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Pláticas sencillas
Jesús quiere que los suyos vean su gloria
En las tres unidades, de las cuales el Señor ha hablado, se trata de lo que el mundo puede ver. En el versículo 24 se trata de lo que los creyentes verán: Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.
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Pláticas sencillas
Jesús revela la gloria de su persona
Si la oposición de los judíos obliga al Señor a decirles lo que son, como acabamos de verlo, ella también le conduce a decir lo que él es en cuanto a la eternidad de su ser: “Antes que Abraham fuese, yo soy”, esto es: “Jehová”. Antes de llegar hasta este punto les presenta las consecuencias eternas de la fidelidad hacia su palabra, lo que los hace blasfemar.
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Pláticas sencillas
Jesús se entera de que Lázaro está enfermo
Cerca del monte de los Olivos, no lejos de Jerusalén, se hallaba el pueblo de Betania, donde vivían Marta, María y su hermano Lázaro. Al Señor le gustaba refugiarse en casa de esta familia; el afecto del cual gozaba allí refrescaba su corazón constantemente entristecido por la incredulidad y el odio de los judíos.
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Jesús se entrega
Jesús había terminado su servicio, tanto el cumplido en medio de los judíos como el efectuado entre sus discípulos. Se acercaba la hora temible para su alma pura y santa, pero para la cual precisamente había venido.
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Pláticas sencillas
Jesús sentado a la mesa en Betania
"Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él" (v. 1-2).
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Pláticas sencillas
Jesús y la mujer adúltera
Después de todas las disputas respecto a Jesús al final del capítulo precedente, cada uno vuelve a su casa. En este mundo cada uno tiene su domicilio; pero del Señor se nos dice, en el primer versículo de nuestro capítulo, que se fue al monte de los Olivos, a donde a menudo se había retirado con sus discípulos.
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Pláticas sencillas
Jesús y su madre
Después de haber visto desfilar en esta escena todos los rasgos del odio y de la injusticia de los hombres, la traición de Judas, el abandono de todos, el poder de la maldad de los judíos para obligar a Pilato a ceder ante su voluntad rencorosa, la indiferencia y la injusticia de Pilato mismo, uno encuentra alivio al hallar cerca de la cruz a algunas mujeres con corazones destrozados por el suf
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Pláticas sencillas
Judas es denunciado
“Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu, y declaró y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar” (v. 21). Lo que pesaba particularmente sobre el corazón del Señor era que iba a ser entregado por uno de sus discípulos, “uno de vosotros”, dice él.
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Junto al estanque de Betesda
“Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén” (v. 1). Los capítulos 5, 6 y 7 comienzan con estas palabras: “Después de esto”, o “después de estas cosas”, refiriéndose a cosas que son revelaciones importantes de los pensamientos de Dios traídos por el Señor.
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Pláticas sencillas
“La casa de mi padre”
“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí” (v. 1). El Señor, viendo a los discípulos turbados por el pensamiento de su partida, que iba a dejarlos en este mundo sin haber establecido su reino glorioso, quiso fortalecerlos en su fe dirigiendo sus corazones hacia él, hacia el lugar adonde él iba a ir.
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La condenación de Jesús por Pilato
Los judíos hacen valer un nuevo argumento para matar a Jesús, a saber, que él se ha hecho Hijo de Dios. “Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo. Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta” (v. 8-9).
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La cosecha
Los discípulos rogaban a Jesús que comiera. Si la mujer, como agua para beber solo conocía la del pozo de Jacob, los discípulos, en cuanto al alimento, solo conocían el que podían conseguir en Sicar. No comprendían con qué alimento su Maestro acababa de saciarse. Aún no lo conocían.
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La crucifixión
“Y él (Jesús), cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio” (v. 17-18). Esta parte de la dolorosa escena colocada ante nosotros, apropiada para hacer vibrar las fibras más profundas de nuestros corazones, es presentada por el Espíritu Santo de una manera digna del Hijo de Dios.
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La curación de un ciego
En este capítulo el Señor ya no presenta su Palabra como medio para obtener la vida. Tal Palabra fue rechazada. Efectúa la obra por la que el hombre, moralmente ciego, puede beneficiarse con la luz venida en Su persona, a fin de poder ver. Pero esta obra también fue rechazada.
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La curación del hijo de un noble
Volvemos a encontrarnos en Caná, donde Jesús había cambiado el agua en vino. El hijo de un noble estaba enfermo y su padre rogó a Jesús que descendiera para sanarle. Jesús respondió: “Si no viereis señales y prodigios, no creeréis” (v. 48).
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La fiesta de los tabernáculos
Jesús permanecía en Galilea porque en Judea los judíos procuraban matarlo. No era que ellos pudiesen poner sus manos sobre él antes de que él mismo se entregara, sino que, como su hora aún no había llegado, se sustraía, de forma natural, al deseo asesino de ellos; porque nunca había obrado milagro alguno en favor propio.
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Pláticas sencillas
La fuente de agua viva
Jesús respondió a la samaritana: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva” (v. 10). ¡Qué tesoros hay en la respuesta de Jesús a esta mujer! Es un resumen de la gracia perfecta y de la manera en que esta ha llegado al hombre.
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Pláticas sencillas
La hora actual
Acabamos de ver que la tercera cosa que obtiene la fe es pasar de la muerte a la vida. En el versículo 25 el Señor dice cuándo puede tener lugar este cambio: De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.
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La hora de la muerte
Lo que acababa de suceder colocaba ante Jesús la terrible muerte que iba a padecer. Exclama: Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre (v. 27-28).
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La hora venidera
Después de la hora actual de la gracia, en la cual los que oyen la voz del Hijo de Dios están vivos, viene otra hora: la de la resurrección de todos los que están en los sepulcros.
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La multiplicación de los panes
Lo que el capítulo precedente narra sucedió en Judea. Este capítulo nos traslada a Galilea, donde el Señor recorrió las orillas del lago de Genezaret, llamado aquí el mar de Galilea o de Tiberias.
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La oración
En estos versículos el Señor se dirige nuevamente a los discípulos: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos”.
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La Palabra escrita
Los judíos se jactaban de Moisés; esperaban en él, les dice Jesús; pero en el día del juicio será Moisés quien los acusará: “Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él” (v. 46).
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La primera reunión en torno al Señor
La tarde del primer día de la semana los discípulos estaban reunidos. Como lo hemos visto, este primer día es el primero de un nuevo orden de cosas. El Señor pasó el último sábado en el sepulcro, lo que pone fin por completo a la economía en la cual Dios se ocupaba del hombre en Adán.
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