a ser de las más delicadas en la actual confusión eclesiástica.

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