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Cristo en nosotros

Durante los tiempos del Antiguo Testamento, esto era un “misterio”; pero ahora ha sido manifestado a los creyentes. Dios quiere dar a conocer cuáles son las riquezas de esa revelación, resumidas en estas palabras: “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:26-27).

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Ejemplos bíblicos

Los partidarios de las sanidades actuales seguramente habrían exhortado al apóstol Pablo a rechazar su aguijón en la carne. Él mismo, antes de conocer el pensamiento del Señor, le había pedido que retirara su prueba, pensando que esta entorpecería la obra que le había sido confiada. Pero, para él, como para nosotros, la respuesta del Señor fue perfecta:

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Ejemplos en la vida de Pablo

¿Por qué escoger a este siervo para ilustrar la enseñanza de la Palabra con respecto a la disciplina divina en el curso de su ministerio? Porque hasta el más grande de los apóstoles lo necesitaba. Volvamos a leer atentamente 2 Corintios 12:5-10 donde Pablo mismo lo expresa.

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El abandono y la soledad al final de la carrera

Ya en Colosenses 4, el apóstol sentía que se acercaba este aislamiento. Habla de algunos compañeros de obra entre los judíos, “los únicos… que… han sido para mí un consuelo”. Al final de su carrera este abandono se volvería muy trágico; es relatado en la segunda epístola a Timoteo.

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El aguijón

Dios permitió a su siervo un aguijón en la carne, y lo mantuvo, a pesar de las súplicas del apóstol. Dios no estimó oportuno darnos a conocer exactamente en qué consistía. Diversos pasajes mencionan una debilidad que trababa su ministerio, y sus adversarios aprovechaban para despreciarlo. Por ejemplo, en 2 Corintios 10:10, decían: “mas la presencia corporal débil, y la palabra menospreciable”.

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El deseo de la carne

Bajo este título se describen específicamente los deseos desordenados o desviaciones de la naturaleza humana, no la “carne” en general, la mala naturaleza tal como se la halla en los escritos de Pablo.

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El deseo de los ojos

Después de haber dicho de un modo general: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo”, el apóstol Juan prosigue: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Juan 2:15-16).

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El enebro

Después de la tensión del Carmelo, Elías tendría que haberse apresurado a retirarse. El cansancio, tanto físico como psíquico, requería un descanso.

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El fruto de la disciplina

Señalaremos seis, entre muchos: 1. “No desmayamos” (2 Corintios 4:16). Formado en la escuela de Dios, el apóstol perseveraba. Renovado día tras día en su hombre interior, ¡permanecía a disposición de su Señor y de las asambleas! (Filipenses 1:23-25). “Cansados, mas todavía persiguiendo” (Jueces 8:4).

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El gobierno del Padre

El gobierno del Padre incluye todos los hechos y los designios de amor y disciplina del Padre para con sus hijos: “Porque el Señor al que ama disciplina... Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?

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El oportuno socorro

El socorro divino está constantemente a nuestra disposición. No es intermitente ni parcial.

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El orgullo de la vida

El deseo de los ojos nos conduce a atraer a nosotros el objeto codiciado. El deseo de la carne nos impulsa a satisfacer los deseos inmorales de nuestra mala naturaleza. El orgullo, en cambio, nos conduce a elevarnos por encima de los demás.  

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El orgullo de lo que uno es

Es “la condenación del diablo” (1 Timoteo 3:6) tal como nos la describe Isaías 14:13-14. “Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono… seré semejante al Altísimo”.

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El orgullo de lo que uno ha hecho

Cuán fácilmente puede uno envanecerse de lo que ha hecho. El rey Uzías había manifestado notables cualidades. Todo lo había previsto para el desarrollo económico y la protección de su pueblo. “Su fama se extendió lejos, porque fue ayudado maravillosamente, hasta hacerse poderoso. Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina” (2 Crónicas 26:15-16).

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El orgullo de lo que uno posee

El orgullo se desliza también en lo que uno posee. Tal fue el caso del rico en Lucas 12, quien llenó sus graneros y aseguró a su alma que tenía muchos bienes para muchos años (v. 13-21).

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El orgullo quiere tener el primer lugar

El orgullo quiere también colocarse por encima de los demás. El apóstol advierte que no tenga uno “más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Romanos 12:3).

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El padre

El llamamiento de Dios no se dirigía a Taré. Sin duda era duro dejar solo a su anciano padre en Ur. Pero la fe habría podido contar con Dios para ocuparse de él, posiblemente por medio de Nacor su segundo hijo; así lo ha hecho Dios desde entonces con tantos otros que ha llamado lejos a su servicio.

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El Padre

Es esencialmente en el evangelio de Juan donde el Señor Jesús revela al Padre: El unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer (Juan 1:18).

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El socorro fraternal

Para guardarnos o levantarnos, Dios puede servirse del socorro fraternal. Gálatas 6:1 lo ilustra: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”.

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El sufrimiento

Entre los medios utilizados para ocupar a los cristianos de sí mismos, el del sufrimiento es de los más explotados. Como el sufrimiento es penoso para nuestra naturaleza humana, creada al principio para vivir en esta tierra y para gozar, se entiende que los hombres presten fácilmente atención a todo lo que se les proponga para verse librados de las pruebas.

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El tribunal de Cristo

El Señor Jesús había dicho muy claramente: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24). Y Romanos 8:1 afirma: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”.

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Elí, el sacerdote

¡Historia poco atrayente, sin embargo tan indispensable en un tiempo en que los padres ya no se atreven a reprender ni a corregir a sus hijos!

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Elías

La historia pública de Elías comienza abruptamente en 1 Reyes 17, mediante el anuncio de la sequía: “Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra”. Elías había precisado al rey Acab que él estaba en la presencia de Dios. Santiago 5:17 nos muestra el secreto de esta vida interior: “Oró fervientemente”.

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Elías

Todo el ministerio del profeta Elías está marcado por las palabras: Vive Jehová de los ejércitos, en cuya presencia estoy,

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